Furia, parte 3.

614 Palabras
Miro mi reloj y noto que faltan 15 minutos para despegar, así que decido que es hora de encender el teléfono y enfrentarme al terrible mal humor que Alfredo pueda llegar a tener. Cuando el aparato cobra vida, me llegan montones de notificaciones de llamadas, mensajes e incluso mails de Alfredo, exigiendo saber dónde y con quién rayos estaba. El teléfono se queda pasmado conforme van entrando más notificaciones y Emilio me mira bastante preocupado. -¿Eso es normal en tu trabajo o es Alfredo siendo él mismo?- -No... No sé por qué tengo tantas llamadas. Quizá algo surgió y era necesario que se comunicaran conmigo. La boda está... - -La boda es de él. Es él quien debería hacerse cargo, junto con Martha. No tú.- - Sí, pero recuerda que yo soy su asistente y...- -Eres su asistente en la empresa, no para asuntos personales. -Creo que atender esos asuntos sigue siendo parte de mis funciones como asistente... Pero relájate. Sólo falta mes y medio para la boda... Luego de eso, tu y yo hablaremos sobre lo que me comentaste. ¿Vale?- -Esta bien, nena. Esperaré con ansias tu respuesta.- -Bueno, ahora voy a revisar qué es lo que pasó en el trabajo y por qué tantas llamadas. ¿Vale?- -Entendido, nena. Yo también voy a revisar algunas cosas.- dice él mientras también toma su teléfono y hace ademán de marcarle a alguien. Trato de abrir w******p pero me siguen llegando notificaciones de mensajes y llamadas de Alfredo. Como me resulta imposible mandarle algún mensaje así, decido que es mejor llamarle. Total, por ahora no puede hacer nada más que gritarme. Marco su número y mientras suena el tono de llamada pienso en alguna excusa convincente para mí desaparición, pero nada me parece lo suficientemente creíble para cuando, por fin atiende. -¿Hola?- -¿Dónde carajos estás?- -Hola Alfredo, pronto estaré en casa.- -¡Deja de hacerte la tonta y contesta! ¿Dónde estabas?- Emilio me mira con curiosidad y sospecho que, aunque bajé el volumen, ha escuchado los gritos de Alfredo. Le sonrió de la forma más tranquila posible para que se calme, meinteas que por dentro estoy hecha un manojo tembloroso de nervios y sigo con mi llamada. -Estare en casa en un par de horas. ¿Vale? Cuando llegue te contaré cómo lo pasé... Me alegro de que el problema se haya resuelto.- -¿De qué mierda hablas, Jennifer? Mueve tu trasero inmediatamente a la casa o no respondo de lo que te haré. Tienes una hora para estar aquí.- -Me temo que tendrán que comer sin mí, llegaré como a las 8 o 9 de la noche. Así que mejor no me esperen. Saludos a Miriam y a tu papá.- -Deja de decir estupideces, en serio, Jennifer. Te quiero aquí en una hora o en serio vas a conocerme.- Dicho esto, cuelga la llamada sin permitirme replicar y lo sé. Está más que furioso. -¿Todo bien, nena?- -Sí, querían saber algo sobre la recepción pero pudieron resolverlo solos.- miento a toda prisa y le sonrío de nuevo. -Bueno, me alegro de que lo resolvieran. Eso prueba mi teoría de que Alfredo debe resolver por sí mismo las cosas relacionadas a su boda.- -Supongo que si, algunas cosas. Pero debes de tener en cuenta que la empresa es una responsabilidad muy grande.- -Quizá es una responsabilidad demasiado grande para alguien como él.- -¿A qué te refieres?- -A nada... ¿Crees que debería ir a esa casa y hablar con el padre de Alfredo para decirle de mis intenciones contigo?- -¿Cómo?- -Ya sabes... Decirle que quiero una relación formal contigo.-
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR