Al chico le daba vueltas la cabeza, intentaba mantener la concentración con el fuerte entrenamiento al que lo tenía sometido Adara, pero ni aun así podía a veces quitar los deseos de dañar algo o a alguien cuando esa ira irracional comenzaba a apoderarse de él, y últimamente era muy seguido. -Ezior, ven acá –grito desde el otro extremo de la sala de entrenamiento una de las chicas que coqueteaba con él descaradamente. Se levantó un mechón plateado del rostro y observó en su dirección, la miró por un momento como a una presa potencial. Respiró profundo e intentó aplicar el él mismo las técnicas de relajación y respiración que les enseñaba todo el tiempo a los chicos. -Inhala, exhala, inhala, exhala… ¿Qué quieres, Georgette? –al fin preguntó acercándose a ella más calmado. -Pues quiero p

