Agni tuvo que ser muy fuerte para no salir a defender a su hermano, para no rescatarlo, y terminó por seguir a Tulipán, quien parecía en ese momento, tener cabeza fría. Cuando llegaron a su casa, el viento estaba dando con fuerza, varias almas se refugiaban en lo que ellos llamaban hogar, mientras otros, se acostaban en los rincones abrazándose porque aún no habían comprado abrigos, aquella mujer le comentó mientras apresuraban el paso, que era normal esos vientos, por eso hacía frío, era uno de los defectos cuando Liev renovó el infierno. Cuando entraron, Tulipán encendió la cocina de piedras, lanzó palos y el fuego lentamente calentó la pequeña casa, mientras Agni vestía al bebé lo más abrigado posible. El pequeño estaba más tranquilo, incluso sonreía cuando Brais lo veía de reojo, era

