Cielo

471 Palabras
-Por favor- gimo con su cara pegada a mis senos y siento que la humedad entre mis piernas se desborda. -Dime qué quieres, nena. Dime qué es y te lo daré.- dice mientras pasa la punta de su lengua por mi pezón y esa visión es demasiado erótica, demasiado sensual como para decir algo. Sonríe ante mi silencio y lo hace de nuevo, esta vez en el otro pezón. Con mucho cuidado, me recuesta sobre la tumbona y comienza a bajar mi bikini. Levanto mis caderas para ayudarle y cuando lo saca de mis tobillos, se lleva la prenda a la nariz para aspirar profundamente. -Eres un pervertido.- digo al tiempo que me siento excitada por su extraño acto. -No, no lo soy... Es que me encanta el olor de ti cuando estás excitada... Me encanta el sabor... Me encanta sentirlo...- luego de eso, deja caer la prenda y abre mis piernas para mirarme. En otra situación, me sentiría por completo apenada o abochornada por estar haciendo esto en medio del patio, pero ahora mismo no me importa nada. Sólo quiero sentirlo dentro de mi y ya. Saca el tampón y noto de nuevo que está tan impecable como cuando me lo puse. ¿Por qué? Dedico uno o dos segundos más a este pensamiento pero todo se interrumpe cuando Emilio posa sus labios en mi clítoris y comienza masajear de nuevo mis pechos. No puedo hacer nada mas que gemir por lo bien que se siente su lengua en ese lugar. Quita sus manos de mis pechos para poner mis piernas en sus hombros... como en la playa y siento que no puedo más. Cierro mis ojos y me entrego por completo a las sensaciones que su boca me provoca. Siento que mi orgasmo comienza a construirse en mi vientre y mis caderas se mueven casi al ritmo de su lengua. Uno de sus dedos se introduce lentamente en mí y mi cuerpo se aprieta alrededor de él, buscando la liberación. Todo es tan intenso que siento como si el mundo se contrajera en ese sitio, en ese contacto entre él y yo. La sensación es tan arrolladora que siento como si mi corazón se detuviera por un segundo, para luego volver a latir con un ritmo desbocado. Los dedos de mis pies se contraen y los de mis manos no pueden hacer nada más que sujetar su cabello con fuerza mientras su lengua se sigue restregando contra mi sobre estimulado puntito. Mi espalda se arquea y toda la piel de mi cuerpo se eriza cuando el clímax llega. Emilio, en lugar de detenerse, introduce un segundo dedo en mi interior y aumenta la velocidad de su movimiento. Siento que es demasiado para mí y estoy a punto de quejarme cuando un segundo orgasmo me golpea con una fuerza avasalladora.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR