Ni siquiera había salido el sol cuando volvieron a hacer el amor. A Mark le gustaba hacerlo por la mañana, Sarah ya lo sabía, como también sabía que le gustaba el café sin azúcar y los huevos los prefería estrellados, al vivir juntos en la granja había aprendido a conocerlo, algo que jamás se había interesado hacer por alguien más. Ella tenía los ojos cerrados pero podía sentir la mano de Mark moviendose sobre su piel, lo hacía dos veces de arriba hacía abajo y luego le besaba el hombro. –¿No tienes sueño? –preguntó finalmente, ella solo quería dormir. –Me he acostumbrado a estar despierto temprano. Sarah abrió los ojos y se dio la vuelta, aún estaba oscuro, pero podía verlo con la ligera luz natural, eran las cuatro de la mañana, esa era la hora en que Mark se iba a la granja y lu

