Aria:
-Espera... -alce mi mano y la agite frente a él dando una negativa incrédula acompañada así con el menear de lado a lado de mi cabeza-creo que no te he oído bien.
El ladea su cabeza mirándome con una expresión casi divertida –yo creo que me has oído perfectamente.
-No puedo irme así de la nada.
Su nombre vuela de inmediato a mi cabeza « Harlequinn »
-Respondo ante alguien. Me necesitan en la escuadra.
-Olvidaba que robar era un trabajo arduo- sé que su tono era casi severo. Como si estuviera regañando a una niña que se ha caído aun cuando le dijeron que no corra.
Solo lo mire sin responder.
Oí como suspiro, de alguna forma es extraño acostumbrarse a cada agitación que hace su cuerpo, como cada toma de aire que inspira-Aria, te necesito. No llegare hasta allí solo, y eres mi única esperanza-
¿Única esperanza?
Alguien debería decirle a este chico que soy una mala apuesta.
Me concentre en el azul de sus ojos, el frío de la noche envolviéndonos a ambos, su mirada era esperanzadora. ¿Qué tanto deseaba encontrar a este chico Bryan?
-Supongo que podría ver como estar libre mañana-dije
Su cara se ha iluminado por unos breves segundos –Que bueno, porque ya había cancelado mis citas de mañana.
Lo mire sintiéndome algo recelosa-¿Cómo sabias que iba a acceder?
-Tenía un presentimiento.
-¿Un presentimiento?
-Era uno muy fuerte.
Lo he visto suavizar su mirada hacia mí, como si ya se hubiera acostumbrado a mi presencia. Y de alguna forma yo ya no estaba tan a la defensiva cada vez que hablaba con él; quizás yo también lo estaba haciendo.
-Con él es fácil hablar- pensé.
Este breve espacio era silencioso y cómodo, como si las palabras estuvieran de más. Me sonreía como quien saluda a la lluvia en una sequía dándole la bienvenida para quedarse. Sentía que estábamos envueltos en una burbuja, donde solo cabían dos personas, habíamos dejado el mundo afuera, concentrándonos en ese momento; en esos pequeños segundos compartidos.
Un ruido lo sobresalto –Quieta-sabia por experiencia que el tono en que lo dijo fue autoritario, una orden. Recuerdo haber visto el reflejo de algo brillante, sentí como se movió, pero fue tan rápido que cuando pude reaccionar el ya no estaba en su lado de la valla. Él había saltado, y ahora se encontraba en los lindes del bosque. Estaba a unos metros más allá.
De pronto entendí, que era lo que él había oído moverse.
Corrí hacia ellos dos, y cuando llegue me sobresalte, y entendí que había sido ese reflejo brillante de antes.
Sebastián:
Una niña...
Me había quedado estupefacto, congelado con mi daga en la mano, y sin duda distraído también por el chillido de susto que ella había pegado y que me había sobresaltado.
Sabía que alguien se acercaba a mí, podría haberla detenido, pero como estaba concentrado en la niña, y después de todo se trataba de Aria, no me había movido, ni puesto resistencia.
Sentí como golpeo mi mano y la daga se soltó, y cayó sin hacer el más mínimo ruido en el pasto. -¡¿Te volviste loco?!-me atreví a despegar mis ojos de la niña, y concentrarme en los de ella. Su rostro contraído y molesto. –Vuelve acercarte así a mi familia, y te aseguro que yo misma te matare.
-L-losiento... yo...
Aria:
-Aria...- la voz de May me hizo girar hacia ella. Y toda rabia que hubiera tenido acumulada se disipo.
Me acerque hacia ella- todo está bien-le asegure
-El...- ella solo lo miraba de reojo. -¿Quería hacerme daño?
-No. No- la tranquilice esta vez arrodillándome a su lado
-Pero...-dijo mientras le lanzaba una mirada desconfiada a aquella cuchilla en el suelo
–él no sabía que tú estabas aquí escondida. - le explique –él pensó que era alguien malo que quería hacernos daño. Por eso ha venido hasta aquí. Quería protegernos. -le acomode un mechón de pelo atrás de la oreja-él no sabía que eras tú- yo solo la miraba a ella tratando de conectar con sus ojos.
-...
-¿Recuerdas la medicina que te dieron cuando estabas enferma?- dije y luego lo señale solo por unos segundos antes de volver a bajar la mano-fue el.-le dije- Él fue quien la consiguió para ti. Para que pudieras mejorarte.
Cuando note que May no me miraba gire siguiendo su vista hacia Sebastián, el cual se había arrodillado y la miraba con un aire de culpabilidad dibujado en el rostro. Casi arrepentido.
-Te llamas May, ¿verdad?- su voz en estos momentos era baja y suave, me asombro si quiera que supiera usar ese tono, que siquiera supiera como hablar con un niño.
Ella asintió con su cabeza –Me he precipitado, y he sido un tonto asustadizo- lo oí decir- te pido mis disculpas y ruego vuestro perdón- dijo mirándola triste, -¿Puedo obtener vuestro perdón?
May estaba sorprendida porque estaba segura que en toda su vida jamás le habían hablado así. No como lo hacía Sebastián, el hecho de que ella se veía avergonzada. Y tenía que admitir que el poseía cierto encanto.
-S-si...- dijo ella mientras jugueteaba con sus dos manos, sin saber exactamente dónde ponerlas
Note como Sebastián sonrió. –Qué bueno.
Quizás por unos leves segundos me permití repetir esa sonrisa, y grabarla en mi memoria. Una y otra y otra vez.
-¿Cuántos años tienes?-siguió hablándole
-Trece- dijo esta vez mirándolo directamente. Ella lo miro detenidamente durante unos segundos -¿Qué llevas puesto?- le pregunto
El la miro confuso y luego miro su ropa –Un traje.
May sonrió –No se parece en nada a la ropa que nosotros usamos.
-¿Cree usted que se ve mal?- sabía que él lo estaba haciendo apropósito, el hecho de hablarle con tanta propiedad a tan solo una niña. Pero May parecía estarlo disfrutando, así que no opine. Ella estaba disfrutando su rol de ser una dama.
Negó con la cabeza, a su vez que se acercó hasta el –me agradas- declaró ella -Seamos amigos- dijo ella
El quedo en blanco durante unos segundos. No sabría decir que paso por su cabeza en esos breves instantes, quizás la pregunta le habría tomado por sorpresa. –Me encantaría- pero luego su mirada fue tan genuina, y... ¿agradecida?
Me acerque hasta ellos dos –Deberíamos irnos ya- avise.
La atención de Sebastián regreso a mí-te veré mañana entonces.
-¿Dónde vives?- siguió preguntándole May. Puedo invitarte a jugar un día a mi casa. Aria le gusta jugar. Es muy buena representando el rol de cocinera-
No sé porque, pero me sentí avergonzada que le hubiera contado algo así.
-¿Ah sí?- casi podía escuchar un tono jocoso en su voz, mientras me lanzaba una mirada divertida.
-Solo finge que cocina, y yo finjo que como. -luego le susurro bajito cerca del oído- Pero a escondidas de todos, o si no nos retarían por pretender algo así- ella era cuidadosa, tal y como se lo había enseñado.
-entiendo- contesto él.
-Entonces... ¿Dónde vives?
El dio una mirada hacia atrás y señalo el castillo –Allí- dijo.
El rostro de May, tal y como esperaba se asombró –estas mintiéndome.
Sebastián sonrió y negó con la cabeza –No lo haría- la miro casi con cariño –vivo allí, aunque tampoco es como si me divirtiera mucho- y vi cómo se encogió de hombros esos breves segundos –Apuesto que con alguien como tu sería muy divertido el lugar. ¿No querrías venir un día de esto?
-¿Enserio?- sus ojos se abrieron como plato
Y yo me tense al instante.
-Sebastián...- dije a modo de advertencia, pero él no se inmuto en nada, y antes de poder decir otra cosa siguió hablando.
-Aria y tu están invitadas a venir, cuando gusten, es mi casa-me miro - son bienvenidas- me sostuvo la mirada y yo la de él.
Esa era una jugarreta sucia.
¿Cómo decirle a May que eso no será posible ni en un millón de años? No entraremos en ese castillo. No podemos. No la llevaría allí.
-¿Entonces es una promesa?- dijo May sonriente mientras estiraba su meñique
-Claro que si- dijo mientras envolvía su dedo con el de ella.
Ella se separó de él, y él se levantó por fin del lugar en el que estaba arrodillado.
May se alejó a unos pasos más allá lista para irse.
-Espera ahí- le dije, y me volví hacia Sebastián –Eso no ha sido justo-le hablé por lo bajo
-Supongo que tendré una visita tuya en el castillo pronto.
No digo nada, y solo me dedico a mirar hacia May.
-Dijiste que la medicina era para un vampiro marginado. E inclusive me dijiste que se trataba de un el- lo escuche decir –no era para cualquier vampiro. Era para ella. Nunca mencionaste el hecho de que era para una niña, y....
-¿Y qué?- lo interrumpí bruscamente-¿Hubiera cambiado algo? ¿El hecho de saber que era para una niña y no un adulto hubiera hecho alguna diferencia?- lo mire de regreso con cierto aire de pena –tienes tanto que aprender de nosotros...- de alguna forma me detuve de lo que le iba a decir. El no necesitaba un discurso. Era el hijo del mismísimo rey.
-No le importamos- me recordé.
-tenemos que irnos- volví a decir cambiando de tema
-Cuídense
-lo haremos- y así me aleje de él, y camine hacia May.
Note como ella agitaba su mano en señal de despedida y él le correspondía de igual manera. Para luego, perdernos en la oscuridad del bosque.
***
Kayla:
Coloco la taza de chocolate caliente en la mesa, y el da un respingo sobresaltándose así del ruido al contactar este contra el cristal.
-Tranquilo, solo soy yo.
-Suficiente motivo para asustarse.
Haga una mueca de disgusto fulminándolo a su vez con la mirada –Aun puedo llevarme el chocolate de regreso a la cocina.
-No. no.- se apresura a decirme a la vez que su mano se cierne sobre la tasa y da sus primeros sorbos.-es una noche fría, y necesito el cuerpo caliente para pensar.
-Eso; ni con todo el chocolate del mundo.
Él no le presta ni la más mínima atención a mi comentario y se dedica a mirar hacia el telón cerrado –Es una pena lo del robo.- y luego suspira –en verdad deseaba ponerme ese traje, eran preciosos- se de lo que habla, también llegue a verlos.
-Supongo que los atuendos tendrán que esperar, -lo pienso- aún hay tiempo hasta el festival.
-Mama estaba furiosa.
-Mama siempre está furiosa.
-Se parece a ti.
-¿Estás seguro de que quieres ese chocolate?
Él se remueve incomodo en la silla –perdona- se disculpa. -¿Qué haremos mañana?- me dice cambiando de tema
-No lo sé, Sebastián nos ha cancelado así que... ¿Lo de siempre?
-¿Ensayar más?- él se ríe –soy un profesional, todo me sale natural.
Lo idiota te sale natural.
-Claro hermano, tienes una gracia innata ¿me pregunto de donde sale tanta perfección?
-Odio cuando me alagas tan falsamente.
-Lo sé, me sale natural.
Los dos giramos al unísono cuando la puerta se abre, -Niños, a casa- dice mi padre, mientras recoge su chaleco y se pone su sombrero. Lo seguimos fuera del gran teatro, y montamos en el carruaje. –No se desanimen. Toda ira a la perfección.
-¿Enserio lo crees papa?- pregunto mirándolo. De alguna forma cuando lo miro ciertamente pienso que en realidad él es la perfección. La persona que más admiro en el mundo es mi padre. Por lo duro que ha trabajado, por el simple hecho de que pudo haber muerto hace años atrás mientras buscaban por el rey vampiro, porque es un superviviente.
-Señor Chris- llamo el cochero –La calle este la están reparando, daremos una vuelta rodeándola por la otra calle.- le informa.
-Si- contesta de igual manera, en un tono cordial dando así su aprobación. -¿Invitaran a alguien para el festival?- pregunta volviendo su concentración de nuevo en nosotros dos.
Mi hermano se encoje de hombros y luego los baja, como quitándole importancia al asunto. Y yo de alguna forma hago lo mismo.
Mi padre nos mira con cariño –hay mucha gente que morirá por tener ese privilegio con cualquiera de los dos. Tienen muchos y muchas admiradores por las calles
-Ya veremos- dice mi hermano.
La tradición es llevar a una pareja. O alguien que te guste... pero... No se me ocurre a nadie. En el teatro hay mucha gente, pero pocos chicos de mi edad con los que he trabajado, eso deja no más a los chicos que acuden simplemente a verme actuar, pero en realidad no conozco en persona a mis admiradores.
¿A quién se supone que debía llevar?
-Aún hay tiempo- nos asegura mi padre.
Tiempo...