Cuando termino de asearme, salgo nerviosa de ma habitación y voy abajo, siguiendo el penetrante aroma de la comida. Mi estómago ruge, exigiendo ser alimentado y me pongo aún más nerviosa.
- Estás aquí.- suelta Emilio cuando entro a la salita.
Miro la estancia con atención y veo que es como una especie de loft en tonos neutros. La cocina, la sala y el pequeño comedor están en la misma habitación. Únicamente se dividen por la isla de la cocina integral y un par de biombos.
El aspecto es realmente bonito. "Muy hogareño", pienso mientras sigo recorriendo la estancia con la mirada.
-¿Nena?- dice un tanto nervioso ante mi silencio.
-¿Qué me decías?- pregunto nerviosa. Creo que me dijo algo pero no le escuché.
-Te preguntaba que cómo estuvo tu viaje.-
- Más o menos, sabes que no me gusta mucho viajar en avión.-
-Buen punto. Quizá podríamos haber venido en coche.-
-Sin diez horas, no creo que sea una buena idea si pretendes descansar.-
-Pero me serviría para estar contigo, ¿no?-
-Creo que sí...-
-Ven, cenemos.-
Sirve un par de platos de arroz con camarones y mi hambriento estómago retumba, poniéndome aún más incomoda.
-Yo...-
-No te preocupes.-
-Es que salí del trabajo y con las prisas, ya no pude comer nada.-
-Entiendo. Bueno, ahora come.-
Nos sentamos a cenar en silencio y pienso en lo maravilloso que es poder compartir la cena con él.
Noto que realmente es la primera vez que Emilio cocina algo para mí y siento que miles de mariposas revolotean en mi estómago.
-Esto está delicioso, muchas gracias.-
-Me alegro de que te guste. Ahora viene el postre, cierra los ojos y no hagas trampa.-
-No lo haré.-
-No te creo, así que voy a vendarte los ojos.-
-¿En serio?-