Me sentía tan dichosa y feliz de haber probado y explorado tanto del uno como del otro, parecía una película con el mejor final feliz, tan placentero y tan hermoso del cual no quería que terminara jamás. Lo abracé tan fuerte mientras estábamos tendidos en el sofá, hasta que inevitablemente me desperté. Me desperté asustada viendo a los alrededores, con la respiración agitada. —¿Diecisiete ¿¡Edmond...!? Hasta que lo vi venir con una bandeja de comida. —No, no era un sueño, pelirroja. Estas aquí conmigo. ***Narra Edmond*** Con los días, con el tiempo transcurrido el oxígeno que respiraba se sentía más ligero y suave, el saber que ya no tenía a alguien queriendo acechar nuestras vidas y que por fin podía estar con la chica que hacia vibrar mi corazón de humano y mis sentidos. Me par
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