Navidad.
Entrar a esta escuela es, definitivamente, la mejor de las cosas que me han pasado en la vida. Tengo profesores que, aunque son estrictos, son los mejores en lo que hacen y nos alientan a serlo también. Todo el conocimiento que nos brindan es, en definitiva, un tesoro que siempre voy a atesorar.
He conocido a varias personas que ahora son importantes en mi vida, como mi amiga Leonor, que es una chica que viene de Pachuca y es la única chica que se ha acercado a mí sin importar que yo no sea la más inteligente del salón o la más habilidosa socialmente hablando.
Las otras personas importantes en vida son, por supuesto, Alfredo y Emilio. Alfredo porque fue la primera persona que conocí y, aunque a veces tiene un poco de mal genio, es sumamente dulce y apasionado cuando se siente cómodo. Me agrada mucho estar con él porque no tiene filtros para decir lo que piensa y hacer las cosas a su modo, sin importar nada.
Otra cosa que me agrada y, a la vez me asusta de Alfredo, es el modo en que me mira cuando estamos solos. Es la clase de mirada que creo que le das a tu platillo favorito cuando tienes mucha hambre o no sé, pero me hace sentir, en cierta forma, atractiva.
Por otro lado, Emilio siempre es un caballero… de hecho, creo que lo veo de la misma forma que me imagino sería Cedric Diggory en Harry Potter. Las veces que me ha invitado a comer a su casa o a sus partidos se han caracterizado por darme momentos de mucha paz y cierta inquietud en el corazón. Lo que más me gusta de él es la forma en que me hace sentir cuando estamos juntos, es decir, el modo en el que siento que él me protegerá de todo y de todos.
Dejando de lado el incidente de la alberca, las cosas han sido bastante buenas con mis dos mejores amigos y es por eso que, aprovechando la fecha, haré una bufanda para Alfredo y una tarjeta con una canción para Emilio. Quiero que sean los regalos perfectos para los mejores amigos que puedo llegar a tener.
Aunque hacer la bufanda ha sido un proceso verdaderamente lento, dado que no soy la más talentosa con las agujas de tejer, debo reconocer que está quedando bastante bonita. Elegí el color azul marino y el blanco porque son los colores que más suele usar para vestirse y me gustaría que pudiera usarla tanto como quisiera sin que tuviera el problema de que no combine con el resto de su atuendo.
La tarjeta para Emilio también me costó algo de trabajo. Conseguir los materiales adecuados fue la parte más difícil, pues, a la hora de verlos, nada me parecía lo suficientemente bueno como para merecer estar en ese trabajo. Además, se me ocurrió la idea de hacer unas filigranas y una pequeña decoración con naturaleza muerta. Para la canción, elegí una de una banda que me gusta mucho y el fragmento dice así:
Si estás perdido
Solo sigue tu voz
No olvides que estamos aquí
Poco tiempo
Solo cree en los que te aman
Verdaderamente (1)
Aunque la canción es un poco romántica, elegí esa parte porque me hace pensar en lo mucho que Emilio sufre desde que su papá murió. No me ha contado muchas cosas, pero sé que fue poco antes de que lo expulsaran de la escuela. Me gustaría encontrar la forma de que su sufrimiento fuera un poco menos o algo así. Encontrar la forma de que vuelva a sonreír como en esas fotos que están en su casa.
Me gustaría retribuir de alguna forma lo mucho que él me ha ayudado a sobrellevar las peleas de mis padres y que estas no afecten mi desempeño en las clases. Creo que Emilio es una persona que siempre está dispuesta a ayudar a los demás y por eso sé que será un gran médico.
Hoy es el último día de clases antes de las vacaciones de fin de año y es por eso que me siento un poco nerviosa. Hoy entregaré los regalos a mis amigos y no sé si les gustarán… espero que sí.
Al ser un día tan importante, me esmeré un poco en arreglarme. Aunque soy más de tenis y ropa holgada, hoy me puse bastante formal. Tomé prestado un suéter blanco de mamá que me gusta mucho y me puse una blusa, también blanca, que tenía mucho tiempo deseando poder estrenar. Mi cabello, generalmente peinado en una trenza o un chongo, hoy está suelto y acomodado en bonitas ondas.
Aunque no soy muy fan de maquillarme, como el resto de mis compañeras, hoy decidí ponerme un poco de sombra de ojos y un labial que, aunque es un poco demasiado rojo, me gusta cómo se me ve.
El camino hasta la escuela hoy fue un poco tortuoso porque todo el mundo quiere irse ya de vacaciones o están en la misma situación que yo: tratando de transportar cajas de regalo para las personas que les son importantes. Cuando por fin llego a la escuela, me permito respirar con cierta tranquilidad porque los regalos llegaron intactos y mis amigos están en el lugar donde quedamos para vernos. Pedí que nos viéramos en el Edificio C, en el salón de Matemáticas, porque, como es el último piso, no habrá casi nadie y podremos estar tranquilos.
Alfredo está como siempre, guapísimo. Eso es algo que me gusta mucho de él, porque tiene una belleza física que puede desconcentrar a cualquier chica. Emilio también se ve muy guapo. Lleva puesta una camisa color vino y una corbata negra que, no sé por qué, me gustaría quitarle. Oh, no… De nuevo los pensamientos raros vienen a mi mente. Debo enfocarme, por favor.
Me apresuro a llegar hasta ellos y los saludo con besos en la mejilla y un fuerte abrazo. Alfredo no quiere que le bese porque teme mancharse, pero he tomado precauciones y mi labial es de los que no se transfieren pero aún así, él se niega. A veces es muy raro, pero decido no insistir.
Emilio me da un fuerte abrazo, de esos que sabe que me gustan, y me besa dos veces en las mejillas, tratando de hacerme olvidar el incómodo momento con Alfredo. Su aroma tan característico me envuelve y sí, me siento mucho mejor.
-Felices fiestas, chicos- Digo mientras le doy a cada uno su paquete.
-Felices fiestas para tí también.- Contesta Emilio con una enorme sonrisa.
-Gracias por el regalo, Jenny. Felices fiestas para tí también.- Dice Alfredo de pronto y una calidez enorme me invade.
-No agradezcan, son los mejores amigos que tengo y, como han sido niños buenos, les traje estos regalitos. En serio chicos, me alegro de que seamos los mejores amigos.-
-Bueno ya, vamos a ver qué hay aquí.- Habla Alfredo y ahí está él, el que siempre evita las demostraciones afectivas como si fueran veneno.
-Espero que te guste, en verdad.- Abre la bolsa, saca la bufanda y la examina unos instantes para luego mirarme.
-¿De dónde sacaste esta basura?- Me pregunta mientras sostiene la bufanda lejos de su cuerpo.
-¿Basura? ¿Por qué lo dices?- Pregunto entre dolida y confundida por sus palabras.
-Pues es que esta cosa está horrible, no debiste gastar tu dinero en algo tan desagradable, Jennifer. Ya te he dicho que, si quieres comprar cosas, me digas para que te enseñe los lugares que valen la pena.- Dice mientras la sacude y me mira inquisitivo.
-Yo… yo, lo siento mucho…- Siento mis ojos aguarse y Emilio me sostiene. Los comentarios de Alfredo en verdad me duelen porque me esforcé mucho en esto.
-No seas cruel con ella, Alfredo. Ella no la compró, la hizo para tí.- Siento los brazos de Emilio tensarse a mi alrededor cuando le dice eso.
No sabía que Emilio me vio hacerla. Se supone que me había escondido en la biblioteca durante los ratos libres para hacerla sin que nadie me viera, pero parece que no lo hice bien.
-No lo creo, en serio es una cochinada.- Me mira con cierta furia y de pronto se gira.
-¿Qué haces? No Alfredo, para. Si no te gusta, sólo no la recibas y ya. No es necesario esto.- Emilio entiende lo que hará y trata de detenerlo pero creo sería mejor no hacerlo. En cierta forma, creo que tiene razón, pude haber hecho un mejor trabajo o haberle comprado algo bonito.
-Claro que es necesario. Jennifer, aprende que lo que me regales siempre debe ser lo mejor, porque yo sólo merezco lo mejor. Y si ya terminamos con este teatro, yo me voy. Tengo cosas mucho más importantes que hacer hoy.- Cuando lanza la bufanda dentro del bote, algo dentro de mi se resquebraja un poco pero creo que tiene razón.
Mi amigo está a niveles superiores al mío y debo cuidar que las cosas que use no lo hagan quedar mal frente a las personas con las que se va a relacionar en un futuro.
-Lo siento mucho, Alfredo. Te prometo que no volverá a suceder. Seré más cuidadosa en el futuro.- Digo en voz baja y limpio una lágrima que se me escapa.
-Eso espero. Adiós.- Dicho eso, simplemente se va y yo no sé qué hacer porque siento mi cuerpo temblar sin control.
-Oye… Tranquila… Jenny, mírame por favor.-
-Yo… No puedo…-
-No le hagas caso, nena. Era un regalo muy bueno para una mierda de persona como él.-
-Basta Emilio, por favor. Deja de atacarlo, él es una buena persona, yo lo sé.-
-No es así, Jenny. ¿Cuándo te vas a dar cuenta?-
-Ya no quiero hablar sobre eso, por favor…-
-Está bien, nena. ¿Qué te parece si nos vamos ya?-
-¿Y las clases?-
-Hoy no habrá nada, es el último día.-
-Uhm… No lo sé…-
-Anda, vamos a Parque a tomar un café y luego me acompañas al partido.-
-Cielo santo, ¿Esa cosa es hoy?-
-Sí… ¿Lo olvidaste?-
-No, no, no. Sólo pensé que sería mañana. Los juegos siempre han sido en sábado y hoy es viernes. Pero sí, claro que iré. Sabes que no me he perdido ninguno de los partidos que has jugado de local y este no será la excepción.-
-Bueno, entonces hay que irnos ya porque son las once y el partido es a las 3. Si no hay mucha gente en Parque podremos ir a mi casa a la una y llegar a Zacatenco con el tiempo justo para el partido.-
-Está bien, hay que irnos ya. Aunque sigue siendo un misterio para mí el por qué juegas para la universidad contraria y no para tu alma mater.-
-Es porque mi papá estudió en el Instituto y vestirme con el guinda y blanco me hace sentir un poco más cerca de él…-
-Hey… tranquilo, no quería hacerte sentir mal. Fue una pregunta tonta y me disculpo por eso.-
-Tranquila nena, no tienes por qué disculparte conmigo, yo no soy tan delicado como Alfredo. Vámonos ya.-
-¿No vas a abrir tu regalo?-
-Aún no, lo abriré cuando estés conmigo celebrando la victoria de esta tarde. ¿Sí?-
-Para mí será un honor compartir la victoria contigo, pero tú debes anotar muchos touchdowns. Así que, entonces, depende de ti.-
Nos vamos a Parque y tomamos chocolate caliente en el café de la sirena verde. Aunque me sigue doliendo un poco la acción de Alfredo, decido pasarme un buen rato con Emilio y el tiempo se va como agua entre risas y bromas.
-Espera, quiero tomarnos una foto.- comenta Emilio mientras saca su teléfono y me mira.
-¿Por qué? Ya tenemos muchas.- susurro un poco nerviosa.
-En todas esas fotos estoy sudoroso y lleno de tierra, no seas injusta. Además, hoy estás muy guapa y quiero guardar la evidencia de que también puedes usar maquillaje.-
Su comentario me da algo de risa porque es verdad, no sé cuándo me volveré a maquillar, así que acepto hacernos un par de fotos. Además, él también se ve muy guapo. Además, todas las fotos que tenemos juntos nos las he tomado después de los partidos.
Nos tomamos varias hasta que quedamos satisfechos y me las comparte por Messenger. Veo una en la que nos vemos particularmente bien y decido que la pondré de fondo de pantalla. Él hace lo mismo y al mirar la pantalla bloqueada nos damos cuenta de que es hora de irnos.
Afortunadamente, el viaje fue rápido y llegamos a tiempo para el partido. Lo bueno de ir a su casa, es que Emilio me prestó una de sus chamarras porque mi suéter es algo delgado y en el estadio siempre hace algo de frío. Sostengo con fuerza el paquete de su regalo mientras espero el inicio del juego.
El partido es bastante reñido y la primera mitad el equipo de Emilio pierde por dos anotaciones. De hecho, hasta lo capturan y siento que mi corazón se detiene cuando lo veo en el piso pero se levanta y me hace una señal con la mano, indicando que todo está bien.
La segunda parte es otra historia. El equipo consigue empatar el marcador y, justo después de la pausa de los dos minutos, Emilio logra una carrera de 25 yardas, asegurando la victoria para el equipo.
Cuando el árbitro da por terminado el encuentro, corro hacia mi amigo con su regalo en mi mano y lo miro sonriente.
-¡Lo lograste!- digo en cuanto llego a donde está él y tomo nuestra foto de la victoria.
-Si, gracias a ti por apoyarme.- dice mientras acomoda un mechón de cabello detrás de mi oreja. ¿Alguna vez he mencionado cuánto me gusta que lo haga?
-No es así, el equipo ganó porque eres un jugador buenísimo.- tomo la mano que tiene en mi oreja y la agito emocionada.
Le entrego su regalo y se quita los guantes para abrirlo con un cuidado tremendo. Observa la tarjeta con mucho detenimiento y cuando la abre, su rostro me dice que de verdad le gusta mi regalo. De pronto, me suelta la mano y me abraza por dentro de su chamarra y acerca su cara a mi oído para decir lo siguiente:
-Jenny, te quiero muchísimo.-
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(1)Poher, B. (2000). Comme le monde est grand [CD]. Francia: Zomba Records. Recuperado de https://open.spotify.com/track/4rv6gU5f41t19yqSlqep5y?si=d7d04b83c4794768