Sin prisa alguna, las manos de mi ahora novio comienzan a quitarme la prenda y me siento tímida ante su mirada.
Abre la prenda con cuidado y mi cuerpo reacciona de inmediato al frío de la tarde. Mi piel se eriza y comienzo a tiritar de frío.
-Bésame...- susurro cuando siento que no puedo soportar más la mirada de reverencia que me da Emilio.
-Claro, nena, con gusto.- se acerca con cuidado a mi y toma mi cara entre sus manos para besarme.
El contacto con sus labios es como lanzar un fósforo a la gasolina. Mi cuerpo se enciende por completo, clamando por tener más cerca su torso desnudo.
Me acerco a él, sin pena ni vergüenza y pego mi piel a la suya. Siento su piel ardiendo, igual que la mía y mis labios se curvan en una sonrisa. El calor que irradia se siente bien en mis pequeños pechos y mi fría piel. Sus manos suben por mi espalda y comienza a desanudar el traje de baño. Lo hace tan lentamente que estoy a nada de quitar sus manos y hacerlo yo misma, cuando por fin, lo logra.
Me quita la prenda y sus dedos comienzan a tocar mis pechos sin piedad. Siento cómo la humedad crece en mi y me siento sobre él, buscando más contacto. Siento su erección debajo de mi y mi cuerpo reacciona a esto, comenzando un lento vaivén con mi cadera para aliviar la necesidad que tengo de él.
Su lengua comienza a recorrer mi cuello y yo no puedo, ni quiero, ahogar los gemidos de placer que me provoca ese contacto. Baja un poco más, hasta mi pecho y comienza a succionar y lamer de forma alternadada entre ambos pezones. Esta sensación que crece entre mis piernas es tan intensa que siento que podría tener un orgasmo sólo con esto.