En el gran patio de entrenamiento, una docena de soldados vampiros se enfrentaban entre sí bajo la atenta mirada de su Rey. Azrael no necesitaba hablar para imponer respeto. Su sola presencia bastaba para que nadie bajara la guardia. Su andar era pausado, casi silencioso, como si su cuerpo no perteneciera del todo al plano físico.
Envuelto en su capa oscura, observaba los movimientos con ojo crítico. A cada golpe mal ejecutado, el ceño se le fruncía apenas. Azrael era un alma vieja, de esas que han visto caer imperios y renacer civilizaciones. Había vivido muchas vidas, y aunque sus recuerdos de encarnaciones pasadas llegaban como retazos dispersos, comenzaba a entender que Elara era parte de un ciclo mayor.
Un mensajero se acercó con la cabeza gacha, sin atreverse a interrumpir directamente. Azrael alzó una ceja y extendió la mano. El pergamino fue depositado con reverencia.
Lo leyó en silencio. Sus labios se curvaron apenas en una línea pensativa.
—Ya veo...—murmuró.
El capitán del escuadrón, que había estado aguardando cerca, se acercó.
—¿Alguna novedad sobre la loba?
Azrael no respondió enseguida. Dobló el pergamino y lo guardó bajo su capa.
—Es ella. Elara. La loba desaparecida de la manada del norte. Oficialmente muerta hace diez años. Todos lo creían. Incluso su alfa. Pero alguien ocultó bien el rastro.
El capitán enarcó las cejas.
—¿Y por qué esconderla en un pueblo humano?
—Porque su mera existencia es un riesgo para muchos… Especialmente para aquellos que han construido poder sobre mentiras.
Los ojos de Azrael se volvieron hacia el cielo plomizo.
—Han intentado romperla. Doblarla. Pero no lo lograron del todo. Sus instintos están intactos. La fiera sigue viva, aunque su memoria esté sumida en sombras. Cualquier loba común hubiese muerto de inmediato...ella no y eso la hace especial.
—¿La vas a interrogar?
—No. Aún no. —El tono de Azrael se volvió meditativo—. Una mente rota no responde al miedo. Pero tal vez... si le damos un motivo para recordar, lo hará por voluntad propia.
El capitán asintió, aunque no parecía convencido.
—Entonces, ¿la protegeremos?
—Por ahora. —Los ojos del rey brillaron con un matiz carmesí intenso—. Su presencia entre nosotros debe mantenerse en secreto, hasta que llegue el momento adecuado.
Los soldados siguieron entrenando, pero el aire había cambiado. Algo grande estaba a punto de despertar. Y en el corazón del castillo, una loba sin recuerdos comenzaba a soñar con lunas que no sabía si había amado o temido.
Y Azrael... comenzaba a recordar también.
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El líder de los vampiros observaba el valle desde el balcón más alto de su castillo. El viento agitaba su capa y los murmullos de la noche le susurraban verdades que aún no podía descifrar. A sus espaldas, el general vampiro Kael aguardaba en silencio, paciente como siempre.
—Quiero un informe completo sobre Kristal, la luna desterrada del Rey Zar —ordenó Azrael sin girarse—. Desde el día en que fue sentenciada hasta su ejecución. Todo.
Kael se sorprendió.
—¿Sospechás que sigue viva?
—No. Pero quiero asegurarme. Quiero saber cómo murió. Quién la ejecutó. Dónde está enterrada. Quiero nombres —respondió Azrael con voz grave—. Si alguien la dejó respirar más tiempo del necesario... siento que ese personaje pudo haber sido más astuto de lo que creemos.
—Y eso está relacionado con la loba que está prisionera....
Azrael finalmente se dio vuelta. Su mirada era como cuchillas.
—Me refiero a un sistema de mentiras que comenzó hace más de una década. Y quiero saber cuántas de esas mentiras fueron sembradas por lobos.
Kael asintió, comprendiendo la gravedad.
—¿Debo enviar emisarios a las tierras del norte?
—Sí. Contacta a nuestros informantes en los alrededores del territorio de Zar Stone. Y quiero saber quién fue el lobo encargado personalmente de ejecutar a Kristal. Nadie en su posición muere sin testigos. Averigua si ese testigo aún respira.
—¿Creés que fingieron la ejecución?
—No me interesa si lo hicieron por piedad o por miedo. Si alguien desobedeció esa orden, quiero su nombre. Quiero su rostro. Y si sigue vivo... —la voz de Azrael se volvió más baja— ...quiero traerlo aquí, antes de que su alfa se entere primero.
Kael inclinó la cabeza y desapareció entre las sombras.
Azrael se quedó solo.
“Todo esto... por no haber amado a la loba correcta”, murmuró......"El amor es un arma de doble filo"
Y mientras las antorchas del castillo parpadeaban, supo que la verdad estaba cada vez más cerca. Y con ella, el fuego que ardería sobre los reinos.
El rompecabezas se armaba de a poco, él había sido varias versiones de villanos a lo largo de sus vidas pasadas y ahora estaba interesado más en mostrar la maldad de los demás.
Eso no significaba que no aprovecharía esos errores como ventaja para los suyos.
No olvidaba la promesa que le había hecho a sus padres de mantener una suerte de equilibrio entre las especies, pero que sucedía si no era él realmente el responsable de romper ese equilibrio.