Capítulo 1.

1416 Palabras
Para ser el primer día de clases, estaba comenzando de la peor manera posible. Entré por accidente a una clase de último grado y el profesor estuvo toda la hora preguntándome sobre cosas de las que yo jamás había escuchado hablar. De hecho, parecía que el hombre disfrutaba haciendo sentir mal à los alumnos. Cuando por fin terminó la clase, me acerqué a un chico que estaba cerca de mí y le pregunté sobre el salón para mi siguiente clase. -No sé dónde está, de hecho, yo también soy nuevo y tengo clase ahí. Si quieres, vamos juntos. Me llamo Alfredo. ¿Y tú?- el chico en cuestión tenía el cabello n***o, ojos café oscuro y cierta sonrisa que me hacía sentir mariposas en el estómago. Siendo honesta, era el chico más guapo que hubiera visto en mi vida. Además, su perfume era algo delicioso de aspirar. -Yo soy Jenny. Entonces vamos en el mismo grupo, qué cosa tan genial.- nos dimos la mano a modo de saludo y fue la cosa más incómoda de mi vida. -Si, supongo. Ahora sería mejor irnos, ¿no lo crees?- - Buen punto, no quiero que me sigan preguntando cosas que no se.- Cuando por fin encontramos el salón sólo había dos lugares disponibles frente a un chico que miraba a Alfredo con cierta irá mal disimulada. -Bienvenidos, jóvenes, a la máxima casa de estudios. Me imagino que son conscientes de la estadística de ingreso a este plantel en específico. Por si no lo sabían, por cada 12 jóvenes que lo solicitan, sólo uno entra, entonces, ustedes tienen un deber para con los que no se quedaron aquí y demostrar que realmente merecen estar sentados en este salón....- Realmente trataba de concentrarme en el discurso de la profesora pero mi nuevo amigo me estaba distrayendo con un montón de notitas hasta que la profesora nos llamó al frente para ser los primeros en la dinámica que había puesto. -Lo siento profesora, no he escuchado la indicación.- dije honestamente e inmediatamente me sentí mal por lo que había mencionado en el discurso. Tan pronto ya estaba fallando. -¿Quiere alguien decirle a la señorita qué debe hacer?- preguntó la profesora al resto del grupo y el chico que estaba detrás de mi asiento vació levantó la mano. -Tienes que decirnos tu nombre, edad, dónde vives, las cosas que te gustan y lo que te gustaría estudiar. Yo me llamo Emilio González, tengo 15 años, vivo en Coyoacán, me gusta el futbol americano y tocar el piano pero quiero estudiar Medicina.-su voz era firme pero dulce, en cierta forma. -Gracias Emilio, ahora bien, señorita, la escuchamos.- -Uhm... Bien, me llamo Jennifer Téllez, también tengo 15 años, vivo en Ecatepec, me gusta dibujar, aunque no lo hago de forma profesional y también me gusta cocinar. Respecto a lo que quiero estudiar, aún no me decido entre Medicina, Enseñanza de francés o Administración.- esas fueron las opciones que más me llamaron la atención el día que fui con mamá a la exposición de carreras que ofrecía la Universidad. -Muy bien, señorita, puede ir a sentarse, ahora le toca a su compañero. Lo escuchamos.- -De acuerdo, mi nombre es Alfredo Lugo, también vivo en Coyoacán, cerca del campus central de la Universidad. Me gusta la natación y he ganado algunos concursos a nivel regional. Quiero estudiar Administración porque la empresa de mi papá quedará a mi mando cuando él se retire.-así que mi nuevo amigo era una persona con algo de dinero y una vida, al parecer, resuelta. La verdad es que su tono de voz no dejaba dudas sobre nada de eso. -De acuerdo jóvenes, pueden ir a sentarse.- Y tan pronto como nos permitió hacerlo, agradecí con una nota al chico. La verdad era guapo, con cabello castaño y un cuerpo atlético. Además de unos ojos de un café claro que me dejaron ligeramente aturdida. El resto de las clases fueron básicamente lo mismo, el discurso de los profesores y luego presentarnos. Hubo ciertos roces cuando, en la clase de Educación física, el profesor nos pidió hacer equipo y ellos dos no permitieron que nadie más estuviera con nosotros. Nuestra última clase fue Matemáticas y Alfredo no estuvo para nada contento de que Emilio decidiera sentarse a mi lado derecho. De hecho, parecía que por alguna razón su presencia le molestaba de sobremanera. Cuando por fin terminó la clase, recordé que no tenía los apuntes de la primera clase y se los pedí a Emilio. -Te los daré pero con una condición.-dice mientras me tiende el cuaderno y nos sentamos en las bancas que están frente a la biblioteca. -Ayñ... No tengo mucho dinero... pero está bien.- rápidamente hago cuentas y creo que podría darle algo de dinero por el favor. -¿Quién habló de dinero? Me gustaría que fueras conmigo a comer un sándwich el viernes, que es el día que salimos temprano.- -Me gustaría mucho, pero no se si pueda... Te avisaré el jueves. ¿Te parece?- -Bueno, espero que sí. De todos modos, nos pidieron formar equipos en Literatura y quisiera saber si quieres estar conmigo...- -Claro, ¿Te parece bien si también está Alfredo? Así puedes invitar a alguien más y estaríamos completos.-contesto rápidamente al notar que la indicación señala que los equipos son de 4 personas. -¿Ustedes se conocen de algún lugar o por qué han estado juntos todas las clases?-pregunta con cierto recelo. -No, sólo es que coincidimos en un incidente y nos caímos bien.- -Que afortunado... supongo.-susurra con cierta incomodidad y eso me hace pensar en que le tiene mala fe. -¿Por qué lo dices? ¿Ustedes se llevan mal?- -Nada más y no, sólo que ya nos conocemos de antes. ¿Ya terminaste? Si quieres, puedo enviarte las fotos por mensaje. Sólo dame tu número y listo.- -Uhm... lo que pasa es que no tengo celular...- -¿Cómo es eso posible?- preguntó él, sorprendido. -Pues... digamos que no todas las personas tienen la misma capacidad para comprar cosas que tú... De hecho... creo que necesito un trabajo o algo así.- -¿Trabajar? No lo creo, nadie te daría trabajo pero yo podría regalarte este teléfono cuando mi madre me regale otro por mi cumpleaños. ¿Lo aceptarías?- -No lo sé, no me sentiría cómoda... Ni siquiera me conoces y no creo que a tu mamá le parezca correcto que regales algo que, de seguro, le costó mucho dinero.- -No te preocupes por eso... De hecho, ¿Te gustaría ir a mi casa para celebrar mi cumpleaños?- -No lo sé, no he ido a esa zona de la ciudad y la verdad me da miedo ir a sitios que no conozco.- -¿Estás libre este sábado?- -Creo que sí, ¿Por?- -Para que me acompañes a un partido y luego vayamos a conocer cerca de la Universidad.- -La verdad... No sé si me den permiso.- me gustaría ir con él pero no sé si los problemas entre mis padres se hayan solucionado para ese día. -¿Te puedo preguntar algo?- -Uhm... está bien, siempre y cuando no sean cosas inapropiadas.- -No, no te preocupes. Sólo te quería preguntar algo: ¿Está todo bien contigo?-dice mientras se acerca y acomoda un mechón de cabello detrás de mi oreja. -¿Por qué lo preguntas?-¿Será muy evidente que todo en casa me afecta demasiado? -Nada más, sólo tuve esa curiosidad. Pero no te preocupes, si quieres mejor llévate el cuaderno y mañana me lo regresas. Ya me tengo que ir a entrenar.- nos levantamos de la mesa y lo guardo con cuidado en mi mochila. -Bueno, lo siento. Mañana te lo doy y prometo que lo cuidaré.- le sonrío y su cara se ilumina de una forma increíble. -Bueno... nos vemos.-me da un beso en la mejilla y siento que mi cara arde de la vergüenza por eso. Se aleja de mí y Su gesto de despedida me sorprende y me hace sentir ciertamente inquieta pero prefiero ponerme a buscar a Alfredo para decirle que ya tenemos equipo para Literatura. Cuando voy a levantar mis cosas, por alguna razón alzo la mirada y me encuentro con que Alfredo me mira de forma dura desde el segundo piso. Siento el irrefrenable deseo de ir allá y explicarle que sólo estábamos hablando sobre las clases pero me detengo al darme cuenta de que sería demasiado raro eso con una persona que conocí hace menos de 12 horas.
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