La charla se convirtió en aperitivos y los aperitivos en cena. Si esto sigue así, la cena se convertirá en una invitación a dormir o, probablemente, a quedarse a vivir del señor Fabián hacia Emilio.
Supongo que quedarse a dormir sería lo más adecuado, dado que vinimos en mi coche y ya es inapropiadamente tarde como para que se vaya a casa.
Toda la maldita cena estuve con los nervios de punta gracias al humor tan agresivo de Alfredo, la actitud desafiante de Emilio y la estúpida forma de la señorita Martha Ricardi de querer ser el jodido centro de atención en todo momento.
Llegó un punto en el que, durante la cena, Martha abiertamente dijo que soy una "estúpida e inútil muchachita."
Estaba a punto de lanzarle todo el contenido de mi plato cuando el papá de Alfredo la puso en su lugar, recordándole que después de la educación preparatoria ella no hizo nada y yo estoy, prácticamente, ayudando a Alfredo con la dirección de la empresa.
Emilio intervino diciendo que hablamos sobre la posibilidad de tomar una maestría y poco a poco la fuimos dejando fuera de nuestra conversación. Incluso Miriam, luego de superar su nerviosismo inicial por Emilio, se puso a hablar con nosotros acerca de la escuela y lo bueno que sería que tomara el máster.
Ahora mismo Emilio está en el baño de mi habitación, preparándose para dormir conmigo y yo estoy más que nerviosa. Siento que tengo que hablar con Alfredo y con Miriam sobre esto pero a la vez creo que no. Emilio nunca mostró interés hacia ella y Alfredo no tiene por qué meterse en mi vida personal.
Creo que quizá, por respeto a mí misma, sí debería hablar con él y decirle que, de todo corazón, deseo que sea feliz en su matrimonio pero que "eso" se acabó.