El lugar elegido para la reunión era un antiguo templo en ruinas, escondido entre colinas grises y bruma perpetua. Era un sitio neutro, lejos de las tierras del norte y del este, sin emblemas ni banderas. Solo piedras gastadas por el tiempo y el eco de antiguos juramentos olvidados.
Azrael se movía con la elegancia de un depredador en calma. Su presencia imponía respeto, incluso entre los suyos. Había llegado antes que nadie, flanqueado por un puñado de vampiros armados, cuya disciplina era incuestionable.
—¿Está lista? —preguntó a uno de sus capitanes.
—Sí, mi Rey. La loba está esperando tras las columnas del lado oeste. Nadie la ha visto.
—Mantenedla oculta. Quiero que escuche todo. Si intenta escapar, inmovilizadla. No la lastimen.
El capitán asintió y desapareció en las sombras.
Poco después, el Alpha Daniel Dominicus llegó con solo dos de sus hombres. Era un gesto de respeto: ni demostración de fuerza ni subordinación. Vestido con ropas formales de su manada, Daniel saludó con un leve movimiento de cabeza.
—Azrael.
—Daniel.
Ambos se sentaron frente a frente en una mesa improvisada hecha con piedra antigua. Entre ellos, una decena de metros y mil años de desconfianza.
—Agradezco que hayas aceptado esta reunión —comenzó Azrael—. Lo que me interesa no es una tregua con todas las manadas. Solo con las del este. Las del norte tienen sus propios pecados que pagar.
Daniel entrecerró los ojos.
—¿Por qué esa diferenciación? Sabes que el equilibrio entre nuestras regiones depende de la unidad.
Azrael sonrió levemente, pero su mirada era de hielo.
—Porque algunas heridas no sanan. Y otras, ni siquiera han sido reconocidas.
Hubo un breve silencio.
Entonces, Elara, oculta entre las sombras, pudo ver claramente a su primo por primera vez en diez años. Su corazón se aceleró, pero no se movió. Recordó la advertencia de Azrael: "Escucha. No huyas. Necesitás la verdad."
—Hablemos de Elara —dijo finalmente Azrael.
Daniel alzó la cabeza, sorprendido.
—¿Qué tiene que ver ella con esto?
—Todo. Porque fue tu prima. Porque fue parte de tu manada. Y porque desapareció sin que nadie la buscara.
Elara sintió un nudo en el estómago.
—Pensábamos que estaba muerta... —murmuró Daniel, bajando la mirada—. Unos lobos salvajes confesaron su asesinato. Nos dieron detalles. El Alpha Zar cerró el caso. ¿Cómo podríamos dudarlo? se nos prohibió dudar....
Azrael se levantó. Su voz resonó en las piedras.
—Elara fue secuestrada. Torturada. Encadenada. Y mantenida con vida por brujos que ustedes los lobos dejaron escapar junto con la luna del Alfa a una aldea lejana.Su desaparición fue ignorada. ¿Eso no merece justicia?
Daniel tragó saliva. Parecía afectado, pero no sorprendido.
—Yo no sabía...la busque por todos lados...solo hay un culpable...
—¡No lo sabías porque no te importó averiguar! —Azrael golpeó la mesa—. Era tu sangre. Y nadie movió un dedo.
Elara no pudo evitar que una lágrima se deslizara por su mejilla. Detrás de las sombras, sus manos temblaban. El hechizo se debilitaba. Pero ahora, era su corazón el que se rompía.
—¿Está viva? —preguntó Daniel, levantándose de golpe.
Azrael se giró hacia la oscuridad.
—Eso...yo no lo sé todavía ,pero sí quiero hacer algo para saberlo y si descubro algo serás el primero en saberlo, será mí verdadera ofrenda de paz para con los tuyos.
Daniel respiró profundo y después de relajarse al menos un poco enfocó su enojo en el Rey Alfa.
—Zar Stone ha perdido el rumbo. Todos lo saben. Ha dejado que su manada se pudra desde adentro.
—Interesante opinión viniendo de su propio aliado de especie —murmuró Azrael
— Zar siempre fue más político que lobo. Jamás supo cuidar de los suyos.
Azrael dio un paso más cerca.
—Entonces dígame, Alpha Daniel... ¿quién ejecutó a Kristal?
El rostro de Daniel se tensó.
—Fue una orden del Rey. Pero no sé quién lo hizo. Lo mantuvo en secreto.
—¿Y usted cree que ella murió?
Daniel vaciló un momento.
—No lo sé. Pero espero que sí. Esa loba era el veneno disfrazado de luna. Muchos pagaron por su crueldad.
Azrael inclinó levemente la cabeza. Sus ojos, rojos como sangre recién derramada, brillaron con malicia.
—Interesante.
En las sombras, Elara respiraba con dificultad. Las piezas no encajaban del todo. Zar. Daniel. Kristal. ¿Dónde estaba la verdad? ella era.......Elara?
Azrael miró en su dirección, como si pudiera oír sus pensamientos.
—A veces, Elara... la traición viene de quienes deberían protegerte. Recuerda eso. Pronto lo entenderás todo.