Tres semanas después… —¿Qué tal estás? —preguntó Iker desde la puerta de la oficina de César. —Bien, no sé realmente. Estoy algo enredado. —¿Por qué? ¿Todo bien con Alexa? —Si pero… —¿Qué pasa? —No te había contado. Estoy viendo a alguien más. —César —exclamó Iker —. No quiero juzgarte, tú mismo habías dicho que cambiarias o lo intentarías. No te creo. —Espera, no es lo que crees, ni la he tocado. Nada, besos en la mejilla de saludos y despedida, es todo. —¿Cómo? —Si, solo salimos al teatro, a comer, al cine. A esos sitios hemos salido, sin insinuaciones ni coqueteos. Salvo anoche, pasó algo y bueno, no sé. —¿Alexa sabe? —Obvio no. —¿Qué pasó anoche? —Fuimos a ver una película al cine, había fila para subir hasta nuestras butacas, y la tomé instintivamente por la cintura, la

