Zayn me cuida muchísimo los siguientes días. Me despierta para alimentarme, se sienta a conversar conmigo, trabaja un poco. Empezamos a desarrollar una rutina. Yo leo en su oficina mientras él se encarga de trabajar. Veo una foto de él con su madre, los dos sonrientes, él más pequeño. Yo sonrío y él sigue mi mirada, se ríe un poco y me pide no distraerlo. —No estoy haciendo absolutamente nada. —¿Quieres hacer algo juntos hoy? —Creo que voy a preparar la cena. —No hace falta, tenemos personal. —No tengo nada mejor que hacer —respondo y me pongo en pie. Trato de salir de la oficina, él me sigue de inmediato y me avisa que voy en la dirección incorrecta. Cuando llegamos a la cocina, les pide a las cocineras que me ayuden en todo lo que necesite. En español me aclara que no debo sonsacar

