Paraíso

1513 Palabras
Despierto un tanto desorientada debido a la luz que entra a raudales por una ventana que no debería estar ahí y todos los recuerdos de la noche anterior se confunden en mi mente. ¿Esto pasó o lo soñé? ¿De verdad fui capaz de alejarme del furioso gesto de Alfredo para reunirme con Emilio? ¿De verdad pasamos la noche haciendo el amor? ¿De verdad no se ha olvidado de las cosas que me gustan? ¿De verdad sigo viva en su corazón? Pienso que quizá es un hermoso sueño del que estoy a nada de despertar cuando su olor corporal golpea mis fosas nasales y abro mis ojos de golpe. Él está aquí. O más bien, yo estoy aquí.   Su brazo me atrae a su cuerpo y siento la cálida piel de su pecho  pegarse a mi espalda. Una sonrisa comienza a aparecer en mi cara y me acomodo entre sus brazos para tratar de dormir un poco más pero, de nuevo, mi estómago hace acto de presencia y yo quiero morirme. -Creo que alguien tiene hambre.- susurra Emilio contra mi nuca y su aliento calienta mi cuello. -Te juro que no sé por qué me está pasando esto…- murmuro muerta de vergüenza. -No te preocupes, nena. Creo que tenemos suficiente comida en la cocina, aunque también podríamos salir a comprar algo. O, si quieres, puedes comerme a mí.- dice de forma socarrona y no sé si quiero golpearlo o aceptar su oferta. -Creo que todas las opciones son tentadoras… Pero ahora mismo me gustaría levantarme y asearme un poco.- digo, recordando de pronto cierta situación. -No me molesta, pero si te sientes incómoda está bien.- -Sólo no quiero deberte un colchón nuevo.- -Trabajando para esa gente, no creo que un colchón te sea un problema. Además, así tendrás un pretexto para volver aquí.- No sé qué contestar a eso así que simplemente tomo la sábana y envuelvo mi cuerpo para salir a la otra habitación. Afortunadamente no hay ni una sola mancha en la cama, lo cual me da cierta tranquilidad sobre la situación. Tomo una ducha rápida y uso todo lo que debería de usar en cuando a mi higiene personal. Luego, regreso a la habitación, envuelta en la toalla y veo que él ya está listo.  Tomo mi vestido que, para mí fortuna, no está arrugado y me lo pongo, pensando de nuevo en por qué elegí algo con tantos botones. -Oye Emi… ¿Podemos ir al centro comercial?- -¿Para? ¿Qué necesitas, nena?- -Uhm… Bueno, ya sabes… Tengo que comprar un traje de baño y protector solar… Tenía muchísimo tiempo sin salir de vacaciones y no tengo nada de las cosas que se necesitan para eso.- -Está bien, iremos luego de desayunar. Pero pido la exclusividad de ponerte el protector solar en la espalda. Por cierto, tiene años que no me decías “Emi”.- -Pues es que ya no somos niños… Creo que ya no es correcto decirte así.- -Yo no le veo problema a que me digas así.- -Entiendo…- Siento como el aire cambia entre nosotros y se acerca de forma sensual hacia mi y toma mi cara entre sus manos para lo que supongo será un beso muy apasionado pero de nuevo mi estómago hace acto de presencia y suelta un rugido qué me hace querer meter la cabeza en la tierra y no sacarla jamás. -Deberíamos ir a comer algo.- me dice Emilio entre carcajadas y yo siento que de verdad voy a morir de la vergüenza. -No te burles.- Digo mientras hago pucheros y siento que me arden hasta las orejas de la vergüenza. Vamos abajo y comemos un poco más de arroz con camarones y me prepara un café delicioso. Me sorprende un poco saber que él recuerda cómo me gusta mi café. Después de tantos años no esperaba que aún recordara que me gusta sin azúcar y con dos cucharadas de crema. Salimos en su coche y no sé si en verdad el clima es maravilloso, o es mi humor qué hace que todo se vea más bonito pero creo que hace un día hermoso. El sol hace que todo brille y los colores del cielo, las nubes y el mar me hacen pensar que estoy en un pequeño paraíso. En el centro comercial compramos 2 trajes de baño, un nuevo paquete de tampones y un paquete de condones porque los que Emilio había comprado no aparecieron. También compramos cosas suficientes para preparar hamburguesas y unas cuantas latas de cerveza para acompañar. Mientras vamos hacia la caja pienso en cómo serían las cosas si yo no le hubiera dado tanta importancia a esa noche, si hubiera creído en lo que Emilio me decía y no le diera la importancia que le di a cosas que no podía cambiar. Creo que sí, sería así. Iríamos juntos a surtir la despensa y siempre estaríamos tomados de la mano, justo como ahora. -¿En qué piensas, nena?- pregunta con curiosidad cuando salimos del centro comercial con las bolsas.  -En que he dejado ir muchas cosas bonitas contigo. Te he hecho mucho daño y, no lo sé, no estoy del todo segura de merecerme tu amor.- contesto con sinceridad. -Mentiría si te dijera que no me has hecho daño pero, como te lo dije ayer, yo siempre te he amado y siempre voy amarte sin importar lo que pase. Me alegra saber que estás aquí, qué puedes darte cuenta de que tú también me amas y qué quizá juntos podamos encontrar la forma de qué te alejes de Alfredo y de su familia, sin que sientas que estás en deuda con ellos.- contesta mientras guardamos las bolsas en la cajuela y nos ponemos en marcha a la casa. -En realidad ahora mismo la empresa me debe más o menos trescientos mil pesos.- digo con una sonrisa tensa. -¿De qué hablas nena? ¿Por qué te deben ese dinero?- pregunta Emilio, francamente sorprendido. -Uhm.. Digamos que hace poco hubo un negocio que no salió también y estábamos obligados a pagar una indemnización. Si no lo hacíamos las consecuencias serían bastante serias, pues habría procedimientos legales contra la empresa. Cómo el dinero se requería con urgencia, tuve que usar todos los ahorros qué tengo desde qué mis padres murieron para salvar la empresa de un escándalo.- contesto en voz baja mientras miro mis manos.  Sé que fui tonta, que debí dejar que él lo resolviera solo pero no podía mantenerme al margen y verlo preocupado. -Entiendo… justo ahora, ¿Tienes dinero suficiente para vivir sin problemas?- pregunta luego de unos minutos de silencio.   -¿Por qué me lo preguntas?- contesto nerviosa por su pregunta tan específica pero hago números en mi cabeza y noto que mi capital es bastante pobre. Así que la respuesta es “No, no tengo dinero suficiente”. -Nada más… quiero… Bueno... Me gustaría qué te fueras a vivir conmigo si es que te encuentras un poco justa en tu economía.- Contesta en voz bajita, apenas audible y no sé que contestar. -No lo sé, aún tengo el dinero que recibo por la renta de las dos casas. Así que no creo necesario tu ofrecimiento.- Ese dinero es poco, pero creo que me alcanzaría para vivir de forma austera durante un buen tiempo. -¿Puedo hacerte una pregunta sin qué te lo tomes a mal?-  -¿Qué pasa?- -¿Qué vas a hacer cuando Alfredo regrese de su luna de miel? ¿Cuál será su relación y tu papel dentro de la empresa?- -No lo sé. Se supone que yo seré su asistente pero no estoy segura de eso. No es que yo no sea profesional, sino que no sé cómo serán las cosas cuando Martha sea su esposa.- -¿Por qué lo dices? ¿Qué pasa con Marta?- -Bueno… Ella realmente me odia. No sé si es porque ella sabe qué pasa algo entre Alfredo y yo o por qué lo hace, pero simplemente me odia.- -La Martha que yo recuerdo era una chica dulce y amable con todos, pero hace mucho que no nos vemos y la gente cambia, pero... Si no sabes lo que quieres hacer después de la luna de miel quizá podrías irte conmigo.- -¿Irme contigo? ¿A dónde?- -Quería decirte lo más tarde pero me ofrecieron trabajo en una de las mejores clínicas privadas en España. Estoy pensando seriamente en irme, pero eso sería a principios de agosto.- -No lo sé, realmente no puedo darte una respuesta ahora mismo. Es algo que tendría que hablar seriamente con Alfredo y con su padre.- -Está bien, no te presiones. Solo quiero que sepas que tienes más opciones que quedarte en esa casa para siempre.- Mientras vamos por la carretera hacia la casa pienso en el ofrecimiento de Emilio. ¿Sería buena idea irme con él? Creo que sí, no sé realmente cómo me sentiré cuándo Alfredo regrese a casa del brazo de su esposa. Además, vivir en esa casa ya no será correcto.
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