Capítulo 6: Te encontré.

3040 Palabras
Aria: Est y Shrinri me dan miedo. Son del mismo porte, con el mismo vestido del mismo color, mismos ojos verdes, ni siquiera existe ninguna variación en su tono, y usan coletas en el pelo. Est del lado derecho, y Shrinri una del lado izquierdo. Son gemelas, y podría decirse que las predilectas de Harlequinn para cualquier trabajo. Son dos personas casi trabajando como una unidad autónoma. ¿Y eso es más alarmante de todo? -No- me contesto rápidamente Es que son letales. -Allí- les indica Harlequinn. El cargamento de hoy lleva ropa de la tienda telararco, hacia el gran teatro de la mascarada. Siempre me he maravillado por lo que la gran ciudad de Bartole tiene para ofrecer a sus habitantes. Las calles y viviendas tan rusticas, y la gente tan peculiar que allí vive. A veces me imagino viviendo en el pueblo, con tantos vampiros de mi edad solo corriendo por las calles, y cuando caiga la noche dormir en un lecho caliente, sabiendo que he hecho el bien en el día. El movimiento que hace Harlequinn a lado mío es el que me trae de vuelta a la realidad y en lo que estamos haciendo ahora mismo. -No tenías que venir conmigo.-miro vagamente hacia la calle sur, donde Sylvie ha empezado su trabajo- Eres el líder. Deberías estar al frente.- esto no lo decía de modesta, lo decía porque estaba enojada. Yo debería estar con Sylvie ayudándola. -No podía arriesgarme a que te volviera a dejar a tu suerte.- y de alguna forma no fui yo quien trajo el tema, pero el adivino mis pensamientos; de nuevo. ¿Por qué me sorprendía de eso? De alguna forma escalofriante el siempre parecía saber lo que yo pensaba. Sus rizos rojizos tomaban un color interesante bajo los rayos del sol, se veía cansado, podría hasta decir que estaba sudado por todo el ajetreo que ha tomado, podía ver como una gota de este resbalaba por su frente. -el hace todo el trabajo difícil- me recuerdo -Nunca aprenderé si me sigues tratando como una muñeca. -Las muñecas no se rompen- dice -Una de cristal, podría. Harlequinn voltea unos centímetros y me mira-tu podrías- me dice. Sus ojos verdes se posan en mí y me doy cuenta que cuando hace eso me siento incomoda.  Me recuerdo algo que he sabido desde hace mucho tiempo, de todas las personas que me dan miedo, es el a quien más temo. Su comentario no ha sido tierno. Por el tono dicho, sé que ha sido una amenaza. Una advertencia de todo lo que podría pasarme. De todo lo que él podría hacerme si desobedezco. Estoy ligada a él, atrapada; y él lo sabe. Me sonríe, como si hubiéramos compartido un momento cómplice. Y quizás si lo hemos hecho; cómplices de un delito, donde yo, sería la víctima. *** Lidius: Me instalo a unas calles más allá, sé que el camión hará este recorrido. Desde aquí, me imagino que puedo oler el pan ¿Qué se sentiría? ¿Qué se sentiría percibir tan claramente los olores? Sé que jamás podre saber cómo huelen las flores, o el pan recién hecho, o el aire después de una lluvia. -No soy como ellos- me recuerdo. Cuando giro, mi vista se concentra en el pequeño local de los ensayos. Aquí es donde se preparan antes de ir a la mascarada. La gente suele reunirse afuera a observar a la gente actuar, gran parte de la pared es de cristal por lo que da una vista privilegiada de los actores. Los mejores actores dentro de Bartole para mí eran Eddard y Kayla, mejor conocidos como "los hermanos Ganzua". Si, ya saben, la herramienta. Y eso se debe a la gran cantidad de actos que han hecho con este concepto. Son buenos. Sumamente buenos. Casi podría compararlos con Est y Shinri dominando aquellas cuchillas. Y si bien debo admitir que este juicio está siendo influenciado en que quizás tenga un crush romántico con esta chica en particular. Mi tiempo libre suelo perderlo observando a todos los actores, El Gran Obdul, La pequeña esfinge, Cascara azulada, La sirena. Podría ser estúpido, pero me atrae esto del teatro. El hecho de poder fingir ser cualquier persona.  Seria fascinante poder ser otra persona tan solo por unos minutos... o por unos piadosos segundos. Sylvie me da la señal desde la otra calle, y cruzo. Mi capa se desliza un poco hacia abajo y me apresuro a colocarla en su lugar. El camino ahora se ve desierto, he dejado atrás a la multitud. Es temprano en la mañana, pero aun así la gente de esta ciudad nunca descansa; quizás eso sea lo que más amo de Bartole. Escuchamos la aproximación del camión, y pronto lo vemos girar en el callejón, notamos rápidamente que este va más lento hasta que se ha detenido por completo. Est y Shinri han hecho bien su trabajo, han arrojado las cuchillas dando en el blanco. Se tienen que pinchar como mínimo dos ruedas para que deje de avanzar, y por supuesto no se detendrá al instante, se espera unas calles más arriba hasta que se le ha escapado el suficiente aire para que le sea imposible seguir rodando. Ahí entramos nosotros. -¿Se encuentran bien?- Sylvie es una buena distracción. En especial cuando todo su cuerpo grita por una mirada. Sé que Harlequinn y Aria ya están atrás lidiando con la cerradura, pero en cuanto lo abren, hacen demasiado ruido como para pasar desapercibido. Es cuando bajan Est y Shrinri. Podrían matar a estos dos idiotas que están en frente de mí, pero solo se limitan a noquearlos; nadie aquí quiere complicar las cosas. -Muy bien- dice Harlequinn- Cada quien a lo suyo. Me dedico a cargar todo lo que puedo para llevarlo hasta nuestras carretas, las mismas que han sido escondidas por Harlequinn horas atrás. Luego las tapo con una manta. Cuando me aseguro que la mía está repleta, parto hacia el pueblo, para dirigirme hacia el bosque. No llamo la atención de nadie, después de todo solo soy uno más trabajando. *** Aria: Nos hemos separado de los demás, después de todo desde aquel incidente, cada vez que salimos en una misión Harlequinn jamás me deja sola. Los dos atravesamos el pueblo con calma. Me parece increíble ver como nadie se ha dado cuenta, como puedo yo actuar normal después de haber hecho algo así. -Para cuando los encuentren ya estaremos de regreso en el bosque- sus manos están fijas en la carreta empujándola hacia adelante. Yo no cargo con nada en este momento, cada quien se fue con una, pero yo ya no tenía nada de ropa que llevar. Todo lo que había alcanzo solo para cinco carretas. Pienso en la gente de casa-Ayudará a los otros, eso será bueno. -¿Es la forma en la que limpias tu consciencia?-lo oigo decir –¿Convencerte de que necesitamos esta ropa más que ellos?- dice –No eres una buena persona. Robas, Aria. -Sé que no lo soy, nunca he dicho lo contrario, mis pecados se remedirán algún día. -Hablas de redimirse- dice –no creo en eso. -tú no crees en nada. -Yo creo en ti. -Debes estar muy desesperado si de verdad lo haces. -Jamás me dejarías- y el esta tan seguro de eso que me tenso. -¿Sabes porque? Me da miedo seguirle el juego. Pero sé que el ama ver esta expresión de terror en mi rostro. « No puedes dejarlo ganar » -¿Por qué? No dice nada solo durante unos segundos, está estudiando mi rostro, casi parece divertido –Porque conozco todas tus debilidades Aria. -... -Piensa en todo lo que tienes que perder antes de pensar en traicionarme- *** Sylvie: Los últimos en llegar al campamento son Harlequinn y Aria. Me pregunto... ¿Qué se sentirá tener toda su atención solo para ti? De seguro Aria es la única afortunada que lo sabe. Quizás... a veces puedo llegar a envidiarla un poco. ¿Qué tiene ella que yo no? ¿Un rostro más bonito? ¿Mejor figura? Recorro su cuerpo con la mirada, y sé que es decepcionante verla en comparación conmigo. Tengo un mejor cuerpo; lo sé. ¿Entonces qué es? Harlequinn le dice algo, y luego solo se aleja con la carreta hacia la cabaña de reunión. Aria se encamina hacia la cabaña de Lidius, pero cuando pasa por mi lado no pierdo la ocasión de interrogarla. -¿Algo interesante hoy? Veo que me ha mirado, pero no responde, parece casi extasiada. Como si hubiera estado dentro de su propio mundo y yo soy el asteroide que ha chocado contra ella. -¿Te gusta robarte la atención del líder? Pero dentro de mi cabeza me corrijo -¿Te gusta robarte la atención de Harlequinn? Ella mira hacia atrás, como viendo si él está cerca para escucharla y luego dice –te lo regalo- y sigue caminando. Estoy enojada por su desinterés, pero a su vez agradecida. Lidius: La puerta se abre y la veo entrar cabizbaja. Suele estar así después de una conversación con Harlequinn, se vuelve distante, fría y seria. Se recuesta en la cama y mira hacia el techo, con una mirada perdida en su propio rincón del mundo. No digo una sola palabra. Me acerco hasta ella y me recuesto a su lado, nuestras cabezas se tocan. Solemos hacer esto desde que éramos pequeños, es una forma de decirnos –estoy aquí- presiono aún más nuestras cabezas –y siempre estaré aquí. Ella tiembla brevemente y luego llora. Un quejido bajo, casi imperceptible. Siento una lagrima caliente rozar mi mejilla izquierda. -Jamás podre irme- susurra -No debes tenerle miedo.-le susurro- yo jamás permitiría que te hiciera daño. La escucho poco a poco detener su sufrimiento, como una ola que vino y se fue. Sin embargo, se ha llevado lo que antes había allí, ha derrumbado el castillo. Sujeto su mano contra la mía. –Te amo- le susurro. –Tú y mi hermana son las cosas que más amo-aprieto su mano fuertemente- y yo jamás te abandonare. Solía pensar que lo que nosotros dos teníamos era más fuerte que todo. Era un amor desinteresado, yo no buscaba nada a cambio. No era una atracción física, no era algo monetario. Estaba con ella porque mi amor por ella estaba en su estado más puro. Era la amistad más especial que yo jamás había conocido. Ella me había ofrecido una entrada en su vida, una entrada en su corazón que yo había tomado sin titubear. Preferiría morir antes de abandonar eso; preferiría morir antes de abandonarla a ella. -eres mi sol- y sé que después de eso ambos nos quedamos dormidos *** Est: La cuchilla de Shinri esta desgastada. Miro hacia la mía. Ahora que lo pienso quizás sea hora de tener una nueva yo también. Harlequinn pasa su mirada entre mí y después hacia mi hermana-¿Alguien las noto? Yo niego con la cabeza, pero Shinri se queda pensando. –Un muchacho- dice -¿Un chico? -No era problema- dice–estaba en una silla de ruedas- alza los hombros y después los baja, casi como quitándole importancia al asunto. Sé que ha sido un comentario estúpido, porque sé que Harlequinn jamás se toma nada a la ligera. Le doy un leve empujón con mi pie a Shinri, y le lanzo una mirada desaprobatoria. -El hijo del dueño de la tienda- lo saca enseguida, al igual que yo también lo he hecho. Lo veo enderezarse y mirar por la ventana de la cabaña. Sus ojos se entrecierran y sé que ya está pensando en algo. Algo nada bueno. -Una visita sería lo más adecuado. -No lucho con minusválidos- suelto a la ligera, y luego vuelvo a mirar hacia mis cuchillas. Sé que sus ojos verdes están posados encima de mí, pero me dedico a ignorarlo, casi como si no hubiera notado ese significativo gesto. ¿Pero, y qué? Yo no soy Aria. El jamás podrá intimidarme. No como lo hace con ella. Me he dado cuenta de tantas cosas... Supongo que es normal saber de todos en el equipo cuando estas en las sombras. Espiar desde los techos. -¿Qué harás ahora?-pienso. Él me sonríe –Pero mi querida Est, será una visita de lo más amigable. -Nada contigo podría ser amigable- le digo sin preocuparme de que se ofenda. Aunque sé que no lo hará. Está acostumbrado a hablar con la verdad cuando se dirige a mí o a mi hermana. Él no nos da miedo. -En tal caso deberé ir yo personalmente.-nos mira tratando de que ambas entremos en su radio de visión –y en cuanto a ustedes dos quizás deberían saber que no se puede vivir dentro de un zapato-Sé que a él no le interesa perdernos. Le daría igual si nos fuéramos. Salen unas y entran otras. Nos ha tratado de decir que somos reemplazables. Pero con Aria es diferente. La anhela. No sé qué fetiche extraño tendrá con ella, pero son las únicas veces en las que él piensa que ella podría escaparse de sus manos que lo he visto enloquecido. -Te iría de maravilla con otras haciendo nuestro trabajo- se burla Shinri juguetonamente. –Suerte- le desea. Somos buenas; aunque lo digamos nosotras mismas. Encontraríamos a cualquier escuadra que quiera escogernos. Sin mencionar; que tenemos ya nuestra reputación forjada. -Toda cosa puede desmentirse, y toda reputación puede ser arruinada.- abre la puerta –tengan cuidado- y finalmente se va. Ya estando solas -Odio su actitud- suelta Shrinri mientras se desploma en el sillón. -¿Su actitud?- le digo –yo lo odio a él. *** Sebastián: Ya ha caído la noche, todos se han ido a su casa. Bueno, salvo el. Mi vista se dirige a Loran, esta acostado despreocupadamente en mi cama, con la mirada perdida en unos papeles. Él estuvo aburrido en toda la tarde. -El día de hoy no ha venido- se lo digo un poco extrañado -¿Estará bien? -Robaron un cargamento de su tienda hoy. -¿Cómo lo sabes? En respuesta lo veo agitar los papeles que tiene en su mano. –Es el reporte del robo- se sienta aun sin dejar de verlos –Tu padre ya ha empezado la investigación.-me dice –pero tu estas tan ocupado buscando al asesino de tu abuelo muerto que no te importa nada el reino ¿no? Su comentario me molesta –Se más sobre el reino que tú. Yo no he desentendido mis obligaciones. Hago papeleo y se de los negocios alzándose. Sé más cosas de las que tú sabes.- no es como si pasara holgazaneando todo el día. –No sabes las cosas en las que trabajo, no debes juzgarme así. -¡Ay no!- se queja -¿Ahora es cuando empiezas con tu discurso de lo que es correcto o incorrecto? -¿Por qué no admites que la única razón por la que te importa este robo es por aquel chico?- su rostro llega a mi memoria –Kiebl ya reporto lo extraño que vio aquella mañana. Eran dos chicas en el techo. Tenemos sus descripciones y las guardias de Víctor están haciendo su trabajo. Aumentaron la vigilancia, al igual que protección. Así que deja de estresar a todo el mundo. -¡Pero no vino!- insistió-¿es porque le hicieron algo?- jamás olvidare la expresión en su rostro gravada. Yo jamás lo había visto preocupado por alguien que no fuera él. La angustia era palpable, y su desesperación se podía oler como perfume en el aire. Parpadee una sola vez antes de decirlo, antes de comprenderlo -Te gusta. -... Sus ojos sostuvieron los míos, pero no menciono palabra alguna. Solo recuerdo el sonido de las campanillas anunciando que habían llegado para recogerlo. Se levantó y la falta de peso que dejo en mi cama se sintió irregular. *** Joost: -Rey Krishan- hice una leve reverencia –Ha mandado a verme. -Requería tu presencia- dijo. -¿En qué puedo servirle? -Ha de comprender, o será muy tarde- su cola se sacudió unos leves segundos antes de mirar hacia la luna. -Su relación con los marginados aun no es tan estrecha. Aun con sus ojos amarillos brillando hacia el cielo se podía ver su rostro relajado cada vez que lo hacía-Hazle ver, demuéstrale que los corazones de todos laten de igual manera. -El piensa que los marginados no sienten. -Entonces, dile que, dentro de esa piel fría y aquellos desacuerdos y conflicto internos, quizás; aun haya esperanza de oír un latido- entonces le aúlla a la luna. La maldición cae sobre nosotros, y me obliga a aullar a mí también. *** Aria: -Te encontré- sostengo a May, y su pequeño cuerpo se retuerce por liberarse. –Eh, eh... -¡No es justo!- dice –he sido muy cuidadosa Niego con la cabeza -No puedes seguirme al lugar al que voy. -Pero ya estoy aquí- y se balancea en un pie, primero hacia delante y luego hacia atrás. Me lo pienso, y llego a la conclusión de que no puedo ir a dejarla y luego regresar aquí a tiempo–Esta bien,- la miro acusadoramente –tramposa- añado. Ella sonríe. -Escóndete y por nada del mundo se te ocurra salir. Ella me asiente y me da su palabra, y sé que no la romperá. Me acerco rápidamente hacia los jardines del castillo, y noto que su figura ya me está esperando. Lidius me matara si se entera que May me ha seguido hasta aquí. ¿Qué clase de hermano no puede notar que se ha salido ante sus ojotes? -Aria- dice mi nombre, noto que ha logrado poner un tono en su saludo. Uno de emoción. ¿Emocionado por qué? Le asiento de regreso en forma de saludo -¿Qué has pensado en hacer? -Ir hacia Bryan. -¿Hacia el lugar donde se instala su escuadra?- pregunto confundida -¿Sabes dónde es? Vuelvo asentir, pero luego lo pienso más –no llegaras hasta allá solo- admito -No iré solo- y luego me sonríe –tú vendrás conmigo. ¿Eh? Espera...  ¿Qué?...
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