Baje las escaleras completamente arreglada, era la la última noche del año había pasado todo el día escogiendo nuevas escuelas junto con Dalton, era uno de sus últimos caprichos para cuando me di cuenta de la llamada perdida de Nikolas y los miles de mensajes, solo pude correr a mi habitación antes de que decidiera aparecer en mi casa, habíamos quedado que yo me movería al lugar de la fiesta. En los días previos solo me había comunicado levemente con él vía mensaje, no quería darle la respuesta a su proposición hasta que no estuviéramos de frente, él aún desconocía que yo sabía del contrato así que estaba ansiosa por saber su reacción.
— Hija, estás preciosa — dijo mi padre con una sonrisa saliendo del despacho — Los invitados deben estar por llegar y Dalton aún está sin cambiar.
Fruncí el ceño.
— ¿Los invitados? Lo siento padre, yo no estaré en casa esta noche.
— ¿Y a donde se supone ira la señorita a pasar la noche?.
Levanté una ceja.
— ¿Ahora te interesa lo que haga tu hija?.
Él pareció molesto pero no dijo nada, sabía que yo aun no lo perdonaba por haberme prácticamente usado en aquel contrato como si fuera un objeto.
— Muñequita por favor…
— Por favor te lo pido yo, voy tarde — me acerque a la puerta pero antes de salir me gire con una falsa sonrisa — Por cierto, si tus invitados son los Thompson de nuevo, Dalton no bajará no le agradan desde la última vez.
Escuché a mi padre llamarme por mi nombre mientras me dirigía a la salida pero decidí ignorarlo, lo único que lamentaba era no poder estar con mi niño. Pasados un tiempo estacioné mi coche en la dirección que Nikolas me había mandado en la tarde, el lugar en el que estábamos era un restaurante bastante lujoso, pero ahora parecía estar cerrado exclusivamente para los invitados. Le entregue las llaves de mi coche al chico de valet mientras subia los peldaños hasta la puerta de cristal de donde se podian ver las luces cambiando de color. También me percate de la prensa reunida a unos metros, claramente debía haber gente famosa dentro, suspiré acercándome al mono de seguridad.
— Hola, yo…
— Señorita Crowell, no tiene que anunciarse pase por favor.
Lo miré extrañada pero avance, ya dentro el ambiente cambiaba, era una combinación extraña entre una fiesta de universitarios con una completamente de etiqueta. Me mordi el labio sin saber a donde ir, no conocia a nadie, no había pensado en eso, pensé en llar al rubio pero con el ruido sería un milagro que contestará el teléfono; camine hasta donde estaban las bebidas, un chico igual de alto que Nikolas pero con el cabello n***o sonreia mientras ofrecia bebidas a todo aquel que pasaba.
— Hola preciosa — dijo cuando su vista se clavó en mí — ¿Te has perdido?.
— No, yo…solo espero a alguien.
— Es mi fiesta cariño, sé quiénes son todos los invitados — dijo ofreciéndome una bebida, la tome sin beber — A quien esperes te puedo ayudar a encontrarlo…a menos que, prefieras otra compañía.
Dijo con una sonrisa guiñandome el ojo, yo le sonreí de lado alzando el vaso no sería descortés si de verdad era su fiesta, además si era al amigo de Nikolas era claro que sabía dónde estaba.
— De hecho busco a Nikolas.
Él abrió los ojos de sorpresa antes de soltar una carcajada.
— Oh cariño no me digas que eres su cita de esta noche.
— ¿Cita? — dije haciéndome la desentendida — No creo, solo no tenía plan y me dijo de la fiesta.
— Interesante…
— Hey Dario — nos interrumpió otro chico que parecía estar ya un poco ebrio, colocó su brazo por encima del pelinegro — Está calmandose la cosa, deberíamos prender fuego a la pista.
El tal Dario se deshizo del agarre de su amigo antes de mirarme.
— Mientras esperas al pelo de elote, vamos a bailar, no muerdo.
Me reí por el comentario aceptando su mano, ya había varias personas en la improvisada pista. Dario se movía extraño, no sabía si lo hacía a propósito pero claramente estaba logrando que yo la pasara bien.
— Entonces si no eres su cita…— dijo mientras colocaba su mano en mi cintura y con la otra guiaba el ritmo.
— Si lo que quieres saber es si estoy soltera…si, lo estoy.
Dario sonrió mientras comenzaba a cantar una de las estrofas de la canción, el pelinegro me recordaba a aquellas personas que conocía en las fiestas a las que solía ir con Cata, sabía cómo manejarlos, sabía lo que querían, era una lástima que hubiera cambiado de parecer si no, sería un buen partido de una noche. Clavé mi vista en la persona que se acercaba a nosotros, por fin se había dignado a aparecer.
— ¿Se la están pasando bien? — dijo colocando su brazo alrededor de mi hombro mientras disimuladamente me alejaba de Dario.
— Es un encanto de mujer, claro que me la paso bien, además según tengo entendido no es tu cita esta noche.
— ¿A no? — dijo Nikolas mirándome sorprendido — Y yo que te he traído una rosa.
Fruncí el ceño al ver al rubio sacar una rosa envuelta en papel rojo de su chaqueta, tomé la rosa mientras sentía mis mejillas encenderse.
— Bueno, si no te molesta hermano, ella y yo tenemos una platica pendiente.
Sin esperar respuesta de Dario me guio hasta llegar a lo que parecía un pequeño jardín en la parte trasera del restaurante.
— Vaya… — dije colocándome bien mi saco ya que el frío parecía aumentar, seguramente terminaría por nevar en algún punto de la noche.
— Si hace mucho frío nos podemos meter.
— No, la platica no creo que dure mucho.
— ¿A si que ya has tomado una decisión? — dijo con una sonrisa.
Me crucé de brazos mientras lo miraba.
— No acepto.
Vi la sonrisa de Nikolas borrarse de inmediato, parecía desconcertado.
— ¿No aceptas? pero la prensa…
— Bueno, que piensen lo que quieran — dije alzándose de hombros — Pero tu manager puede aclarar que somos amigos, amigos que también saben salir y divertirse sin que los relacionen con algo amoroso.
— ¿De verdad quieres ser esa amiga?.
— ¿Esa amiga? — dije sin comprender.
— Si la que las fans van a acosar, a la que le dirán que está enamorada…
Solté una risa, ganándome su mirada molesta.
— Lo siento, es que ¿no puede ser al revés? digo…también puede ser que tu estés enamorado, que siempre quieras tenerme 24/7 para ti solo, que eres tu el que me busca, el que insiste en salir conmigo, el que quiere besarme.
Cuando terminé de hablar estábamos lo suficientemente cerca para contar cada una de nuestras pestañas, el tiempo parecía haberse detenido su mirada clavada en la mía expresaba cientos de sensaciones, parecía que habíamos estado metidos en una burbuja durante bastante tiempo hasta que los fuegos artificiales, junto con el grito de felicidad de la gente dentro del restaurante nos indico que habíamos comenzado un nuevo año.
— Entonces ¿solo amigos eh? — dijo con una sonrisa.
Moví la cabeza de arriba a abajo mientras me alejaba lentamente.
— Feliz año nuevo Nikolas.
— Lo mismo digo Maika.
En un momento pensé que me tendría que ir si el ambiente al lado de Nikolas se volvía incómodo pero la realidad era que conforme pasaba el tiempo, él de verdad había tomado muy bien su papel de amigo. Me presento a su grupo de amigos y me sorprendió saber que Dario había jugado para los Blue Jays hace unos años, hasta que un accidente lo lesionó ahora se dedicaba a ser una especie de DT para ligas infantiles, según las palabras de Nikolas su amigo era capaz de entrenar al nuevo haz del béisbol.
— Entonces — dije tomando un sorbo de mi bebida dirigiéndome a Dario, que me miraba con una sonrisa — Después de tantos años no has pensado en volver a jugar, digo muchas de las veces con terapia los deportistas vuelven a jugar.
— El accidente fue muy aparatoso, de hecho fue un milagro que sobreviviera me parece que una persona no lo logró.
— ¿Hubo más involucrados? — dije frunciendo el ceño, pero Dario pareció reaccionar en lo que dije y sonrió nerviosamente.
— Los que íbamos en el coche me refiero, Nikolas también iba ¿no es asi amigo?.
Me gire hacia el rubio que no parecía con intenciones de hablar, se encogió de hombros tomando su bebida.
— Fue hace años — hablo al cabo de unos segundos — Fue una pena lo que ocurrió pero aprendemos a vivir con ello.
— Entonces ¿mataron a alguien y eso no les aflige?.
— No, Maika nadie ha dicho que hemos matado a nadie.
— Pero Dario…
— Yo no he dicho nada preciosa — dijo el pelinegro rellenando nuestros vasos — Como lo ha dicho Niko ha sido un desafortunado accidente, pero estamos aquí, vivos y celebramos por eso.
Tenía una sensación en mi pecho, de esas que te decían que no soltaras tus pensamientos, alzo mi vaso siguiéndole la corriente a aquellos hombres, tratando de quitar esos falsos pensamientos de mi cabeza, apenas los conocía y no tenía derecho a juzgarlos después de todo, cualquiera comete errores y a lo que Darío cuenta ellos ya han pagado la factura en carne propia. El sonido de los vasos chocando fue lo que se escuché el resto de la noche, las anécdotas como beisbolistas, el baile y la música fueron combinados para que el tiempo pasará sin más, para cuando logre llegar a mi casa daban casi las cinco de la mañana, había tenido que dejar mi coche en aquel lugar y asegurarme de que algún servicio me trajera a casa sana, aunque Nikolas se había ofrecido a traerme, él debía estar más tomado que yo, así que solo me había escabullido lejos de él.
Mi cabeza aún daba vueltas cuando logré pasar el lobby del primer piso, la casa estaba en completo silencio, seguramente mis padres le habían dado el día a los empleados, tomé mis tacones en la mano para no hacer ruido, cada escalón hacia mi habitación pesaba con cada paso.
— No debí hacer eso — dije en voz baja para mi misma, estaba segura de que vomitaria en cualquier momento, el suelo bajo mis pies se había transformado en arena movediza y mi cabeza parecía explotar.
Abrí la puerta de la habitación, recargándome en la pared mientras cerraba los ojos.
— Juro no volver a tomar.
— Dudo que cumplas eso.
Abrí mis ojos de golpe, vi borroso como alguien se acercaba hasta que su rostro se aclaró ante mi, su sonrisa de burla se ensanchaba conforme más se acercaba.
— Que…— intente hablar, pero pegó su cuerpo al mío, su acción me desconcertó e intenté separarme, pero solo pensaba en mi dolor de cabeza y en no vomitar ahí mismo.
— Tienes las mejillas sonrojadas, el cabellos revuelto ¿estuvo muy bien la noche con tu jugador?.
— No…eso no…
— Shh — dijo colocando sus dedos en mis labios — Luces bastante sexy ahora mismo, quién iba a creer que el alcohol podría hacerte ver más atractiva.
— Eso no…
Pero no pude terminar la frase, porque sin previo aviso Alexander Thompson me estaba besando.