Llegó el día de la celebración de Ani y aún no estoy muy convencida de ir. Hoy se cumple un año de la perdida más grande que he tenido en mi vida y me siento totalmente destrozada. Anoche no pude dormir, tengo los ojos hinchados de tanto llorar.
Estoy sumida en mis pensamientos cuando escucho que tocan la puerta de mi habitación. Me levanto y al abrir me encuentro a mi hermano con el rostro cabizbajo.
—Hola, Vero buenos días —nos dimos un abrazo fuerte y comencé a llorar como una niña.
Mi hermano no pudo resistir el nudo de emociones y también cedió al llanto. No sé cuánto tiempo pasó, pero ese abrazo me ayudó mucho. Nos separamos y solo nos miramos cabizbajos. José suelta un suspiro.
—Sé que no es un día fácil. Pero quiero saber si vas a ir a lo de Ani. Hablé con ella hace un momento y se siente igual que nosotros, deseó que no hubiera sido hoy lo de su celebración, pero como ya sabes, fue tía Perla la que hizo la reservación y cuando intentó cambiarla no había para otro día. Lo siento.
—No te preocupes. Entiendo, pero la verdad no me siento con ganas de salir de la casa.
—No te preocupes, es entendible. Bueno yo iré a comprarle algo a la peleona; cualquier cosa me llamas por favor.
—Está bien.
Me vuelvo a tumbar en la cama y lloro de nuevo. Paso toda la mañana metida en mi burbuja hasta que escucho ruido afuera. Ya llegó José, de seguro se está arreglando para irse, pienso. Salgo de la habitación y lo veo a punto de salir.
—Pero que guapo estás, muñeco —digo.
—Gracias, muñeca. He estado pensando mucho y creo que sería bueno que nos acompañaras, te ayudará a despejar la mente porque de seguro pasarás el resto del día llorando, ¿o me equivoco?
Bajo la cabeza sin responder. Ya se imagina mi respuesta.
—Bueno, no insisto más… igual sabes donde se llevará a cabo, piénsalo un poco ¿vale?
Asiento cabizbaja.
Nos despedimos y él se va, dejándome completamente sola. Me siento fatal, no sé qué hacer, así que decido volver a la habitación. No he comido nada y no me siento con ganas de hacerlo. Comienzo a dar vueltas en la cama y luego me siento en el borde de ella. Pienso en lo que me dijo José antes de irse y sé que tiene razón, está salida podrá ayudarme a despejar mi mente.
Decido levantarme y arreglarme lo más rápido posible. Mi hermana irá a la universidad y debo apoyarla, ella ha pasado por mucho y se merece el apoyo de todos nosotros. Ani nació con problemas en la cadera, el hueso de la pierna derecha lo tenía por encima del fémur, así que tenía una pierna más larga que la otra. Le hicieron varias operaciones cuando estaba pequeña pero ninguna resultó.
Cuando tenía alredor de 16 años decidieron venirse a España porque su tío había encontrado la forma de realizarle la operación. Él es un traumatólogo reconocido en el país, así que hizo todo lo imposible por arreglar su deformidad y así fue. Ahora no cojea y estoy muy contenta por ella, desde muy pequeña le costaba valerse por sí misma, pero ahora ha logrado cosas que antes no podía por su discapacidad. Es la pequeña de los hermanos así que siempre la hemos cuidado y protegido. Este logro significa mucho para ella, así que siento que debo acompañarla en este momento.
Luego de bañarme, aliso mi cabello y hago unas ondas en las puntas. Me coloco un enterizo con botones al frente y mangas tres cuarto, de color vinotinto. Es un poco suelta pero arruchada en la cintura y en los tobillos. Uso unos tacones cerrados color beige. Tomo un bolso de mano que hace juego con los tacones y guardo mis cosas personales. Mi maquillaje es cálido, pero pinto mis labios del mismo color del enterizo, vinotinto; completo el look con unos accesorios sencillos.
Tomo un Uber y después de indicarle la dirección comenzamos a andar. Al llegar frente al restaurante, le pago al conductor y me bajo. Me quedó plasmada al ver el lugar, es impresionante, un plato de comida aquí debe valer una fortuna, pienso.
Entro y le indico a la chica de la recepción sobre la reservación. Me hace un gesto para que la acompañe y eso hago. Comienzo a mirar a los lados y siento que todos me observan, aunque no sé por qué. De la nada me fijo en una mesa donde hay dos hombres y uno de ellos llama mi atención. Tiene una mirada fuerte, ojos azules, alto, robusto, pelo oscuro. Viste un traje de 3 piezas que le queda fantástico. Decido no darle importancia y volteo la mirada, me dirijo al lugar donde se encuentra mi familia y estos al verme llegar, se asombran. Mi hermana se levanta corriendo hacia mí y me abraza fuerte.
— ¡No sabes lo feliz que me hace verte aquí hoy! Deseaba tanto que vinieras… Sé que es un día triste para todos, pero también es un día especial para mí. Estaba segura de que podía contar contigo, Vero. ¡Eres la mejor hermana!
—Te amo y haría lo imposible por ti, princesa. Te deseo lo mejor en esta nueva etapa de tu vida. Espero que logres todo lo que te propones y llegues a ser una gran emprendedora.
Dejamos de abrazarnos y saludo a todos desde la distancia.
— ¡Hola, Vero! —Dijeron todos.
José se levanta, me abraza.
—Gracias por venir. Ya verás que la pasarás bien.
Asiento. Y me dan un lugar al lado de mi hermano. Todos comienzan a hablar y yo sigo en silencio detallando este increíble lugar. Ani está feliz y eso me contenta.
Cuando sirven la comida, Antonio y Perla comienzan a decir unas palabras alentadoras para Ani y todos aplaudimos. Veo mi plato y sinceramente no quiero comerlo. Soy la aguafiestas de la celebración, lo sé, pero no tengo ánimos de nada más. Únicamente vine por acompañar a Ani, pero creo que no está saliendo como pensé.
La vista me traiciona haciendo que me fije en una familia que acaba de entrar y se sienta frente a nosotros; tienen un niño pequeño y comienzan a jugar con él en la mesa. Poco a poco comienzo a desmoronarme, así que me levanto rápidamente para ir al baño. Me quedo un buen rato y lloro desconsoladamente. Al cabo de un rato, decido salir, pero antes lavo mi rostro y vuelvo a tratar de maquillarme para que no se notara lo que estuve haciendo. Al salir, choco con alguien, levanto la cabeza para disculparme y noto que es el mismo sujeto que vi al entrar. De cerca es mucho más guapo, pienso.
—Disculpe, no lo vi. —Digo.
—No te preocupes, te estaba esperando.
Lo miro confundida.
—Lo siento, pero no lo conozco.
—Mi nombre es Massimo. Sé que no me conoces, por eso estoy aquí, para presentarme. Me pareces bellísima. Apenas te vi entrar por la puerta del restaurante supe que debía acercarme a ti.
Me quedé confundida, no sabía qué decir.
—Gracias por el halago, pero pierdes tu tiempo. No estoy interesada en conocer ningún hombre.
— ¿A caso eres lesbiana?
—No, no lo soy. Solo que no estoy interesada en conocer a nadie ni mucho menos tener algún tipo de relaciones.
Me miró con el ceño fruncido.
—Permíteme decirte que yo no soy nadie. Soy Massimo Gagliano un hombre muy importante en Italia y estoy seguro de que una vez me conozcas en la cama, se te hará imposible olvidarme. Te daré el mejor sexo de tu vida.
¿Qué ha dicho este idiota? Pero, ¿quién demonios se cree?
Sonrío antes de responder.
—Pues, señor Massimo le aseguro que no me interesa y como ya le dije antes, pierde su tiempo. ¡Adiós! —salgo de allí dejándolo confundido.
—Serás mía, ya lo verás... —escucho que dice en un tono muy bajo. Qué equivocado está.
Seguí caminando y no presté atención a su palabrería. Los hombres son unos tontos cuando se lo proponen. No aceptan nunca un no por respuesta, pareciera que eso les afectara su ego. No lo niego es guapo, pero no es nadie para hablarme de esa forma. Tomo asiento de nuevo y siento una mirada penetrarme. Miró en busca de respuestas y me doy cuenta de que es mismo hombre, no me quita los ojos de encima. Ruedo los ojos y lo ignoro, decido concentrarme en mi familia.