Siento la calidez de su lengua entre mis pliegues y no puedo hacer nada más que gemir porque todo mi mundo se reduce a este momento. Sus dedos me invaden al ritmo de su lengua y yo trato en verdad de contenerme pero no puedo hacer nada más que explotar en su boca. Me mira satisfecho y yo no puedo hacer nada más que mirarlo sonrojada.
-¿Te gusta?- dice mientras da una última caricia con su lengua y luego se pone de pie.
-Demasiado...- digo en un susurro y pienso que el poco sexo que he tenido con él es mucho mejor que todo este tiempo con Alfredo.
-Me alegro... Ahora vamos a tomar un baño.- dice mientras ayuda mi tembloroso cuerpo a bajar del lavabo.
Entramos en la tina y el agua está en la temperatura perfecta, ni muy caliente ni muy fría. Me lava y me mima de tal forma que siento mis ojos pesados, pues tantas emociones un solo día me parecen demasiado. Aunque trato de ayudarle a lavarse, mis ojos pesan más de lo habitual y poco a poco me voy quedando dormida en su pecho.
-Jenny, vamos a la cama...-
-Estoy cansada... no quiero...-
-Ya sé que estás cansada, pero no podemos quedarnos aquí, te hará daño.-
-Está bien... pero quiero dormirme ya...-
-Lo que tú quieras, sólo hay que salir de la tina y ya.-
Me ayuda a salir del agua y con mucho cariño me envuelve en una toalla para llevarme a la cama, donde me deposita con sumo cuidado y yo, más dormida que despierta, le digo dónde están mis pijamas.
-No las encuentro...-
-Olvídalo ya... vamos a dormir así, me gusta sentir el calor de tu piel.-
-A mí también me gusta, te amo Jenny.-
-Yo también te amo, ahora a dormir, que mañana la señorita insufrible se las cobrará por lo de hoy.-