Uriel Con un suspiro, me limpié la cara con una servilleta. Sabía que intentaba sacarme de quicio, pero no iba a darle esa satisfacción. Eso fue lo que me dije a mí mismo. Debería haber mantenido la compostura, pero algo me había invadido y la había provocado solo para ver cómo reaccionaba. Esperaba otra respuesta inteligente, no que me tirara agua en la cara. Era una pequeña fiera infernal y la tentación más irresistible que jamás había visto. Incluso en su ira, quizás especialmente en ella, estaba radiante. Desde la firmeza de su mirada hasta la determinación de sus labios y la forma en que apretaba los puños a los costados, era irritantemente sexy. Desde la primera vez que la vi, mi pene había estado dolorosamente duro. Peor aún, sabía que ella era inocente. Mierda. Solo era un ho

