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1049 Palabras
Sebastián bajó la mirada, sintiendo la derrota pesar sobre sus hombros. Sabía que no podía desafiar la autoridad del rey, pero también sabía que debía regresar con una respuesta para su manada,para su alfa. Con un suspiro resignado, se dió la vuelta y salió del despacho del rey, seguido de cerca por su mano derecha. Mientras caminaban por los pasillos del palacio, Sebastián se preguntaba cómo iba a enfrentar a su manada y al alfa Daniel Dominicus con la noticia de que Elara no podría unirse a la batalla. A pesar de la negativa del rey, sabía que debían encontrar una manera de seguir adelante y luchar contra los vampiros para proteger a su manada y al reino. ∆∆∆∆∆∆∆∆∆∆∆∆∆∆ No paso mucho tiempo hasta que los guardias se dieron cuenta de que Elara no estaba por ninguna parte. —Maldita loba engreída...—esbozo uno de los guardias. El corazón de Elara latía con fuerza mientras se escabullía por los pasillos del imponente castillo. Sabía que estaba desafiando la autoridad por meterse sin permiso, pero la urgencia de su misión eclipsaba cualquier miedo. La estatua de la Diosa lunar parecía observarla con ojos de piedra mientras avanzaba hacia el santuario de la luna. Al llegar, se encontró con el Rey Zar Stone, el hombre al que una vez rechazó como su compañero. Su presencia imponente llenaba la habitación, y el brillo de las velas parecía danzar en su rostro. Elara tragó saliva, consciente de que estaba a punto de enfrentarse a su pasado y a sus propios sentimientos. El rey Zar no ocultó su enojo ante la intrusión de Elara en el castillo. Sus ojos chispeaban con furia reprimida, pero ella se mantuvo firme en su propósito. Con voz firme, explicó su deseo de proteger a su manada de los vampiros y su necesidad de obtener su permiso. —Realmente quieres morir evidentemente.....entrar de esta forma a mí hogar.. —Mi deber como loba es ayudar a los míos —le replicó ella. "Rey Zar, necesito su permiso para defender a mi manada de los vampiros. Prometo ser respetuosa, pero necesito su autorización para actuar". "¿Por qué debería darte mi permiso después de cómo me trataste, Elara? Rechazaste mi oferta de ser tu compañero, ¿y ahora vienes a mí en busca de ayuda?" ,Zar era el Alfa más temido de su especie y jamás olvidaría tal ofensa. "Estoy dispuesta a hacer lo que sea necesario para proteger a mi manada"— sus palabras eran ciertas y el Rey se acercaba lentamente a ella. "Interesante... Pero no voy a darte mi permiso tan fácilmente. Solo puedo considerarlo si estás dispuesta a pagar un precio". "¿Qué precio?" "Una noche conmigo. Si estás dispuesta a pasar una noche en mi compañía, te concederé el permiso que buscas". Elara sabía que estaba en peligro ,si creaba un lazo con su mate, el hijo del asesino de su familia, no podría controlar sus impulsos ,sus instintos, todo se volvería un juego cruel,¿Era lo suficientemente fuerte para soportarlo? "¿Una noche contigo?" "Nuestras familias son enemigas ,debería darte asco, además soy una loba de lo más común para alguien como tú,el gran Rey." "Sí, Elara, todo lo que quieras...Una noche juntos. ¿Aceptas o no?" Elara sintió repentinamente una mezcla de excitación y tensión s****l,pero al mismo tiempo demostrarle a su enemigo cobardía era algo que no haría. "Acepto". "Entonces tenemos un trato".Exclamó el Rey con un brillo en los ojos que hacía mucho no había tenido. [Esta noche será solo el comienzo] pensó el lobo. Elara asintió, sintiendo el calor crecer entre ellos mientras se enfrentaban con miradas cargadas de deseo y tensión s****l. "Ven conmigo". Elara siguió al Rey Zar mientras él la llevaba a su habitación en el castillo. Cada paso aumentaba la tensión en el aire, y ambos sabían lo que vendría después. Una vez dentro de la habitación, el Rey Zar cerró la puerta con firmeza y se acercó a Elara con determinación. Sus cuerpos se encontraron en un abrazo ardiente, olfateó su cuello generandole un cosquilleo delicioso. —Entonces está claro que nos odiamos —dijo Zar dejando suaves besos en el cuello de la loba que la ponian por demás sensible, poco a poco ,el lugar se llenó de un olor dulzón que solo delataba a Elara. —Sabes que si— respondió ella. En un segundo Zar dejó completamente desnuda a su mujer y la inspeccionó con admiración. Y susurrándole le afirmó "Voy a demostrarte que nadie puede hacerte sentir esta clase de placer " La mujer sintió humedad entre sus piernas y sabía que el Rey lo había detectado. Elara se abandonó al deseo que había estado reprimiendo durante tanto tiempo, mientras el Rey Zar la guiaba con manos expertas hacia la cama. La tensión s****l entre ellos era palpable, y cada roce de piel encendía una chispa de deseo más intensa. Una lengua caliente paso por su muslo tomando de su excitación que ya era obvia. Separó sus piernas y admiro su obra. "Sabía que sentías cosas pequeña, es imposible que no sientieras nuestra conexión " uno de sus dedos acaricio su clítoris hinchado . Un leve gemido se escapó de ella y él chupó su dedo con hambre en los ojos. "Quiero prepararte para que cuando me recibas estés lista" El Rey finalmente se sintió en el cielo, con su compañera se sentía completo y pleno. Todos sus problemas no se veían tan terribles o pesados de afrontar, parecía que había tomado algún tipo de droga que le había dado la fuerza de enfrentar lo que sea. Los cuerpos se entendían muy bien, la Diosa Luna los había hecho coincidir en una y mil formas. —Mia— gruñó el Rey succionando el cuello de la loba que llegó al éxtasis unos minutos después. La noche pasó en un torbellino de pasión y deseo, y cuando el amanecer iluminó la habitación, Elara y el Rey Zar yacían exhaustos pero satisfechos en los brazos el uno del otro. Elara sabía que había pagado un alto precio por el permiso para retornar a su manada, pero en ese momento, con el Rey Zar a su lado, no podía evitar preguntarse si había ganado algo más que su favor.
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