Cuando recupero el dominio de mi cuerpo, escucho su risita ahogada y lo siento aún enterrado entre mis piernas. Me da un sonoro beso en el monte de Venus y me alegro de haber usado las tijeras para hacer un recorte en esa zona.
-Me encantas, nena. Eres deliciosa.- dice Emilio cuando levanta la cara y posa su intensa mirada en mí.
-No digas eso, es muy pervertido.-
-No sé si lo sea, sólo sé que es la verdad. Ahora, quiero hacerte el amor una y otra vez, quizá hasta que me desmaye o algo así.- dice mientras se arrastra sobre mi cuerpo desnudo hasta quedar encima de mi.
-¿Eso se puede?- pregunto con cierto escepticismo.
-No lo sé...- contesta con un encogimiento de hombros que me da gracia.
-Se supone que eres médico, creo que deberías saberlo.-
-Pues no lo sé, no es algo que venga en los libros de forma tan específica... Pero creo que podemos averiguarlo, ¿No?- murmura mientras comienza a besar suavemente mi cuello.
-Creo que sí, me gustaría.- contesto mientras siento el fuego volver a crecer en mi vientre bajo.
-Bueno, entonces no se diga más.- se mueve entre mis piernas para acomodarse pero, de pronto, un irracional pensamiento me paraliza.
-¿Puedo preguntarte algo primero?-
-Claro, nena. Lo que quieras.- dice mientras acaricia mi mejilla con ternura.
-Eso que acabas de hacerme... ¿Lo has hecho con alguien más?-
-¿Qué cosa?- pregunta son entender a qué me refiero.
-Ya sabes... Tu boca...- digo bajito, con tanta vergüenza que siento la piel de mi cara arder.
-Ah... Darte sexo oral... No, nena. Te he dicho que jamás he estado con alguien más. He aprendido mucho sobre nervios y estímulos en la escuela... Cosas que quizá a ti ya no te llamen la atención, pero que, para mí, resultan bastante útiles, porque así sé dónde tocarte...-
-Eso es trampa...-
-No, claro que no. A tu cuerpo le gusta, mira...- dice mientras toma mi tobillo comienza a pasar su lengua por el lado interno de mi pantorrilla.