Este mes ha sido verdaderamente cansado. No entiendo cómo es posible llevar tantas materias y no morir en el intento. Las materias que más me gustan son Literatura e Historia, porque los profesores dan su clase de una forma tan apasionada que me hace sentir... no lo sé, tan dentro de lo que estamos estudiando.
La verdad, me gusta mucho estar en esas clases porque es cuando Alfredo está más callado y no molesta tanto a Emilio. Aún recuerdo que se enojó muchísimo la primera vez que salí a comer con él y el berrinche que hizo al día siguiente cuando fui a verlo jugar y me invitó a comer con sus amigos. Realmente no sé por qué él estaba ahí si ni siquiera le gusta jugar...
Siendo honesta, me gustó mucho mas pasar ese día con Emilio que otras veces que he ido a la plaza que está detrás de la escuela con Alfredo. Sentí que podía ser yo misma y le conté un poco sobre las cosas que pasan en casa, que no sé nadar y que ni siquiera he visto el mar. Me gusta cuando me acomoda el pelo detrás de la oreja y cuando se acerca a saludarme con un besito en la mejilla. Me gusta la forma en que su aroma me envuelve y me hace sentir en paz.
Alfredo es todo lo contrario. Me hace sentir siempre incómoda por cómo habla de las chicas con las que se besuquea entre las clases... o durante las clases, ya puestos. La verdad es que sí tiene cierto talento, porque entre sus víctimas, hay incluso chicas de último año. Dejando de lado eso, él es muy interesante. De verdad se le dan bien las matemáticas y me ayuda cuando me atoro en algunas cosas. Además, he notado que también es bueno en Literatura, pero no le toma tanta importancia a eso.
A veces me hacen sentir sumamente confundida por la forma en que se comportan entre ellos; porque, a veces, son demasiado amables o algunas otras parecen estar a punto de agarrarse a golpes. Realmente me gustaría saber por qué.
Hoy estoy un tanto nerviosa porque el profesor de Educación Física nos hará entrar a la alberca y aún no he tenido oportunidad de decirle que no sé nadar. Nerviosa, me pongo el traje de baño y pienso que me viene ligeramente grande del pecho. Odio mi cuerpo. Odio que mi cabello no se decida si es café o n***o, sino que tiene que ser café del frente y oscuro de la parte de atrás. Odio que sea tan rebelde y se me escape porque es demasiado liso para un chongo pero demasiado esponjado para llevarlo suelto. Odio que mis ojos no sean de un hermoso color miel o algo así, sino de un, nada inusual, color café. Odio que mi cuerpo no haya desarrollado unos pechos bonitos como con el resto de mis compañeras, sino que se confundió y envió todo el material a un trasero que parece descomunal si no estoy usando sudaderas todo el tiempo.
Aún con todo ese desprecio hacia mi propio cuerpo, termino de cambiarme y salgo a la alberca, buscando a Emilio. Lo encuentro charlando con otros chicos, cerca de la zona más profunda, y me acerco a él rápidamente para hablar del miedo que me da entrar al agua por primera vez. Camino en el borde de la piscina, con cuidado de no caerme, hasta estar casi a su lado cuando sólo siento que alguien me empuja y caigo al agua.
Mi mente se queda en blanco un momento hasta que trato de pararme y me hundo por completo en el agua.
-Ayud...-Cuando trato de hablar el agua entra por mi boca, haciéndome toser y dar arcadas. Trato de mover mis brazos y nadar de alguna forma pero no lo consigo. Sólo puedo escuchar la risa de Alfredo a lo lejos y me hundo de nuevo.
-Eres un imbécil, ella no sabe nadar.- Escucho decir a Emilio cuando vuelvo a emerger pero de nuevo trago una enorme cantidad de agua y me siento demasiado aterrada para seguir tratando de mantenerme a flote, así que simplemente me dejo hundir.
De pronto, siento que alguien me obliga a emerger hacia la superficie y miro a Emilio, quien me arrastra a la orilla de la alberca, donde el profesor lo está esperando con cara de susto y ayuda a mi tembloroso cuerpo a salir. Cuando por fin estoy fuera del agua, Emilio me envuelve con su toalla, cual si fuera un rollo de sushi y me sostiene, porque me es prácticamente imposible dejar de temblar.
-¿Qué carajos fue lo que pasó? Les dije que nadie podía entrar hasta que yo volviera.-
-Lo sé profesor, pero Alfredo la empujó y ella no sabe nadar.-
-¿Por qué dices eso de tu compañero? ¿Tienes pruebas?-
-Todos lo vimos, así que se lo puede preguntar a mis demás compañeros si no me cree.-
-¿Viste a la persona que te empujó?-
-No realmente profesor. Estaba de frente a la alberca y no pude ver nada.-
-Pues resulta que si tú no viste quién te empujó, yo no puedo hacer nada. Así que será mejor que te quedes aquí, niña. En cuanto a ti, jovencito, es mejor que no acuses a tus compañeros si no tienes pruebas en su contra. Cuando se calme llévala de inmediato a la enfermería y dile a la doctora que se cayó a la alberca.-
-Está bien profesor.-
Dicho eso, el profesor se va con el resto del grupo y nos deja solos. Emilio me abraza con un poco más de fuerza y eso es lo que finalmente me rompe, así que simplemente me pongo a llorar por el miedo que me dio estar ahí y sentir que ahí terminaría todo para mi.
-Tranquila nena, todo estará bien. Aquí estoy yo para cuidarte, así que nada te pasará.-
-Es que... Estaba tan... profundo... Y yo... Y yo no...-
-Lo sé, nena, lo sé. Pero no te preocupes, yo te enseñaré a nadar y siempre voy a cuidarte.-
-¿De verdad? ¿Lo prometes?-
-Claro, con la mano sobre el corazón, nena.-
-Gracias, eres un gran amigo... En serio, te agradezco tanto haber salvado mi vida... No sé cómo podría pagarte...-
-No te preocupes, ya veremos. Por cierto, ¿Cómo te sientes?-
-Ya mejor, muchas gracias.-
-Bueno, entonces vayamos ya al servicio médico. ¿Si?-
-Está bien, vayamos.-
Me acomodo la toalla, de tal forma que ya no soy un rollo y Emilio me da la mano mientras caminamos hasta la puerta de los vestidores. Ese gesto me hace sentir... cierta calidez y me reconforta de una forma inexplicable.
-Te veo del otro lado nena.-
-¿No crees que debería tomar un baño primero o por lo menos cambiarme? No quiero ir... Ya sabes... en traje de baño por toda la escuela.-
-No te preocupes, la clase recién comenzó, así que nadie nos verá. Además, quiero que la doctora te revise para estar más tranquilo... Realmente te diste un buen golpe.-
-Uhm... Está bien, entonces te veo del otro lado.-
Camino rápidamente hacia la otra salida y lo encuentro a punto de tocar la puerta, lo cual... verdaderamente me sorprende.
-¿Todo bien contigo?-
-Sí, sólo quiero asegurarme de que estás bien.-
Dicho eso, de nuevo me toma de la mano y entramos con la doctora. La cual, es una persona sumamente enérgica y se pasa unos 5 minutos regañándome por no haber estado atenta a mi entorno. Luego de eso, me revisa por completo y me manda unos medicamentos para mi oído interno, que está muy inflamado por la caída.
Me menciona que tuve mucha suerte de no haber caído con más fuerza, porque eso habría significado más complicaciones y luego me da un justificante para los siguientes dos días, pues, al parecer, necesito mucho reposo por si me mareo.
Salgo de la consulta un poco cabizbaja, porque sé que el medicamento será algo caro y me encuentro a una chica charlando alegremente con Emilio... demasiado cerca de él. Tengo cierta sensación en mi vientre bajo cuando noto que él, al igual que yo, está en traje de baño y su cuerpo es demasiado atlético como para que esté así por aquí. Por alguna razón, nota mi mirada y se despide de su amiga para venir hacia mí con una enorme sonrisa.
-Una foto dura más, nena.- Dice con un aire extraño mientras se acerca a mí y no sé qué hacer cuando entiendo que me ha atrapado mirando todo su cuerpo.
-Yo... lo siento... No quería...-
-No te preocupes. No me molesta cuando eres tú quien me mira. ¿Qué te dijo la doctora?-
Le relato rápidamente lo que me dijo la doctora y él, con una suavidad enorme, toma mi cabeza con cuidado y me comienza a tocar cerca de mi oreja.
-¿Te duele?-
-No realmente... Aunque sí me siento un poco "rara" y no sé por qué.-
-¿Cómo de rara? ¿Mareada o algo así?-
-No lo sé... Quisiera acostarme a a descansar, fue algo muy feo.-
-Me temo que no es posible que te duermas ahora, de verdad te diste un golpe muy fuerte. ¿Qué te parece si vamos a comer algo? Tienes dos días justificados y...-
-No, no quiero molestarte.-
-No es molestia Jenny, es que realmente te diste un buen golpe ahí dentro y me gustaría asegurarme de que no te duermas. Es importante. ¿Qué clase de médico seré si no cuido de mi paciente más importante?-
-No... En verdad, no tengo...- Justo cuando iba a decir la palabra "hambre", mi estómago decidió hacer acto de presencia con un sonido ensordecedor y eso me dejó en completa vergüenza con Emilio.
-Tu estómago no está de acuerdo con tu comentario, así que vamos. En la plaza hay un lugar muy bonito donde podemos comer algo caliente y reconfortante.-
-Pero... ¿Y Alfredo?-
-Alfredo podrá sobrevivir sin ti. Además, fue él quien te tiró a la alberca, espero que no se te olvide eso.-