LA MISIVA

1473 Palabras
Se despertó con los fuertes golpes de la puerta. Se había quedado dormida y de no ser por el ruido habría pasado de largo, aunque los horarios en la comunidad no eran una cosa estricta, sin embargo, sabía que no debía llegar tarde. De un brinco salió de la cama y sin siquiera poner su cabello en orden se abalanzó sobre la puerta y abrió. Del otro lado estaba uno de los encargados de la seguridad. -¿Señorita Minerva Claus? –Preguntó el hombre con un sobre en la mano. -Sí, soy yo -Ansiosa por saber el contenido de la misiva. -Esto es para usted –Entregando en sus manos el documento –Firme aquí por favor –Se requiere su presencia esta tarde en el salón de reuniones, ahí se especifica todo –Dijo el hombre de los ojos rayados como los gatos, a Minerva le asustó un poco su aspecto a pesar de que ya estaba acostumbrada a ver cosas raras en algunas personas. Cerró la puerta tras de sí, no sabía qué hacer, si abrirla o esperar a que apareciera Ezior como todas las mañanas para llevarla a los entrenamientos. Decidió que era mejor lavarse y cambiarse antes de que llegara, no tardaría mucho para estar plantado frente a la puerta, se sacó el pantalón viejo de dormir y entró al baño a lavarse los dientes y justo cuando tenía la boca llena de pasta dental y no podía responder sin tragársela toda de un tirón llegó Ezior. -¡Minerva!, -Pum, pum, pum -¡Minerva! –Abre, tengo noticias para ti –Carajo iba a tumbar la puerta. La chica corrió a abrir ignorando que estaba vestida solo con una camiseta vieja raída por todas partes y su ropa interior, no se había peinado y tenía la boca blanca y llena de espuma como un animal rabioso. Patinó sobre el suelo mojado y fue a dar contra la pared. -¡Carajo! –Soltó y ¡zas!, efectivamente como pensó, se tragó la pasta dental y se atoró con ella, se incorporó como pudo y abrió. -¡Uy!, que aspecto tan desaliñado tienes hoy… jejeje -Apuntó Ezior divertido y sin perder la oportunidad de observar al detalle las largas y hermosas piernas de Minerva, que tras darse cuenta de su escaso vestuario se apresuró a encerrarse de vuelta en el baño. Ezior se sentó en la única silla que había en el pequeño apartamentito de un ambiente en el que vivía la joven, un espacio reducido en donde solo cabía una cama y una mesa con su silla, un gabinete viejo con un espejo de cuerpo entero un extraño lujo que podía darse gracias a que lo había heredado de su madre quien siempre fue muy coqueta y femenina, y a quien la pobreza y las limitaciones nunca le impidieron pasar un buen rato frente ese espejo para arreglarse lo mejor que podía; un par de libros amarillentos y rasgados, verdaderas piezas de museo: La cabaña del tío Tom y Yo sé porque canta el pájaro enjaulado, las lecturas favoritas de su madre, y en el fondo colgado de la pared una réplica más pequeña que la original de una pintura en donde se veía a una mujer en el centro del cuadro con sus pechos descubiertos y levantando en una mano una bandera roja, blanca y azul, y en la otra sosteniendo un mosquete, a su pies hay una escena de muerte junto a varios c*******s apiñados, y detrás de la dama un ejército que la sigue hacia la libertad, otra herencia materna de la romántica y soñadora Irena, amaba esa pintura, decía que un día alguien los guiaría por fin al final de la era del Sistema, estaba plenamente convencida de ello. -¿Ya estás lista? –Gritó Ezior desde la silla hojeando con impaciencia La cabaña del tío Tom – Tengo hambre, y además tengo algo que decirte que sé que te alegrará el día –Dejando el libro de nuevo en la mesa y notando el sobre si abrir. -Tú siempre tienes hambre –Con una risita burlona –No hay forma de llenarte el estómago. -Recibiste correspondencia hoy… -Apuntó tomando el sobre entre sus manos –¡Wao, y viene del Concejo!, tienes reunión con las altas esferas, ahora ya eres de la élite ¡Clase “A”! –Con su acostumbrado tonito juguetón. -De eso quería hablarte… -Minerva salió envuelta en el paño y secándose el cabello y a Ezior le pareció más hermosa despeinada y en su estado natural que cuando se dedicaba a poner cada cabello en su sitio. -¿Cuándo la trajeron? –Preguntó mirándola de reojo y levantando el sobre en alto. -Llegó ésta mañana, ¿Puedes voltearte? Voy a cambiarme –Pidió. Ezior se giró hacia la puerta mientras Minerva se ponía el pantalón y una camiseta. -¿Ya puedo voltear? –Preguntó –No sé por qué tanto recato conmigo si casi crecimos juntos –Dijo de forma natural, la chica lo miró como si fuera un perfecto idiota y le lanzó la camiseta vieja que acababa de quitarse. -No seas baboso Ezi, ponte serio que eso –Señalando el sobre – Es importante, te estaba esperando para que la abriéramos juntos, además… eres muy grande para mí. -¿Qué? ¡Pero si solo tengo 20! –Replicó abriendo las manos hacia los lados haciéndose el ofendido. -Es en serio Ezi - Terminando de calzarse –Abre eso de una buena vez. -Ábrelo tú, te los has ganado, has entrenado mucho por esto –Extendiéndole el sobre aún cerrado. La joven tomó el papel de las manos de su amigo y se sentó a su lado sobre la mesita, respiró profundo recordando las recomendaciones de las técnicas de respiración para tranquilizarse y rasgó el sobre cuidadosamente. Sacó la misiva y la leyó en silencio sin hacer ningún gesto. Ezior frunció el ceño y esperó, nada. -Minerva dime algo… ¿Qué dice? –Preguntó ansioso. -¡Me aceptaron! –Al fin gritó –Soy parte de la operación, quieren verme esta misma tarde, ¿Lo puedes creer? –Y se lanzó a los brazos de Ezior para abrazarlo con fuerza. El joven pasó sus brazos con cariño a su alrededor se alegraba sinceramente de verla feliz, ella había sufrido mucho y ya era hora de que tuviera algo de alivio ayudando en los planes de la Resistencia contra el Sistema que le había arrancado a su madre de la peor manera. -Estoy feliz por ti –Dijo amablemente. -Gracias Ezi, tengo mucho que agradecerte, haz invertido mucho tiempo en mí, te has dedicado a enseñarme lo que sabes y me ves con respeto, no como a una niña malcriada, o incapaz. -Te estás poniendo sensiblera Minerva, solo es mi trabajo –Soltando una risita –Sabes que haría cualquier cosa por ti. -Jajaja… el sensiblero ahora eres tú soltándolo de pronto y dándole un golpecito en el hombro. -Todo esto está muy bien, pero yo sigo con hambre –Minerva rodó los ojos y los puso en blanco. -Vamos entonces –Contestó. En el comedor común debieron hacer la fila para recibir su ración alimentaria, por lo general el desayuno era casi siempre lo mismo, pan, alguna porción de proteína y una taza de consomé. Pero Ezior siempre se las arreglaba para conseguir algo más, café, alguna cosa dulce y grasosa o cualquier otra cosa, tenía sus contactos en la cocina y con su físico era difícil que las chicas asignadas a esa área de trabajo se negasen, por lo que pronto llegó con algo de fruta y un vaso de leche para Minerva. -Me consientes demasiado –Dijo la rubia limpiándose la leche de sus labios con el borde de la mano –¿Qué voy a hacer cuando no te tenga conmigo? -Te las arreglarás muy bien, no necesitas a nadie Minerva, nunca has necesitado a nadie para ser tú y lograr lo que te propones –La joven bajó la mirada al vaso, y pensó que tal vez Ezior la estaba sobreestimando, era fuerte y decidida, pero nunca había estado realmente sola, cuando su madre murió, allí estuvieron él, Ezi, el Ezi de siempre con su risa y su buen humor dispuesto a sacarle una sonrisa, también Acteón, aunque duro, supo ser una figura a seguir y por supuesto Adara, la bella y protectora Adara, quien cuidaba de todos, veía porque la comida no faltara, que las personas recibieran atención médica cuando la necesitaran y vio de ella personalmente cuando se derrumbó en la tristeza. Todos había formado un bloque de contención para ella, uno muy fuerte que la había ayudado a sobrellevar su existencia y a encontrar un nuevo significado a la vida.
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