La piel de Sarah ardía bajo el roce de las manos de Mark. Estaba recostada sobre las sábanas, con el cabello extendido y los labios entreabiertos, jadeando mientras él descendía lentamente por su cuello. La habitación estaba impregnada del calor de sus cuerpos, del crujir de la cama bajo el vaivén y de los gemidos contenidos que Sarah intentaba sofocar, aunque cada caricia de Mark la obligaba a rendirse más. Él la conocía demasiado bien, sabía dónde tocar, cómo rozar apenas con la yema de los dedos para que ella se estremeciera, y cómo apretarla con fuerza en el momento preciso para arrancarle un grito. La besaba con hambre, con una mezcla de ternura y b********d que la desarmaba por completo. Ella arqueó la espalda cuando lo sintió dentro de ella. Mark sujetó sus caderas con fuerza, mar

