"Lo que menos te esperas siempre sucede, y nunca sabes cuando llegara"
La mirada serena, el cabello azabache y sedoso, sus lindos ojos y sus carnosos labios rosados rondaban constantemente mi mente. El recuerdo de un amor lejano, aquel que fue vilmente frustrado, sin ningún atisbo de esperanza, que se me negó sin antes haber empezado a conocernos. ¿Dónde estará ahora mi primer amor?
— Señorita Ángela, estamos a punto de llegar al set de sesión de fotos.
Me informó Ximena, mi asistente personal y amiga. Desde que llegué a la compañía, ella me apoyó con todo lo que he necesitado.
Es linda, tiene un hermoso cabello castaño, unos ojos café oscuro, un bello rostro. Ella podría ser una bella modelo, sin embargo, no es lo que busca. Ella sólo quiere ser feliz sin tener que lidiar con la fama. En parte tiene razón, no es nada fácil llevar una vida con mucha atención del público. Desde el día que te das a conocer, estás consciente de que ya nada será como antes. La privacidad es casi nula.
— Gracias, Ximena. Por favor, haz una orden al restaurant le dimanche d'or, para todo el personal de esta sesión.
Dije con una sonrisa.
— De nada, querida. Con gusto lo haré.
Al llegar, me dirigieron a una sala donde habían diferentes vestidos. Un distinguido y elegante hombre me sonreía. Se trataba del mejor diseñador de ropa.
— Señor Paulilli, mucho gusto. Tenía muchas ganas de conocerlo.
Y vaya que sí, siempre ha sido un sueño poder modelar una de sus maravillosas creaciones. Lo admiraba desde que iba en la primaria y ahora mi sueño estaba a punto de realizarse. Desde el día que me contactó me emocioné demasiado que viaje de prisa hasta acá.
— Oh, ¡vaya coincidencia, señorita Ángela! Yo también estaba entusiasmado de conocerla y vaya que es más hermosa en persona.
Me halago mirándome con una gran sonrisa, desde lejos podía sentir su magnífica aura que irradia.
«No puedo creer que le haya caído bien. Él ha dicho que también me quería conocer. Esto es muy asombroso. ¡Quiero llorar de alegría! Dios me has mirado a los ojos, deje de ser tu mejor guerrera» pensé mientras contenía mis lágrimas y gritos de loca.
—Oh, gracias. Estoy tan agradecida por haberme considerado en su campaña para modelar sus bellísimos vestidos.
Lo elogie alegremente, tratando de que mi nerviosismo no se notará mucho.
— Al contrario, el gusto es mío, ya que usted haya aceptado.
«¡Ay! ¡Mamma mía! Que alguien me sujete que me voy a desmayar. Es increíble que yo esté aquí con mi diseñador favorito.
Bueno, ya. Tranquilízate Melissa, sino él pensara que estás loca»
— Puedo ver que son muchos.
Contesté sorprendida mirando a mi alrededor.
— Bueno, te dejaré para que puedas comenzar a cambiarte, estaré en el set.
Se despidió el distinguido hombre con entusiasmo.
— Oh, claro. Gracias.
Atiné a decir a duras penas y emocionada.
Después de que se fue, me dispuse a colocarme un vestido, vaya que cada uno es una obra de arte. Después de tenerlo puesto, llegaron las maquillistas y estilistas, se encargaron de arreglarme. Ya lista, me dirigieron al set.
Al llegar, el señor Paulilli se levantó alegre y se dirigió a mí.
— Si yo tenia razón, en verdad fuiste la mejor decisión que pude haber hecho. ¡La pasarela sera un rotundo éxito!
Exclamó feliz mientras me abrazaba.
«No, no, no. Creo que ahora si me les voy.
Compostura, por favor, Ángela»
— Gracias señor, Paulilli.
Respondí alegremente. No sé ni cómo aún sigo de pie.
— Bueno, ahora vamos a comenzar.
Indicó soltandome y dirigiéndose a su asiento.
Comenzamos con la sesión, posaba, cambiaba de vestido. Flash por ahí y otro flash por allá, así hasta que ya estaba con el último vestido.
— Bueno, ya casi acabamos.
Me indicó el fotógrafo.
«Qué alivio, ya estoy exhausta. Ojalá que ya no tenga más trabajo por hacer. Quiero darme una ducha con agua caliente y dormir una buena siesta.»
—Oh, gracias.
Respondí aliviada.
El fotógrafo indico otras poses, las capturó y los flashes destellaron sobre mí. Con una sonrisa bajo la cámara y comenzó a guardar sus herramientas de trabajo. Finalmente había terminado la sesión.
— Ya acabamos, señorita.
Anunció el fotógrafo.
— Oh, gracias. Muchas gracias, chicos, por su trabajo. Agradecí alegre y le indiqué a Ximena, para que entrarán los repartidores con unos aperitivos que previamente había mandado a ordenar en uno de los más prestigiosos restaurantes.
—Gracias a usted, señorita.
Respondieron con gratitud todos los asistentes y personal de la sesión.
...
Con cansancio y alegría estaba a punto de entrar a la sala y vestirme, cuando de pronto, escuché que estaban discutiendo en la entrada. Me acerqué más y pude ver con claridad ese rostro, nunca lo olvidaría, seguía siendo el mismo.
Me acerqué aún más, llegué hasta la recepción.
— ¿Qué está sucediendo aquí?
Pregunté seria a la joven recepcionista.
— Oh, señorita Ángela. No se preocupe, son solo estos hombres insistiendo en que la quieren ver, yo les advertí de que no pueden, que está prohibido el paso.
Se apresuró a decir la joven recepcionista con una pequeña sonrisa que ocultaba molestia.
— Bueno, está bien. Déjalos pasar.
Le indiqué con tranquilidad, ganandome su asombro y desconcierto, así como el de aquel par que no paraban de verme.
La señorita se aproximó a mí con preocupación, ya esperaba con antelación esa reacción por su parte, trabajar para Paulilli hacía que cualquiera estuviera ansioso y preocupado por no cometer algún error.
— Pero, ellos no tienen pase señorita. Además el señor Paulilli me ha advertido que no deje pasar a nadie ajeno, ni mucho menos si son periodistas.
— Está bien. Déjalos pasar, yo me haré cargo. No te preocupes.
Le aseguré tomándola de las manos y sonriendole.
— Muy bien, pueden pasar.
Les dijo con una expresión mas tranquila. Ellos me miraron agradecidos.
— Oh gracias, señorita — agradeció él.
Con solo escuchar su dulce y grave voz, hizo que mi corazón diera un vuelco. Recordandome que aun causaba efectos sobre mí. Como pude me tranquilice.
— De nada. Bueno, dejen que me cambié y los atiendo.
Contesté amablemente y lo más calmada posible.
— Sí, señorita. No se preocupe, la esperaremos.
Dijo el otro hombre con una gran sonrisa.
Me dirigí al vestíbulo, me quite el vestido y me puse mi ropa. Salí y los dirigí a una sala solitaria, la cual era usada como lugar de reuniones privadas. Su diseño antisonoro bloqueo el ruido del ajetreo de afuera. Tome asiento y con una seña con mi mano les indique que se sentaran sobre los sillones de cuero.
— Bien, chicos. Ya que me buscaron con insistencia, aquí estoy. Solo tienen 20 minutos, usenlos sabiamente.
Les advertí tratando de parecer seria.
— Eh, como verá, señorita. Nosotros somos de una empresa llamada Trenden, en la cual, nos hemos interesado en usted.
— Oh vaya, me parece interesante.
Dije tratando de verme sorprendida.
Siempre era lo mismo con este tipo de empresas. Se la pasaban detrás de mí, queriendo saber acerca de mi vida personal. Aquella que por supuesto no quería revelar.
— Sí, así que, ¿nos podría permitir que le hagamos unas cuantas preguntas?
Dijo él con una pequeña sonrisa.
Entonces, él había estado todo estos años estudiando para periodista. Vaya sorpresa que me ha dado. Nunca imagine que él deseaba ser tanto esto, al parecer no fui lo suficientemente cercana para saberlo.
— Bueno, adelante, pueden hacerlas.
Voy a revelarle un poco de información. Vamos a ver hasta donde puede llegar.
— ¿A qué edad comenzó con su carrera de modelaje?
Comenzó a cuestionar el otro hombre.
— A la edad de 19 años.
— ¿Por qué decidió ser modelo y después actriz?
Ahora preguntó él, mientras que el otro se dedicaba a escribir mi respuesta.
Hice un pequeño silencio, logrando una atmósfera de tensión, crucé mis piernas y los miré con una pequeña sonrisa.
— Bueno, en mi infancia, siempre había soñado con pasarelas, cámaras, reflectores, vestidos brillantes y cosas por el estilo. Tenía tanto entusiasmo por eso, así que cuando llegué a la preparatoria conocí a unas buenas chicas, las cuales son mis mejores amigas, aunque cabe resaltar que en la secundaria hice el mejor de mis amigos, bueno el caso es que ellos me animaron y por fin me decidí ser modelo.
— Oh vaya, qué suerte. Gracias a ellos, podemos gozar de su hermosa compañía y actuación.
Me elogió el chico de cabello castaño mientras seguía escribiendo.
Aunque dije muchas cosas, él había logrado transcribirlas con exactitud. Lo cual me pareció fenomenal.
— ¿En verdad su nombre es Ángela?
Preguntó él dirigiendome una mirada curiosa.
«Esos ojos negros al fin vuelven a reflejarme, después de tantos años vuelvo a verme en ellos»
— Oh, claro que sí. Es mi segundo nombre.
Afirmé un poco nerviosa.
— Oh ya veo, entonces, ¿cuál es su primer nombre?
Cuestionó el otro hombre sorprendido.
— Bueno, eso no se lo puedo responder.
Contesté seria.
— Y, eso, ¿por qué?
— Porque aún quiero que siga siendo un misterio.
Mencioné lo más calmada posible, o eso quería creer.
Hubo un pequeño silencio en el cual me contemplaron, hasta que sonrieron.
— Oh vaya, sí que es muy misteriosa, usted sí que sabe hacer suspenso.
Comentó rompiendo la tensa atmósfera.
— Sí, bueno chicos. Su tiempo se ha agotado, ya es hora de que me vaya.
— ¿Ya pasaron los 20 minutos?
Cuestionaron con sorpresa.
— Efectivamente, me dió gusto hablar con ustedes, si quieren pueden quedarse a la gala.
Los invité amablemente.
— Oh, ¿en serio?
—Sí, pueden hacerlo. Solo cuando vayan a entrar al salón díganle al encargado que vienen de mi parte.
Afirmé un poco nerviosa.
Necesito irme antes de que lo noten. Pensé que cuando lo volviera a ver no me sentiría de esta manera. Mi traicionero corazón me está jugando muy mal.
— Gracias, señorita.
Agradeció él, con una encantadora sonrisa.
—Bueno, me dió gusto. Amm... Por cierto no me dijeron sus nombres.
Dije levantándome del asiento.
— Oh, cierto. ¡Qué descortés somos!
Se disculpó apenado.
— Mi nombre es Luis González.
Dijo el hombre de cabello castaño.
—Mucho gusto.
— Mi nombre es Samuel Rodríguez.
Prosiguio aquel pelinegro que me volvía loca de joven, a quien no consigo olvidar del todo.
No era necesario que me lo dijera, pero, como no me reconoce. Debo seguirle el juego.
— Gusto en conocerlos, bueno ahora sí, me voy.
Me despedí con una sonrisa y me dirigí a la salida, ahora sólo tenía 1 hora para descansar antes de la gala.