—Laura amaba este lugar, lo hice especialmente para ella y para ustedes —Señaló Héctor Brais abriendo la puerta de la pequeña cabaña que estaba al lado opuesto de la del abuelo de los muchachos.
Pareciera que hace mucho tiempo nadie tocaba aquel lugar, ni siquiera para limpiarlo. Era hermoso, estaba bastante cerca del río y tenía un jardín enorme y todos se preguntaban cómo se mantenía si nadie venía a ese lugar.
Agni dejó la maleta en la entrada y avanzó, viendo los colores pasteles ser el color que predominaba, subió las escaleras y Enzo la siguió, dándose cuenta que habían cuatro habitaciones, pero una de ellas estaba decorada con cosas de bebés, ambos ingresaron, creyendo que era de ellos, pero no, tenía colores rosas y un nombre tallado.
Mariet Brais.
—Sigue intacta —la voz de su padre los hizo sobresaltar, atrás suyo estaba Zigor con las manos dentro de su pantalón de vestir n***o, se había bajado el cierre de la chaqueta, tal vez porque en ese lugar no hacía tanto frío o porque cuando habían salido era aun de madrugada.
Todos querían darse un baño, ponerse algo más fresco y trabajar en lo que habían encontrado, pero las sorpresas seguían estando en cada lugar que iban, tal vez siempre estuvieron ahí, solo que eran muy ciegos para verlo.
— ¿Mariet fue la bebé que no nació? —Enzó tomó un peluche lleno de polvo, se preguntó cómo hubiese sido aquella niña que no nació, ¿Qué hubiese sido de sus vidas? ¿En algo habían cambiado?
—Sí, cuando vine a esta casa y ustedes estaban pequeños, me llevé con la sorpresa de que Laura había decorado al gusto, y estaba muy segura que sería niña.
—Es imposible que fuera niña, mucho menos si solo sabía cuánto tiempo tenía, en tan poco tiempo no se sabe el sexo de un bebé —explicó Zigor con dureza y todos voltearon a verlo.
— ¿Por qué estás tan seguro que no era una niña? —preguntó Héctor y el rubio soltó un suspiro pesado, miró alrededor y quiso gritar de impotencia, entendía la postura de su madre, también entendía por qué hubiese querido que ellos se fueran con ella, pero tantas secuelas que había dejado su abandono, no eran buenas.
—Tengo mucho que mostrarles, por eso pedí un lugar tranquilo para pasar el fin de semana, para hablar sin que nadie pudiera interrumpirnos —dijo con voz más calmada, lanzó una mirada a su padre y luego a sus hermanos—. Primero hay que hacer esta casa acta para este fin de semana largo y luego les mostraré todo lo que averigüé con los Day.
(***)
La temperatura había subido bastante, ellos suponían que era porque estaban metidos en el campo, y como nunca ese fin de semana el sol daba con fuerza, así que todos andaban con ropa corta y los mellizos cuando les tocó limpiar afuera, las ventanas y el patio, hicieron competencia y luego terminaron por bañarse por completo mientras Enzo corría y Agni llevaba la manguera.
Héctor se carcajeaba acostado en el piso, también estaba mojado, pero feliz. Zigor no recordaba haber pasado ese tipo de situaciones con su familia, o reír de la manera en que sus hermanos lo hacían.
Él por su lado ya había terminado de limpiar todo el segundo piso, así que cuando terminó todo, bajó con cuidado y mantuvo atada el pañuelo n***o en su cabeza para alejar las ondas rubias. Iba descalzo, en algún punto se había quitado los tenis y la camiseta, algo muy dentro de él le decía dos cosas, o muy bien cuando todo esto termine podrían disfrutar de esta paz, o muy bien nunca más la tendrían.
Él corrió con un balde de agua fría arrogándoselo a sus hermanos quienes soltaron un grito de sorpresa para después correr hacía él con agua, nuevamente, Zigor estaba soltando carcajadas y Héctor corriendo fue por la cámara fotografiando cada instante, hasta gravó, quería tener aquellos recuerdos tan efímeros de sus hijos siendo feliz.
Pasado de las tres cuando ya habían almorzado y se habían puesto ropa cómoda, los libros que Zigor había traído, estaban tendidos en la mesa que había sacado de la biblioteca, les pasó a todos guantes y les advirtió que debían tener sumo cuidado, aunque aquellas advertencias con Agni eran de más, ella sabía cómo tomar libros antiguos, como cuidarlos.
—Los Day me han dado mucha información, demasiada para poder procesar —Zigor mantuvo sus manos en la mesa con sus ojos puestos en un libro en especial, recopilación de los Brais escrita por cinco Day. Cinco integrantes de diferentes épocas, pero con las mismas enseñanzas de los primeros Brais.
—Realmente ese museo existe. ¿Qué tanta veracidad tiene?
—Me tomé el tiempo para hacer una línea de tiempo de los hechos que ocurrieron y están escritos por nuestros antepasados —Zigor sacó de su maletín una Tableta para ponerla en la mesa, Enzo fue primero en tomarla y comenzar a leer—. Así mismo leí nuevamente los diarios escritos por los ocho Brais e hijos, viendo las similitudes, y muchas veces a lo que no encontrábamos respuesta, los Day lo tenían.
—Por favor, Zigor, habla ya.
—Para empezar, lo que tenemos más cerca es la hija que Laura decía haber tenido —explicó y su padre lo miró, la tristeza en aquellos ojos cálidos —. Nuestro antepasado es Erko Brais, ya que fue el único que logró concebir hijos, ¿ahí todos me siguen?
Asintieron los tres, Zigor, sacó unas copias donde había hecho mapas con nombres y fechas, así mismo había pegado copias de lo que había encontrado en los libros de su familia, y anotaciones que había sacado de los Day.
—Erko Brais tuvo una hija, su esposa esperaba una niña —solo bastó decir eso para que todos se pusieran alerta—. Esa fue la razón para que Elan lanzara la maldición de no niñas, no mellizos ni gemelos, fue por causa de Erko.
—Eso no está escrito, solo se habla de que su primer hijo nació muerto.
—Porque sería un secreto siempre, despertando así preguntas que nos haríamos y terminaríamos buscando la respuesta, aunque no nos gustara.
—Zigor…
—El nombre de la niña era Ani, y Erko se lo confesó a Julio Day; llorando. Diciendo que su primera hija no nacería, porque era una maldición —Héctor miró a los mellizos para después regresar la mirada al mayor quien tomaba el libro, pasaba página y volvía a leer:
“Brais, el último de los hermanos había estado llorando, sufría, ¿se puede sufrir como lo hacía aquel hombre? No, era un dolor que pocos podían pasar. Ese Brais amaba a una mujer que era tan bella como las rosas, eran palabras suyas y un poco mías, siempre he creído que aquella familia tuvieron la suerte que los dioses los eligieran, parece que mandaban a las ninfas más hermosas para hacerlos felices.
¿Por qué aquel Brais no podía ser feliz? ¿Por qué el guerrero más fuerte y con la suerte que cualquier otro desearía lloraba en aquel lugar, desconsolado?
Una respuesta que detuvo mi corazón, y desde entonces cada noche regreso a mi casa para abrazar a mi esposa y beso el rostro de mis hijos, no había tantas monedas, pero los tenía. ¿Esa era su riqueza?
Esa noche, Brais dijo que su riqueza también era su familia, sus hermanos y su esposa que esperaba un bebé, una niña ¡Una niña! ¿Por qué no estaría feliz? Y aún recuerdo aquellas palabras, porque nunca podría olvidarlas.
¡Los dioses no quieren mujeres, no quieren mellizos! ¡Los dioses me dan la felicidad y me la quitan!
Nunca unas palabras hicieron tanto eco en mí, nunca unas palabras me hicieron llorar. Esa noche dijo que los dioses los habían elegido para ser sus ojos en la tierra, y dar la paz, para ellos pudiera contarles cómo eran los mortales, porque los dioses envidiaban eso, a su propia creación.
¿Puedes envidiar a tus hijos? ¿Se puede? No, eso era imposible. ¿Entonces por qué los dioses los envidiaban? Y ahí lo supo, cuando nuevamente el Brais llorando le dijo:
Ellos nos regalaron el amor, pero a cambio damos nuestra vida, la hemos regalado y no solo la nuestra, sino, la de nuestros hijos, nietos y bisnietos. De todo aquel que posea el apellido Brais ¡Estamos malditos!
Había repetido llorando, ¿Qué de aquello era verdad? Me había preguntado mientras le daba otra copa de un licor barato que solo lo hizo marear, aquel Brais, aunque joven, era tan fuerte como los mayores. El licor barato lo hizo hablar, lo hizo llorar y lanzar una verdad que nunca logré entender.
Ellos mataran a mi hija, a mis nietas y a mis bisnieta, mataran mi amor por ellas, ¿podré andar con el corazón roto, escritor? Y no tuve respuestas para él.
Tiempo después se volvió el más duro, el más fuerte y su esposa perdió a su bebé, todos dijeron que fue una niña, años después tuvo a su primer varón, pero yo nunca vi amor en su mirada como en la noche que habló sobre Ani, sobre la hija que perdió”
— ¿Ani? —Enzo miró a su hermana y luego a su padre—. ¿Quién le puso el nombre a mi hermana?
—Pues, Uriel. Él dijo que Agni era un bonito nombre.
—Es el mismo nombre, solo le agregó la G —torpemente contestó Agni—. ¿Dijo el porqué del nombre?
—Por tu belleza, le recodabas una diosa, pero nunca hizo mención de eso.
—Lo gracioso de eso es que, se menciona una diosa menor, hija de Elan.
— ¿Cómo? —Para ese momento ya todos estaban con un lio en la cabeza y quien parecía conocer todo perfectamente, y saberlo al derecho y al revés era Zigor, quien volvió a tomar el libro, pasar páginas con suma delicadeza y empezar a leer:
Emer Day, el hijo de Julio Day. Escritor de, los secretos de los dioses.
“Los dioses han sido adorados por muchos años, amados y les han hecho altares por cada rincón de Akino, diciendo que ellos dieron una libertad que todos desconocen ¡Libertad! Aun puedo escuchar el llanto de Erkon Brais, incluso siendo un anciano que ha perdido una de las peores batallas, el amor.
Ha tenido hijos, y solo dos han sobrevivo, se han casado y han tenido hijos. Pero él sigue llamando a su hija, pidiéndole a los dioses escuchar su risa, su llanto o ver su rostro, ¿Por qué los dioses no han sido misericordiosos?
Me he acercado esta vez, sí, lo he seguido y él ni siquiera se ha sorprendido. Me ha dicho que me ha escuchado desde que ingresamos al bosque, entonces debo tener en claro que el hecho de que sea un anciano no le quita su habilidad y que en cualquier momento ha podido acabar conmigo con aquella espada que lleva en su cadera, que le hace sentir orgulloso.
Tiene una hija, me ha dicho Erkon Brais, después de largos minutos en silencio y ha mirado el cielo. Tiene una hija, continuó, una hija de menor rango con una ninfa del bosque, aquella diosa no ha sido reconocida pero cuando tuvo que ir en batalla al bosque, cuando sucedió el ataque de Maua y cuando él y sus hermanos tuvieron que dormir a los dioses, la ha visto. Ella le ha dicho que es la diosa de las rencarnaciones, y que su hija rencarnaría.
La ha descrito, y entonces la he dibujado. ¿Podría haber sido una alucinación o tal vez sea verdad?
Ella, aquella muchacha hija de Elan va vestida de blanco, con el cabello largo y n***o, unos ojos azules que brillan, con una ternura única. Es alta, ni siquiera su belleza parece ser de aquellas tierras, de aquel mundo.
Erko Brais me ha pedido escribir esto, tal vez no solo los Day puedan leerlo, tal vez en algún momento, un Brais pueda saber que si existió una hija mujer, y que puede que rencarnara”
— ¿Qué quiere decir eso? —Inquirió Héctor con la voz temblando.
—Estamos seguros, junto con Jay, que Elan estaba celoso del nacimiento de una mujer porque incluso eso quería tener él, ser el único en tener hijas mujeres, así que lanzó aquella maldición sobre nuestra familia, hasta que Agni y Enzo nació.
—Por favor, Zigor, di todo lo que tengas que decir —susurró la joven.
—Físicamente te pareces a la hija de Elan y puede que seas la rencarnación de la primera hija de un Brais —finalizó y la chica ahogó un gemido, Enzo negó repetidas veces. ¿Cuándo habían cambiado las fichas del juego? En un momento estaban luchando para saber la verdad de los dioses y ahora estaban encontrando verdades que realmente los involucraba.
—Es casi imposible ¡Soy igual a mi padre, no podría ser hija de Elan!
—No he dicho que lo seas, y nadie quita que te parezcas a mi padre, como Enzo a él —le explicó, luego largo un respiro largo—. Pero tal vez, solo seas tú quien pueda ser la clave de cómo acabar con los dioses.
— ¿A qué te refieres?
—Queremos saber si realmente esta historia es verdad, si lo es, entonces demostraríamos que Elan no es bueno, y podríamos quitarle el apoyo. Entonces saber las debilidades de los dioses y acabar con todo esto —expuso Zigor y Héctor habló después de haber permanecido en silencio por largos minutos.
— ¿Cuál es tu plan?
—Que Agni se vista como es descrita, y se acerque a Elan, como una devota de él, lo suficiente para poder sacarle la verdad que necesito saber.
— ¿Y cuando tengamos la verdad? —tartamudeó Enzo tomando la mano de su hermana con fuerza, por primera vez estaban algo asustados con lo que había sido revelado.
—Entonces atacaremos y la verdad será mostrada ante todos. No es un secreto para nadie que Elan quiere que su nombre siga limpió, y no solo eso, tal vez y solo tal vez Maua no sea tan mala.
— ¿Crees que ella es mala, que lo que le hicieron fue solo para ensuciar la memoria?
—Ni Elan es tan bueno como dice, ni Maua lo es. Todos los dioses tienen maldad, más de la que pensábamos.