Para Jenny, la vida había sido un poco complicada en la escuela, pero nada de las tareas o los profesores difíciles se comparó al día en que, mientras paseaba con Emilio juego de un juego, le llamaron para que fuera a reconocer dos cuerpos que parecían ser los de sus padres…
El día había transcurrido con calma. Emilio había hecho un gran trabajo, sin embargo, la defensa del otro equipo resultó ser soberbia y el marcador quedó muy cerrado: 25-22 a favor del equipo contrario.
-¿Estás molesto?- preguntó Jenny con un poco de cuidado. Aunque el temperamento de Emilio era diferente al de Alfredo, a veces sentía que Alfredo llenaba todos los espacios de su vida y de su mente.
-¿Por qué habría de estarlo? Nuestro equipo es bueno, pero el otro equipo lo fue aún más.- Dijo Emilio con dulzura mientras sujetaba su mano y le daba una cálida sonrisa.
-Pero perdieron…- replicó ella, aún con cierto recelo ante su posible reacción.
-A veces ganar no lo es todo. Sí, me gusta ganar, como a todos. Pero perder nos da la posibilidad, como equipo, de saber en qué estamos fallando y trabajar en ello para mejorar.-
-¿Como en los exámenes?- preguntó con un chispazo de entendimiento.
-Sí, justo así, nena. Además, la estadística de ese equipo es muy buena. Ellos van invictos y esta es nuestra primera derrota.- Explicó él con calma y acomodó el mechón suelto de su cabello.
-Bueno… En eso tienes razón, aunque me siento un poco mal porque sé que este partido era muy importante para ustedes. Pero no importa, si tú dices que está bien, entonces lo está.-
-Así es. ¿Quieres esperarme aquí mientras voy a lavarme o quieres irte ya?-
-No, te espero. Mis padres fueron a resolver un asunto secreto y me dijeron que llegarían un poco más tarde de lo usual, así que hoy puedo esperar un poco más.-
-Genial. Lo haré rápido, nena, y si quieres, podemos ir a patinar a Buenavista.-
-¿A mediados de marzo?- preguntó ella con cierta incredulidad. ¿Ese lugar estaría abierto aún?
-Claro que sí, nena. Ya regreso.- contestó él con una palmadita en su hombro y entró en el vestidor de los chicos, con el resto del equipo.
Jenny pensó, de nuevo, en lo diferente que era estar con Emilio y Alfredo. Aunque el tiempo había pasado y eran prácticamente unos adultos, ambos se seguían odiando a muerte por algo que ella seguía sin entender.
En alguna ocasión, quiso preguntarle a cada uno por separado pero lo único que recibió fue que Emilio la acompañara hasta su casa, diciendo que había cosas de las que no le gustaba hablar. Y Alfredo… Él era como siempre, simplemente dejó de contestarle el teléfono durante una semana y la hizo quedar mal en una exposición que era en equipo. Luego de eso, ella fue hasta su escuela de natación a buscarlo y tuvo que disculparse por esa intromisión en su vida.
No sabía cómo, pero con Alfredo siempre era así. Ella metía la para con algo y él le hacía notar el error, a veces de forma tranquila, pero en otras ocasiones era así. Días y días sin hablar con ella, mientras que se devanaba el cerebro pensando en lo que había hecho mal con él.
En algunas ocasiones quiso dejar de hablarle y alejarse, pero le resultaba imposible. Alfredo era como un imán con ella y siempre terminaba acercándose de nuevo a él, porque le era imposible resistirse a su encantadora forma de ser cuando estaba de buenas.
Seguía sumida en esos pensamientos cuando Emilio se acercó a ella por la espalda y la rodeó con los brazos suavemente mientras depositaba un cálido beso en su coronilla.
-¿En qué tanto piensas, nena?-
-En nada, realmente. ¿Cómo estuvo tu baño?-
-Tranquilo, aún había agua caliente y eso siempre se agradece.-
-Genial, entonces es hora de irse.-
-Así es, nena. Vamos.-
El viaje hasta Buenavista fue bastante tranquilo y el rato que estuvieron en la pista fue de lo más divertido.
Patinar era una cosa que Jenny, si no dominaba, al menos lo hacía bien. Sin embargo, patinar en hielo era algo completamente diferente y un tanto más complicado hasta que se le agarraba el truco.