Capítulo 7

1087 Palabras
— Alejandra... — Comienza a decir, conmigo esperando impaciente a su respuesta tras decirle que estoy enamorada de él — Yo...no... — Ya estoy aquí — Ambos damos un pequeño respingo cuando papá se sienta de nuevo en la mesa, ha vuelto de hablar por teléfono — ¿De qué hablabais? — Estaba preguntándole a Mateo si algún me querrá... enseñar alguna canción. Ya sabes, con la que pueda ganar el concurso. — Sacudo la cabeza, no ha sido la mejor idea decírselo aquí mismo pero no podía aguantar más. — Tú ganarías con cualquier canción, mi niña, eres una artista, ¿verdad, Mateo? — Él asiente, pero estoy segura de que no tiene ni idea de lo que estábamos hablando. Estaba en las nubes... imagino que pensando en lo que le acabo de decir. ¿Qué pasará por su cabeza? Quizá que estoy loca, que soy una niña caprichosa y malcriada...  O quizá él también me quiera, quizá está pensando en si él siente lo mismo, ¿no? Todo puede ser. Pasamos un rato agradable, después de comer volvemos a casa, papá se adelanta de camino al coche y yo aprovecho unos segundos para frenar a Mateo. — Espero tu respuesta, Mat. — Trago saliva, observando que papá no puede escucharnos — ¿Tú me quieres? Pero antes de que responda mi padre nos llama desde el coche, además, tampoco quiero que se apresure con la respuesta. Le dejaré pensarla, no quiero que me diga un sí o un no enseguida, aunque sea impaciente, hay cosas por las que merece la pena esperar. Me lanza una última mirada rápida y que no entiendo antes de subirse al asiento de copiloto. ¿Por qué tiene que ser tan inexpresivo? Nunca sé lo que quiere decir, ni mucho menos lo que piensa. — ¿Qué vas a hacer ahora, cielo? — Me pregunta mi padre aparcando en la entrada del garaje de nuestro jardín. — Mateo y yo debemos ir a preparar una reunión para mañana. — Tranquilo, papá. — Me quito el cinturón, bajándome del coche — Me apetece tocar un rato la guitarra. — Bien, cariño. Nos vemos en la cena. — Hasta luego papi, adiós Mat. — Hasta más tarde, Ale. — Me guiña el ojo, sonriéndome... y así, con tan solo eso, el corazón se me acelera. Pongo la mano en mi pecho respirando hondo y cerrando los ojos, sintiendo la reacción de mi cuerpo ante Mateo. Subo a mi habitación a por mi guitarra y vuelvo abajo, a tocar al sitio que más me gusta, me encuentro a Mateo en el segundo piso, va con prisa y me saluda con la mano. — ¡Mateo, espera! — Me acerco corriendo. Él se queda parado no sin antes mirar a ver si viene alguien, pero ya me he asegurado que todo está despejado. — ¿Vas a decirme algo? — ¿Qué quieres que te diga, Alejandra? — Respira hondo, revolviéndose el pelo. — Dime que me quieres, Mat. O que me aleje... — Las últimas palabras las digo con un hilo de voz. Me coge de la muñeca para llevarme a un lado, aunque no hay nadie cerca nunca se sabe en esta casa quién va a poder aparecer y de dónde. — Esto es una locura, mi niña. — Me mira a los ojos, que noto apagados, sin brillo. Tristes. — No puedes quererme. Soy el mejor amigo de tu padre, llevo con tu familia desde que tú tenías cuatro años, te vi crecer, Ale. No soy bueno para ti, te haré daño. — Déjame a mí decidir si eres bueno o no para mí, ¿no? — No. Debes alejarte de mí. — Sacude la cabeza con firmeza — Olvidarme. Hazlo, por favor. — ¿De verdad quieres que lo haga? — Pregunto con la voz ahogada, noto cómo mis ojos se humedecen y, aunque intento evitarlo, una lágrima resbala por mi mejilla. — Si, Alejandra. — Parece convencido, incluso aprieta la mandíbula, como si le costara decir — Que te enamores de mí solo puede traer problemas. — Está bien... — Susurro haciendo esfuerzos para sacar la voz. — Adiós, Mateo. Me alejo sin que él pueda responder, miro por encima de mi hombro y lo encuentro en medio del pasillo. Ahora su mirada está vacía, se pasa rápidamente la lengua por los labios, en un intento de decir algo que... nunca sale de su boca. Y se da la vuelta, alejándose. Está bien, quería una respuesta y la he tenido. Quiere que le olvide, no lo ha intentado, ni me ha dado una oportunidad, simplemente me ha pedido que me aleje.  ¿Que no es bueno para mí? ¿Qué me hará daño? Pero, ¿qué demonios pasa en su vida para sentirse así? Es lo que quiere, que esto que ni siquiera ha empezado, ya termine. Y así será. Pasaré página, no voy a intentar nada si la otra persona no está dispuesta a intentarlo también. Algo así, por lógica, nunca puede salir bien. Voy al porche, ahora iluminado por los rayos de sol, me seco las lágrimas que siguen cayendo y comienzo a tocar.  Termino un par de canciones cuando vuelvo a ver a Mateo en la puerta de casa, sé que está escuchando, ¿por qué? ¿Por qué se va y hace que las cosas sean más fáciles para mí?  Comienzo a tocar y cantar Photograph, de Ed Sheeran. La canción que me sale en esta situación. Cuando termino de interpretar la canción le miro, él esboza una pequeña sonrisa desde su posición, lejana. Acabo de cantarle que el amor puede hacer daño, eso está claro... pero también puede curar todas esas heridas del pasado. Heridas que Mateo nunca me ha contado, pero sé que están ahí, Mila, a su manera, así me lo hizo saber. Además, se le nota en cómo actúa, en su forma de ser fría y distante, como si no mereciera que nadie le quiera. Pero yo lo hago, y de una manera que no puede ni imaginarse. ¿Todo el mundo se merece que le quieran, no? Es ése instante de felicidad que te remueve por dentro, que te hace sentir vivo, como jamás has estado. El amor, ese increíble sentimiento que no se puede ocultar, que viene y te dice quién es la persona a la que tienes que darle todo, con la que tienes que ser feliz.  Y en mi caso, sin ninguna duda, esa persona es Mateo.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR