A la mañana siguiente Mary no perdió el tiempo, compró los boletos de avión y pidió un uber, se despidieron en el departamento de Sarah, así era mejor y no atraerían mucho la atención, se abrazaron y prometieron mantenerse en contacto. Mary soltó un suspiró al entrar al taxi. —Al fin volveremos a casa —sonrió, se dio cuenta que Isole miraba por la ventana —. Debiste decirle la verdad a Sarah, es tu amiga. —Ella está pasando por un mal momento y no quiero molestarla con estás cosas. —No son cualquier cosa, una amistad es de dos y así como tú la escuchas, estoy segura que ella también lo hará —Mary la vio a los ojos —. ¿Estás segura de querer volver a la granja? —Muy segura —contestó Isole casi de inmediato —. No me gusta está ciudad y no quiero tener nada que ver con lo que tiene.

