-Es un gran riesgo –Exclamó Acteón con preocupación pasándose la mano por la cabeza –Hay que pensarlo bien.
-No hay mucho que pensar –Replicó Minerva decidida –¡Solo ajustarse al plan y ya! –Poniendo un dedo en el mapa que estaba sobre la mesa, justo donde estaba un círculo rojo.
-Sí, ajustémonos al plan estoy seguro de que todo irá bien, no es la primera vez que como Resistencia enviamos a alguien a hacer trabajo de reconocimiento e inteligencia –Dijo Ezior confiado en su muy elaborado plan para introducir a la chica a la fortaleza de Omnia.
-Sigo pensando que es muy peligroso para ella, es muy joven, algo podría salir mal… no está familiarizada con… nada… -Sin quitar la vista del punto color sangre que manchaba la sección del mapa por donde, según el plan, Minerva debía ingresar en la ciudad –Hay mucha vigilancia en ese punto, cámaras, lectores de retina, detectores de movimiento… de todo, podrían caerle encima en menos de un minuto –Al líder de la División aún no le convencía lo que estaba viendo sobre la mesa –Sinceramente Minerva no sé por qué quieres hacer esto, hay otros agentes que podría ir, no necesitas arriesgarte así.
La chica trató de controlar su indignación, no sabía si era por ser mujer que Acteón la creía incompetente para el trabajo, o por tener solo 16 años, pero esto pronto salió de la ecuación porque había otros chicos, varones claro, como espías de la Resistencia incluso más jóvenes que ella. Respiró profundo e intentó apartar los pensamientos negativos de su cabeza para poner en orden las palabras antes de dejarlas salir de su boca. Se consideraba una joven madura, el tipo de vida que le había tocado vivir la había hecho crecer antes de tiempo y amaba la idea de poder ser útil en la lucha contra el Sistema, no iba a dejar que los prejuicios y los temores infundados de un grupo de machos le impidiera aportar para la causa, tenía muy fuertes razones para querer ser parte de esta operación desde hacía mucho tiempo ya.
-¿Cuál es tu problema Acteón?, ¿Crees que no está preparada? –Preguntó con cuidado Adara retirando un mechón oscuro que caía sobre su rostro –Yo la he preparado bien, es poco lo que falta por hacer para que esté completamente lista –Aseguró la mujer sin inmutarse –Ha entrenado desde muy chica, conoce nuestras tácticas de ataque y al menos tres estilos de lucha diferentes… Ezior ha puesto mucho empeño en ello.
-No es que no la crea capaz Adara, es que me parece muy peligroso para ella. Muchos de nosotros somos exiliados del Sistema, ya estuvimos ahí sabemos cómo funciona y cómo movernos dentro sin levantar sospechas, pero Minerva no; le se hará muy difícil pasar desapercibida –Dijo como si fuera totalmente obvio –Solo mírala.
-¡Pasaré desapercibida! –Lanzó Minerva olvidando su ínfimo rango y hacia quien se estaba dirigiendo –¡Seré absolutamente invisible!
-Eso será imposible -Soltó Ezior por lo bajo observando las curvas del hermoso y bien tonificado cuerpo de la muchacha, hacía uno meses que no podía sacarla de su mente y las últimas semanas de entrenamiento habían echado más leña a lo que comenzaba a sentir por ella. Repasó los delicados ángulos de su rostro y deseó hundir sus dedos en la cascada dorada de su cabello.
-¿Dijiste algo Ezior? –Preguntó Adara mirándolo con desaprobación.
-No, no he dicho nada –Se apresuró a responder antes de ponerse en evidencia y con un ligero carraspeo al final de frase.
-Creo que es mejor que se retiren chicos -Dijo Adara con calma poniendo una mano sobre el hombro de Ezior –Ve con ella y que descanse, debe estar lo más concentrada y tranquila posible hablaré con Acteón, eso será lo mejor por ahora.
Ezior se acercó a Minerva y la tomó por el codo suavemente.
-Vamos –Dijo mirándola a los ojos, le encantaban esos ojos – Dejemos que deliberen, Adara lo convencerá, ya verás, no hay nadie mejor para ese trabajo que tú, lo sé, he visto lo que haces eres la más rápida para controlar tus estados de ánimo y tus emociones, no podrá decirte que no.
Minerva tenía los nervios a flor de piel, se estaba decidiendo si era apropiada o no para la operación, si estaba bien entrenada, si sería capaz y si no metería la pata. No podía ciertamente meter la pata, era demasiado importante lo que estaba en juego, mucha gente dependía de ello, muchas vidas, muchos planes, muchos sueños. La presión del Sistema contra los marginados era ya insoportable y pronto se pondría peor, todo lo que sabían sobre las masacres, el g*******o del que el planeta entero había sido víctima durante generaciones serían un mal sueño comparado con lo que se avecinaba, y se estaba decidiendo si enviarla a ella o… no…
Caminaron por los largos pasillos de concreto hasta llegar a la sala común, un espacio amplio y bien iluminado con un aire austero e industrial y pocos muebles viejos aquí y allá, no había mucho con que decorar salvo una que otra planta rescatada de las inmediaciones y cuidada con excesivo recelo.
El edificio había servido de fábrica alguna vez, en un tiempo remoto, y ahora fungía de base para una de las divisiones de la Resistencia, se había restaurado a medias con los pocos recursos encontrados y albergaba a una pequeña comunidad de marginados execrados de la sociedad liderada por el Sistema, una de muchas que sobrevivían en las afueras de las ciudades pertenecientes al Nuevo Orden Mundial, entre las ruinas del resto de la nación, cualquiera que esa haya sido en el pasado.
En la planta más alta de la edificación se llevaban a cabo las reuniones de los líderes, en la siguiente estaban los espacios médicos y más abajo se ubicaban pequeños apartamentos-dormitorios para la población, una cocina y comedor común y áreas para los servicios, en el sótano se guardaban los insumos tecnológicos. Militares y armamento; también estaban los espacios para el entrenamiento del personal encargado de la protección y de las misiones hacia Omnia.
-¿Tienes hambre? –Preguntó Ezior – Porque yo sí, todo este estrés me ha dado mucha hambre, ya regreso traeré algo de comer para los dos –Y se retiró bajando las escaleras. La chica lo siguió con la mirada, era alto y fuerte, quizá por el duro entrenamiento, un mechón blanco caía sobre su atractivo rostro cubriendo uno de sus ojos amelados, levantó su cabello hacia un lado y sonrió, ella reconocía su buen talante, animoso y sobre todo su paciencia. Mantuvo la postura hasta que él despareció. Era muy atractivo a pesar de lo extraño, debido a las mezclas genéticas que en el pasado se practicaron muchos individuos de la población actual mostraban en su fenotipo evidencias de los innumerables cruces, Ezior por ejemplo, tenía el cabello totalmente blanco, la piel algo cobriza y los ojos de un tono ámbar poco natural que mantenía interesadas en él a las chicas de la División.
Era demasiado, los nervios estaban matándola, Minerva debió sentarse y respirar muy profundo una enorme bocanada de aire, cerrar los ojos e intentar aplicar una técnica de relajación recién aprendida durante los últimos adiestramientos: inhala, exhala, inhala, exhala, inhala, exhala… invoca el mejor recuerdo que tengas -Le pareció escuchar a Ezior decir-¿Cómo te sientes con ese recuerdo?, ahora trata de sentirte igual en este momento, de traer ese sentimiento de paz o de alegría hasta el presente… recordó cada paso de la última sesión y lo aplicó poco a poco.
Bueno, estaba funcionando después de todo, notó como su cuerpo respondió a la técnica, sus latidos se hicieron más calmados al igual que su respiración, lo consiguió muy rápido, a decir verdad, al menos lograría engañar al sensor que tendría que dejarse instalar antes de ingresar a Omnia.