Fue una tortura para Shawn cada movimiento, desde que entro al auto hasta llegar a la oficina. En otra ocasión hubiera dado una hora… tal vez dos horas para prolongar la reunión con su padre, pero está vez tenía prisa, la maldita camisa le rozaba la herida, le dolía el abdomen por el esfuerzo de inclinarse una y otra vez al subir y bajar del auto, solo quería volver a su departamento lo más rápido posible, así que fue directo a la oficina de su padre. Por suerte su secretaria le permitió entrar enseguida. –Hola papá. –Shawn, ¿Dónde está tu hermana? Él suspiró, miró el sofá y la sillas, pero no se molestó en intentar buscar un lugar, no quería hacer otro esfuerzo. –Sarah está bien, si lo que te preocupa es que no quiera casarse, lo hará, te lo aseguro –contestó Shawn –. Esto es culpa

