Amanda Me quedé en mi habitación el resto de la noche. Esta vez, ignoré la excitación ardiente entre mis muslos y me fui a la cama con ansias, dando vueltas en la cama durante gran parte de la noche. Me negué a dejar que mi cobarde coño dictara mis acciones, pero por mucho que intentara dormir, estaba inquieta. Al final, el calor reinante en mi cuerpo me irritó tanto que me quedé allí tumbada, molesta, mirando al techo. Mi estómago rugió y fue entonces cuando me di cuenta de que no había terminado mi cena. Ugggghhh… ¿Qué maldita hora es? Miré el reloj y gemí. Eran las tres de la mañana. Con un suspiro de irritación, me puse unas mallas y abrí la puerta. Las luces del pasillo seguían encendidas. Casi di un paso, pero mi pie rozó algo en el suelo. Miré hacia abajo y allí, justo delante d

