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1002 Palabras

Elara despertó con la sensación de que algo estaba mal incluso antes de abrir los ojos. No era dolor, era una ausencia, algo que faltaba, generándole un vacío tremendo. La habitación estaba en penumbra, impregnada del olor a hierbas y a madera húmeda. Reconocía ese lugar: la cabaña de sanación de la manada, el sitio donde los cuerpos se reparaban y las almas fingían hacerlo. El fuego crepitaba bajo, constante. Demasiado tranquilo. Intentó incorporarse. Su cuerpo respondió… pero no como esperaba. Había fuerza, sí. Pero era distinta. Como si algo que siempre había estado allí ya no acompañara el movimiento. Elara frunció el ceño, respiró hondo y apoyó los pies en el suelo. —Tranquila, querida —dijo una voz suave. Irina estaba sentada a su lado, con el cabello suelto, ya sin la apari

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