Deleite

340 Palabras
Sigo sumida en mis pensamientos hasta que un semidesnudo Emilio sale de la ducha y me mira como si fuera a desaparecer en cualquier momento. Se acerca a mí y siento como su aroma me embriaga y aturde mis sentidos. -Estás algo tensa, nena.- -Sí, es que tengo muchísimas cosas que hacer en el trabajo. Los preparativos de la boda y la actitud de la señorita Ricardi no son cosas fáciles de manejar...- -Si puedo ayudarte en algo, con gusto lo haré. Sólo tienes que pedirlo.- -Bueno, por ahora me gustaría un masaje...- -Tus deseos son órdenes para mi, nena. ¿Te parece si usamos esa maravillosa tina que tienes en ese baño que es tan grande como mi habitación?- -Creo que sí, me gustaría, pero... ¿Será bueno para ti? Digo, acabas de tomar un baño y no sé si sea bueno bañarte de nuevo.- -No me molesta mojarme de nuevo. Además, quiero que te relajes. Martha ha cambiado bastante y su actitud fue la de una típica chica tonta el día de hoy. Quiero que olvides todo por ahora, que te relajes y descanses un poco.- -Gracias... de verdad.- -Por ti, lo que sea...- -Espera... sólo... no hay que ser tan... ruidosos... ¿Vale?- -Está bien... Yo en verdad sólo hablaba del baño, pero veo que estás de humor para más cosas...- -Yo... sí... pero...- Estoy a nada de decirle algo sobre el recato cuando un sonoro gemido inunda la quietud de la noche y Emilio me mira divertido mientras desabotona mi camisa y mi piel reacciona ante su toque. Vamos al baño y, mientras la tina se llena lentamente, se dedica con calma a desvestirme. -¿Aún te duele?- pregunta tranquilo mientras pasa sus dedos por encima de mi monte de venus y siento como es que mi respiración se engancha. -No... no mucho...- digo tratando de disimular el deseo que comienza a correr por mis venas y lo miro. -Perfecto.- susurra antes de bajar mi ropa interior y comenzar a hacer magia con su lengua.
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