El ir y venir de llamadas y las investigaciones absorbieron por completo el día de Edrick Carlson. El tiempo se desvanecía entre informes imprecisos y promesas vacías de justicia. Cuando por fin se permitió un segundo de respiro, el timbre de su móvil lo sacudió. Un mensaje del inspector parpadeaba en la pantalla: > "Tres hombres bajaron por las escaleras de incendio que dan a la parte trasera del edificio. No hay descripciones exactas; usaron capuchas. Sin embargo, encontramos un mensaje: ‘Jefe Carlson. Felicidades por tu esposa. Se ve que es muy linda, lástima que no sabes cuidar quién te ama. Te veré pronto.’" El mensaje, escrito en ruso, tenía letras alternadas entre tinta... y sangre. Antes de que pudiera asimilarlo, una nota de voz estremeció el silencio de la oficina: —Señor

