Aranza salió una semana de viaje, la publicación de un nuevo libro la obligaba a realizar las presentaciones del mismo. Mientras Zack se quedaba en Ciudad Omicron atendiendo la empresa, recibió una vista imprevista de Paulo Marcel, el hermano mayor de Lucrecia.
-Buen día Zack, ¿cómo estás? –Preguntó cortésmente Paulo, mienras extendía la mano para saludarlo.
Zack se levantó de su asiento y le estrechó la mano por educación – Desconcertado –Respondió honestamente y sin preámbulos. Paulo solo sonrió, sabía de lo que hablaba Zack, y se sentó frente a él.
-Vengo a hacerte una propuesta de negocios –Le dijo atrevidamente Paulo.
Zack se reclinó completamente en su sillón ejecutivo, su expresión cambió a una totalmente neutra; era el momento de jugar algo que él dominaba a la perfección: negocios. Y jamás le permitiría a Paulo ver el coraje que iba acrecentándose desde su interior –Adelante, te escuchó –
-Estoy enterado que deseas ampliar el proyecto de LeTian Park, y casualmente el terreno que está a un lado nos pertenece a Marcel y Asociados, así que estamos dispuestos a cooperar para que adquieras de manera cómoda el terreno –Paulo se mantuvo todo el tiempo cordial.
-Agradezco el ofrecimiento, pero la ampliación no tiene que ver con las dimensiones de la construcción. Lo que si me encantaría es que me aclararas, ¿por qué deseas hacer negocios conmigo de nuevo? Según los rumores no soy ni la mitad de lo que mi reputación dice –Zack interrogó con pleno conocimiento que era la Familia Marcel quien había esparcido los rumores.
Paulo sonrió, desde su posición lo tenía donde quería –¡Vamos Zack! ¿No creerás que yo tomaré en serio esa clase de chismes? Especialmente que con anterioridad hemos hecho negocios –
Zack se levantó de su sillón, caminó hacia el ventanal para tener frente a él la vista maravillosa de Ciudad Omicron –Paulo, dejemos el juego, sé que fuiste tú o alguien de tus hermanos quien está diciendo eso, y también sé lo que quieres a cambio del terreno –Se giró para ver a los ojos a Paulo -Lucrecia es una mujer llena de cualidades, es hermosa, y merece casarse con alguien que la ame, desafortunadamente no soy ese hombre –
Paulo cambió instantáneamente su expresión, su cordialidad y ánimo se tornaron a enfado y frialdad –Zack, creo que no estás entendiendo la situación, te vas a casar con Lucrecia, no solo porque ella te ama, sino porque te aprovechaste de su ingenuidad y pureza, fuiste el primero en su vida y ahora no puedes simplemente hacerte el desentendido –
-Lamento decepcionarte Paulo, pero Lucrecia no llegó virgen conmigo –No había pizca de burla en las palabras de Zack, pero aun así la sangre de Paulo hirvió, el enojo invadió su cuerpo a la velocidad de la luz, y de un saltó se abalanzó sobre Zack, lanzándole un puñetazo que alcanzó a esquivar, dando inicio a la pelea.
Una lucha se desarrolló dentro de la oficina, donde los dos fueron efectivos en distintos momentos.
En el escritorio, Sofía escuchaba ruidos de cosas cayendo y golpes, cuando abrió la puerta, encontró a los dos hombres peleando a puño limpio. La mujer corrió de nuevo a su escritorio y llamó a seguridad, quienes aparecieron unos minutos después para separarlos, aunque sus vestimentas ya estaban totalmente desalineadas y tenían sangre en sus rostros.
-¡Maldito hijo de perra! ¡Eres un cobarde! ¡Detrás de tú gente! –Paulo forcejeaba con los dos hombres que lo sostenían con fuerza.
-¡Suéltenme!! -Zack también forcejeaba con su personal de seguridad -¡No necesito de nadie para romperte la cara!! –Le gritó con frustración y enojo.
-¡Saquen al Señor Marcel!!! –Sofía dio órdenes a los de seguridad, mientras Zack y Paulo seguían gritándose.
Sofía le pidió a la enfermera que atendiera a Paulo, pero él estaba furioso,había subido al elevador maldiciendo, y lo vieron hasta que desapareció por las puertas del mismo. Entraron posteriormente a la oficina donde estaba Zack, quien estaba más tranquilo sentado en su silla ejecutiva. Sofía despidió a los de seguridad y le pidió a la enfermera que atendiera a Zack. Hubo un silencio sepulcral, hasta que la enfermera terminó y salió de la oficina.
-Mañana llega Aranza, ¿qué le vas a decir cuando te vea? –Sofía le cuestionó con inquietud.
-No lo sé –Suspiró profundamente para después golpear con fuerza el escritorio –¡Maldición!
Sabía que la familia Marcel le complicaría la existencia en el futuro próximo, y todo por Lucrecia, ¿no podía aceptar que simplemente no sentía nada por ella? Independientemente de la aparición de Aranza en su vida, mientras estuvo con Lucrecia, no la había considerado como algo serio. Tenía que encontrar la solución, ya que muchas cosas dependían de eso; pero lo más importante es que no renunciaría a su relación con Aranza.
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Zack estaba esperando a Aranza en el aeropuerto, con el labio roto y un ojo morado que era lo más visible; y lo que obviamente le preocupaba, era que iba a tener que decirle el motivo de la pelea. Era todo un enigma, no tenía la menor idea de cómo reaccionaría ella. A lo lejos la vislumbró, su sensual y coqueto caminar la distinguían de la multitud. Aranza se le lanzó a los brazos y Zack la abrazó con fuerza, mientras ella le besó la mejilla –Espero que el otro haya quedado peor – Le susurró al oído.
Zack se rio, la alejó un poco de su rostro para contemplar sus ojos grises profundos, llenos de luz y alegría –Te extrañé –Colocó una mano en su mejilla y la beso cálidamente en los labios.
Zack llevaba la maleta en una mano y con la otra a Aranza, que hablaba animadamente acerca del viaje que acababa de tener. Llegaron al Bently que esperaba por ellos, Ernesto, el conductor se bajó para guardar la maleta, mientras Aranza y Zack se sentaban en la parte trasera del vehículo.
-¿Con quién te peleaste? –Al fin Aranza le cuestionó. Zack sabía que toda aquella plática previa era para que él se relajara, pero aun cuando lo había logrado, no sabía cómo le iba a decir lo acontecido.
-¿Te parece si te invito a cenar y ahí te cuento lo que sucedió? –Quería prolongar lo más posible el trago amargo que estaba a punto de dar.
Aranza sonrió, se preguntaba por qué el haber tenido una pelea lo ponía nervioso, después de todo ya no era un adolescente –Está bien –
-Vamos a Tempo Restaurante –Zack le indicó a Ernesto, y ellos continuaron conversando.
La avenida por la que circulaba el vehículo se vio afectada por el tráfico, llevaban 10 minutos detenidos completamente.
-¿Ese no es el restaurante al que vamos? –Preguntó Aranza, señalando el edificio justo enfrente de donde estaba el vehículo parado.
-Así es señorita, pero tengo que retornar –Respondió Ernesto.
-¿Lo podemos abandonar aquí? –Le preguntó Aranza a Ernesto de nuevo, quien solo se rio ante el comentario –Solo crucemos la calle –Se dirigió a Zack, quien asintió con una sonrisa.
Ambos bajaron del Bently, tomados de la mano pasaron el camellón y luego cruzaron la avenida con dirección hacia el restaurante, no había carros mientras caminaban por la calle. De improvisto, Zack vislumbró un Camaro rojo a unos cuantos metros de ellos, solo le dio el tiempo suficiente para abrazar a Aranza y cubrirla con su cuerpo, recibiendo así el impacto él; sin embargo, de alguna manera la cabeza de Aranza se golpeó contra el parabrisas, quedó inconsciente al instante y la sangre le cubrió el rostro en cuestión de segundos. Ambos estaban sobre el capó del Camaro.
-¡¿Aranza?! ¡¿Aranza?! -Zack invadido por la adrenalina no se percató de sus propias lesiones, tenía a Aranza en sus brazos, flácida, y la llamó tocando gentilmente su rostro, pero ella no respondía. Él giró su rostro en todas direcciones, con desesperación, intentando salir del aturdimiento y enfocar a las personas alrededor. Vio a Ernesto corriendo en su dirección hablando por el celular, después a Lucrecia, parada justo a un lado de la puerta abierta del conductor y cubriendo su boca con ambas manos por la impresión.
-¿Qué has hecho? –Dijo Zack incrédulo y desesperanzado a Lucrecia, casi como un susurro.
Lucrecia asustada respiraba agitadamente, pero cuando vio que Zack le habló soltó una exhalación profunda –Tú estás bien, temí que te hubiera pasado algo malo –Zack se quedó sin palabras, no quiso aceptar lo obsesionada que estaba Lucrecia con él, que había sido capaz de lastimar a Aranza.
Ernesto llegó a su lado -¡No se mueva! -Zack frunció un poco el ceño, desconcertado porque la voz de su conductor comenzaba a perderse -¡Trate de no mover a la señorita, la ambulancia está por llegar! -Y así fue, el sonido de la sirena se escuchaba al fondo; pero Zack se quedaba sin fuerzas, la adrenalina lo abandonaba y cuando vio a los paramédicos corriendo en su dirección, su consciencia lo fue abandonando de a poco.