Calma

882 Palabras
Aunque volar me aterra, ahora mismo me gustaría estar en un vuelo que durara mucho más tiempo. Con tal de estar lejos de Alfredo para que tenga la oportunidad de calmarse y no me castigue de una forma tan dura. Cuando por fin aterrizamos, Emilio sigue empecinado en ir a casa de los Lugo a decir que salimos juntos este fin de semana y que quiere una relación formal conmigo. Como no encuentro una excusa lo suficientemente buena para evitar que vaya, no me queda más que aceptar esto y nos encaminamos hacia la casona. Como buen muchacho que es, decide que comprará una botella de vino para el padre de Alfredo y un pequeño ramo de flores para Miriam. Con esta acción, no estoy segura de qué vaya a pasar, pero es seguro que a Alfredo se le van a saltar todos los fusibles.  Vamos en mi coche hacia la casa y, conforme nos acercamos, mis manos tiemblan cada vez más. ¿Qué rayos va a pasar ahora? Pienso que es mejor dejar de preocuparme por ahora y asegurarme de no matarnos de camino a casa. Me relajo un poco y, en un semáforo, me permito observar el bello perfil que tiene Emilio. Miro su cabello castaño y recuerdo lo revuelto que estaba luego de tener su cara metida entre mis piernas y el bochorno me golpea con fuerza. El solo recordarlo hace que mi pulso se acelere y la humedad entre mis piernas se haga presente. -¿Qué piensas, nena?- pregunta él mientras pone su mano distraídamente en mi rodilla y se me acerca. -¿Por qué lo dices?- pregunto un tanto nerviosa, deseando que el semáforo se ponga en verde para acabar esta conversación. -Porque sé que estabas pensando en cosas muy pervertidas cuando me miraste.- dice mientras su palma se cierra con un poco de fuerza en mi pierna y comienza a subir. -¿Có… Cómo lo sabes?- trato de decir cuando siento sus dedos acercarse a mi húmeda entrepierna. -Porque me miraste, te mordiste los labios y tu respiración cambió… Además… juntaste un poco tus piernas… Así que dime, nena, ¿En qué pensabas?- contesta mientras acaricia, casi sin tocar, el área donde está mi clítoris. No sé si para mi fortuna o mala suerte, el semáforo por fin cambia de color y el coche de atrás toca el claxon para que avancemos. A Emilio no le queda más que sentarse correctamente y seguimos el camino a casa. Al llegar, estoy a nada de quitarme el cinturón y abrir la puerta cuando él me detiene. -Espera, nena.- -¿Por?-No me contesta nada y simplemente sale del coche para rodearlo y abrirme la puerta. Salgo del vehículo y lo miro extrañada por su movimiento. -Sólo eso, ahora bésame.- dice mientras estampa sus labios contra los míos y siento como el fuego corre por mis venas. -¿Estás nerviosa?- -Sí, un poco.- Miento. No estoy nerviosa, estoy mucho más que eso. Sólo espero que no pase nada tan grave esta noche. Entramos a la casa de la forma más cautelosa posible pero un chillido de emoción se lleva al traste mi plan. -¡Emilio!- -Martha... que... sorpresa. ¿Qué haces aquí?- -Pues nada, vine a cenar con mi prometido y a esperar a la "señorita" Téllez. Quedan muchas cosas por arreglar para la boda y ella decidió escaparse este fin de semana sin decirle a nadie.- -Bueno, ella puede disponer de su tiempo sin tener que darle explicaciones a nadie. ¿No lo crees?- -Pues sí pero es MI BODA...- -Si eres consciente de que es tu boda, deberías encargarte tú misma de todo lo que se requiere. ¿No lo crees? Hasta donde yo sé, ella sólo debería encargarse de la empresa, no de los asuntos de una boda. -¿Por qué la defiendes tanto, Emilio? Es una persona sumamente irresponsable, ni siquiera dijo dónde estaba y...- -Ella estuvo conmigo el fin de semana. ¿Hay algún problema con eso?- -No pero...- -Entonces no veo el problema, Martha.- -Tienes razón... Pero que bonitas flores. No debiste molestarte, Emilio. Muchas gracias.- -No son para ti.- -¿Entonces? ¿Para ella?- -Su nombre es Jennifer. Y no, tampoco son para ella.- -¿Entonces, para quién?- -Para Miriam.- -¿Por qué? Si yo estoy aquí, las flores deberían ser para mí, no para ella.- -Yo no sabía que estarías aquí, Martha. Es imposible que las haya traído para ti si no sabía que estarías aquí. ¿No crees?- -Ay, bueno... ya... ¿No crees que son bonitas, amor?- -Sí, bastante. Aunque no entiendo por qué están aquí. ¿Hay algo que quieran decirme, amigos?- -Disculpa que no te haya saludado antes pero Martha fue demasiado... envolvente con su charla.- -Sí, así es ella a veces... Aún no contestan mi pregunta, ¿Por qué estás aquí?- -Uhm... Me temo que eso sólo podré hablarlo con tu padre, Alfredo.- -Iré a buscar a mi suegro, ya regreso.- Martha se va, dejándonos solos con Alfredo y, por la forma en que nos mira, sé que está más que furioso. Nos sentamos todos en la sala y no sé por qué la habitación, que siempre me ha parecido enorme, ahora me parece pequeña y asfixiante.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR