Ilusiones

1233 Palabras
Cuando llegamos a casa, dedicamos un buen rato a limpiar y a lavar los trajes de baño que trajimos, para poder usarlos sin temor alguno. Comemos un poco de las obras qué quedaron de ayer y vamos a la playa. El sol está brillando con fuerza en lo alto coma el cielo está despejado y la brisa marina nos refresca de una forma muy agradable. Aspiro profundamente para inundar mis pulmones con ese agradable aroma del mar. -¿Puedo ponerte el bloqueador?- pregunta Emilio con esa sonrisita qué me hace saber que trama algo. -Claro, si me lo das por favor, te dejaré ponérmelo.- Contestó sabiendo que olvidamos comprarlo y quiero ver la forma en que lo resolverá. -¿Dónde está esa cosa?- Pregunta luego de buscarlo por todos lados y no hallar nada. -Ya te dije, todo lo que compramos y que no traigo puesto están en la mesa de la palapa. -Acepta que olvidaste comprarlo y vamos a buscar uno antes de que comencemos a quemarnos seriamente.- -¿De verdad olvide comprarlo? - me pregunta con cierto aire de tristeza. -Sí, pero no te preocupes, a mí también se me olvidó recordarte, así que vamos, debemos ir a que nos estafen en alguna farmacia.- Nos ponemos de pie y le avisamos al hombre que nos rentó la palapa que volveremos y nos encaminamos hacia la farmacia más cercana. Vamos juntos por la orilla de la playa y aunque algunas mujeres lo miran cómo si quisieran arrancarle la ropa, él no le regala ni un segundo de su atención a ninguna. Solo se dedica a mirarme y disculparse una y otra vez por no haber comprado el protector solar. Me siento muy complacido al notar eso, al notar que no importa lo bellas y voluptuosas que sean, él ni siquiera las mira. Compramos rápidamente lo que necesitamos y vamos a la playa caminando sin prisa. Nos recostamos de nuevo a la sombra de la palapa y Emilio comienza a ponerme el bloqueador en el abdomen y las piernas.  No sé si esa es la intención o realmente es un accidente pero cuando pone mi tobillo en su hombro no puedo hacer otra cosa más que sentirme verdaderamente excitada. La posición en la que estamos es demasiado s****l y la forma en que masajea mi piel, que de por sí está caliente por el sol, hace que la sienta arder un poco más. -¿Estás intentando seducirme en una playa pública?- Pregunto con los gemidos apenas contenidos. -¿De qué hablas? Yo solo te estoy poniendo El bloqueador.- Contesta mientras siento que sus dedos están demasiado cerca de mi zona púbica. -Ah, sí… pues no lo parece. Realmente…  parece que… intentas seducirme.- -¿Quieres que lo haga? No me negaría si tú me lo pides.- -No lo sé, pensaremos en eso más tarde. Por ahora, quiero que nademos un rato.- -De acuerdo, ahora date vuelta para que te pueda poner el bloqueador en la espalda.-  Ruedo sobre mi cuerpo para quedar boca abajo y siento sus manos sobre mi piel desatando el nudo de mi traje de baño. Comienza a masajear desde el cuello hacia los hombros y, aunque sus dedos van un poco más allá a la altura de mis senos, no hace ningún otro movimiento. Sus manos siguen bajando hasta mi cintura y es ahí cuándo en verdad me siento excitada coma pues la forma en que masajea mi piel hace que no pueda pensar en otra cosa.  -Emi… por favor…- digo entre jadeos mientras sigue masajeando mi piel de esa forma que me calienta demasiado. -¿Qué pasa, nena?- Susurra con voz ronca mientras sus dedos presionan firmemente mi piel. -Por favor... Vamos a casa…-  -¿Por qué? ¿Ya no quieres nadar?- dice con suavidad mientras pasa su dedo por toda mi columna y mi cuerpo reacciona por reflejo levantando mi trasero.  -Sabes bien lo que estás haciendo. No me parece justo que me calientes y no hagas nada al respecto.-  -¿Yo? Yo no te estoy calentando. Solo te puse el bloqueador.- Dice entre risitas y me anuda de nuevo el top para luego darme una nalgada y acercarse a mi cara. -No te desesperes, nena. Esta noche la pasaremos bien pero por ahora hay que nadar un poco. No vinimos tan lejos para pasarnos todo el día en la cama.- -Está bien.- digo a regañadientes y acepto su ayuda para levantarme. Cuándo nos metemos al agua está sorprendentemente tibia. Esto es muy agradable para mi piel ardiente, porque me refresca. Nos quedamos tonteando un rato y de pronto me abraza fijando su intensa mirada en mi. -Jenny- dice bajito. -Ven conmigo a España. No puedo ofrecerte la vida lujosa que has llevado con la familia de Alfredo coma pero me aseguraré de trabajar muy duro para que nunca te falte nada.- -Realmente me gustaría irme contigo pero no sé cómo podría irme sin resolver las cosas aquí. Es muy poco tiempo el que te queda aquí y no estoy segura de que pueda resolver todo con los inquilinos.- -Eso se puede resolver punto además, volveremos en diciembre coma no podría dejar a mamá sola en Navidad.-  -Mira, voy a pensarlo. Por ahora no puedo darte una respuesta porque apenas me lo dijiste ayer pero, te prometo que en serio voy a pensarlo. Lo que por ahora sí sé es que me gustaría que me besaras.-  susurro mientras jalo su cara hacia mí y lo miro mordiendo mi labio en un pobre intento de seducirlo. -Tus palabras son órdenes.- Dice y me besa sujetando mis caderas fuertemente.  Nos quedamos un rato así, disfrutando de la suavidad ese beso sin malicia ni intenciones sexuales, solo un beso de amor.  Pasamos unas cuantas horas más en la playa hasta que alrededor de las 4:00 de la tarde regresamos a casa para comer algo.  Me permito observar más detenidamente la casa y noto que tiene una alberca con un asador en la parte trasera. Emilio comienza a preparar el asador para cocinar las hamburguesas mientras yo lavo los vegetales y los corto. Cuando todo está listo, lo llevo a la mesa que está junto al asador para no tener que estar entrando y saliendo por todo cada que queramos una hamburguesa. -Cuando estás trabajando, no comes bien. ¿ verdad?- Pregunta Emilio mientras me ayuda a preparar una hamburguesa. -La verdad es que no. A veces no como nada en todo el día porque hay demasiadas cosas por hacer.- -¿Lo ves? Haces más cosas en esa empresa de las que deberías. Aunque ellos te hayan ayudado cuándo murieron tus padres, deberías de poner un poco más de atención a tu cuerpo. No me gusta saber que pasas hambre por estar trabajando, no es sano.-  -Puede que tengas razón, pero no puedo quedarme ahí sin hacer nada mientras que Alfredo y su padre se matan trabajando.-  -No me parece adecuado, pero no quiero discutir contigo. Sólo promete qué te cuidarás un poco más.- -Voy a intentar, no te preocupes.- -Me preocupo porque me importas. No me pidas que no me preocupe cuándo sabes cuánto te amo.- -Está bien, gracias por preocuparte. Prometo que voy a tratar de mejorar mis hábitos alimenticios en el trabajo.- -Bueno, ahora debo hacerte una pregunta.- -¿Ah, sí? ¿Cuál?- -Jenny, ¿Quieres ser mi novia?-
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