— ¿Qué? ¿Es en serio? ¿Tú aquí? ¿Qué estás haciendo en Tokio? Claro, si se puede saber — escucho una voz reconocible a simple distancia acercarse a mí por la espalda. Cuando me volteo me doy cuenta que se trata de la madre de Enzo, venía sola, parece ser que ha dejado a su acompañante en su mesa esperándola y ha venido a acercarse a nosotras únicamente para molestarnos la vida a Janeth y a mí. Me volteo a mirarla de frente, y no puedo evitar no mirarla a los ojos, poner los ojos en blanco y luego, hacer mala cara porque su presencia me amargaba el día como siempre había solido hacer desde que tengo memoria de conocerla. — Señora, ¿Qué es lo que quiere? Adriana ya cumplió su más anhelado deseo de divorciarse de su hijo, ya únicamente le falta es la firma del divorcio y la entrega de lo qu

