Escuchaba a la lejanía la voz de Dario, sus labios se movian y de vez en cuando sonreía, había aceptado gustoso la comida, al final habíamos ido a un lujoso restaurante cerca de las oficinas Crowell, pero en todo momento las palabras de Alexander lograron hacer mella en mi cabeza, ¿Dario se había vuelto mi novio después de aquel beso en pantalla no?, él tenía que confiar en mí, solo Alexander Thompson pensaría de aquella manera, Dario era un buen hombre, además Nikolas era su mejor amigo.
— Saldré con Nikolas en la noche — solté de repente, él había dejado de hablar, me miraba confundido.
— ¿Qué has dicho?.
En ese momento me arrepentí, pero ya lo había dicho una vez, además así no habrá malas interpretaciones.
— Nikolas pasará por mi cuando termine mi turno e iremos a cenar después.
— ¿Por qué? — dijo con el ceño fruncido después de unos minutos en lo que ninguno dijo nada más.
— Bueno, somos amigos, te lo he dicho antes.
— Ya, ¿pero en la noche Maika?.
— No veo lo malo — dije comenzando a molestarme por el hecho de que Alexander tenía razón, quizá Dario no intentará comprender.
— No estoy de acuerdo.
— Solo estoy avisando Dario, no pidiendo permiso.
— Se supone que tenemos una relación.
— Y justo por eso te estoy avisando, además también es tu mejor amigo.
— ¡Es justo por eso! — el golpe en la mesa llamó la atención de varios presentes, lo que hizo que Dario se volviera a tranquilizar — Por favor Maika, no lo hagas.
La última frase sonó con tal angustia que me hizo pensar si de verdad estoy haciendo mal.
— Dario, Nikolas y yo solo…
— Son amigos lo sé, pero cada vez que se miran…
Recordé las palabras de Alexander, retumbaban en mi cabeza “Nikolas Necker sabe que le perteneces”, suspiré tomando las manos del hombre frente a mi.
— Tranquilo, lo puedo ver otro día en la tarde.
— ¿De verdad? — dijo incrédulo.
Intenté sonreír, la verdad era que tenía miedo de lo que Nikolas pudiera hacer, o de lo que no hiciera. Dario besó fugazmente mis labios antes de que siguiéramos con nuestra fría comida.
Suspiré al ver la casa de mis padres a pocos metros de mí, prácticamente había salido corriendo de las oficinas como si fuese una niña jugando al escondite, mi plan era llegar a mi casa y avisarle a Nikolas que me había enfermado, así no tendría que rechazarlo una vez más, definitivamente era un buen plan. De pronto unas luces me dieron de frente, cerré los ojos frenando de repente esperando a que el impacto no fuera demasiado, pero después de unos segundos no sentí ningún golpe, abrí los ojos de apoco, las luces se habían desvanecido, los faroles de mi coche eran los únicos alumbrando al coche frente a mi. Me aferré al volante mientras veía como la persona del otro carro bajaba para acercarse al mío.
— Escapaste.
Cerré los ojos dejando que su aroma me embriagara cuando subió del lado del copiloto, estábamos haciendo tráfico pero parecía no importar a ninguno de los dos.
— Escapaste.
Volvió a repetir pero esta vez sonaba como reclamo.
Abrí los ojos fijándose en él.
— Nikolas…
— ¿Por qué?.
— Estoy cansada, no quería que sonara como excusa.
— ¿Es eso? — dijo encarando una ceja — ¿O es que Dario ha dicho que no nos veamos?.
Hice una mueca antes de contestar.
— Él no ha dicho eso.
— Pero sí que ha dicho algo ¿verdad?.
— Es solo, dice que te conoce, no cree que podamos ser amigos.
— ¿Y tú qué crees? — dijo invadiendo mi espacio.
— Creo que se equivoca.
— Entonces…¿porque tuviste miedo hoy?.
— Yo no…— dije nada convencida perdiendome cada vez más en aquella mirada.
— ¿Tú no te vas a enamorar Maika Crowell?.
Mi nombre saliendo de sus labios hirvieron mi sangre, quería besarlo ahí mismo, quería poderlo tocar y que mi nombre volviera a salir de esos labios, pero solo levante la yema de mis dedos para acariciar sutilmente su mejilla.
— ¿Y tú? ¿Te vas a enamorar Nikolas Necker?.
En respuesta solo sonrió alejándose de mí, sentí el frío de su lejanía, sabía cuál sería su respuesta.
— Pideme lo que sea Maika, pero no me pidas que me enamore de ti.
— ¿Por qué? — dije con un nudo en la garganta.
— Por..
El sonido de un claxon nos distrajo, Nikolas se bajó rápidamente de mi automóvil para mover el suyo. Estacione mi vehículo en uno de los compartimientos del garaje aún con aquella opresión en mi pecho, vi hacia la oscura calle, esperando ver el vehículo de Nikolas, pero este no volvió a aparecer durante los minutos siguientes, ni las siguientes horas, ni los siguientes días, era de nuevo como si la tierra se lo hubiera tragado, no entendia porque tenia esa actitud cada vez que nos veíamos.
Los días habían pasado sin mucho interés como aquellas llamadas desviadas, le mande mensajes pidiéndole vernos, pero mi carpeta seguía vacía. Suspire dejando el celular de lado, con un mensaje de Dario que aún no había abierto.
— Que terrible actitud te cargas.
Levante mi vista hacia Mirta, que no despegaba la vista del monitor.
— ¿Me hablas a mi? — dije frunciendo el ceño.
— Bueno, eres la única de las dos que tiene cara de muerte estos últimos días.
Me recargue sobre mi asiento cruzándome de brazos, que sabía esa señora de mi vida.
— ¿Crees que mirándome de esa manera lograrás algo? — dijo al cabo de unos minutos y esta vez su mirada se clavó en mí — No es así niña, quizá no sea tan mayor pero tengo unos buenos años más que tú y sé que esa cara es porque el galán de ojos preciosos no se ha aparecido aquí.
— Eso no está ni un poco cerca de la verdad.
— ¿Es así? — dijo con una sutil sonrisa — Es el mismo rostro que pone el jefe cuando te desapareces bastante tiempo.
— ¿Alexander? — dije con burla — Alexander no está enamorado de mi.
— Ah…entonces admites estar enamorada.
Abrí mis ojos con sorpresa.
— No, eso no es lo que dije.
— Pero si lo que tu corazón dicta.
— ¡Yo no estoy enamorada de nadie! — dije levantándome, ella sonrió en el momento justo en que una figura apareció en la puerta de la oficina.
Joder, pensé al observar al castaño con ojos afligidos en la puerta.
— Dario…
— Si es un mal momento volveré después.
— No, no es…— suspire mirando a la secretaria que había vuelto a su labor de enfrascarse en su monitor — Sabes qué, vámonos — dije tomando mis cosas, ante la sorpresiva mirada de los dos presentes.
— Pero Maika — comenzó a hablar Dario, lo tomé de la mano antes de girarme una última vez a la señora que me miraba inquisitivamente.
— Si el jefe me busca, dígale que volveré hasta el lunes.
Salí con una sonrisa de la mano de Dario, corrí por los pasillos de las oficinas hasta llegar a mi vehículo, traté de tomar aire pero aun no paraba de sonreír, Dario me miraba como si estuviera loca.
— ¿Ocurrió algo malo?.
Negué aún sosteniendo mi estómago.
— Es solo, jamás me fui de pinta de algún lugar y mucho menos de un trabajo.
— Bueno pero no te pueden correr.
— ¿Por qué soy la hija del jefe? de hecho deberian hacerlo para ponerlo de ejemplo, nadie esta excento.
— Maika no creo que sea buena idea.
Mi sonrisa se borró mientras subía a mi vehículo.
— Deja de ser aburrido Dario, te creía más relajado.
El castaño subió a mi vehículo con una sonrisa.
Mi casa estaba vacía cuando llegamos hace una hora, era demasiado temprano para que Dalton saliera de la primaria, mis padres por otro lado desconocía su paradero, últimamente salían más que de costumbre una parte de mi quería imaginar que estaban retomando de nuevo aquella relación que dejaron cuando Dani falleció. Me dejé caer en el sillón de la sala justo encima de Dario, trate de concentrarme en él, en sus besos con el ruido de la película de fondo.
— ¿Estás segura que no hay nadie en casa? — dijo separándose un poco.
— Bueno…está el personal, pero tranquilo no vendrán.
Me acerqué para besarlo nuevamente, pero él me detuvo alejándose con una mueca en su rostro.
— ¿No es más seguro tu habitación?.
— Ahí no sabré cuando alguien llegue — dije encogiéndome de hombros, la realidad es que no quería llevarlo a mi habitación eso sería aún más íntimo.
Él me miró confundido por lo que aproveché para deshacerme de la blusa, esa acción logró el efecto deseado en Dario que volvió a besarme esta vez colocandose encima mío, cerré los ojos sintiendo sus besos sobre mi cuello, deseaba poder perderme en sus brazos pero mi cerebro insistía en pensar en las palabras de la “encantadora secretaria”. ¿Enamorada? pensé nuevamente, enamorada del jodido beisbolista, no podía ser. Me aferré aún más a los brazos de Dario, hasta que sentí como se detenía, abrí los ojos mirándolo confundida.
— ¿Qué ocurre? — dije al ver cómo su cuerpo se había tensado, pensé que mis padres habían llegado por lo que traté de incorporarme, pero el miraba hacia una de las repisas debajo del televisor.
— ¿Dario? — volví a insistir.
— Esa chica…—dijo alejándose lentamente — ¿La conoces?.
Fruncí el ceño girándome hacia donde señalaba, una foto mía con Dani que habían colocado recién mis padres, resaltaba más que las otras.
— Ella era Dani, mi hermana — dije sin comprender.
— ¿Tu hermana?.
Esta vez el tono de su voz me hizo girar a verlo, su mirada fija en la fotografía, el sudor comenzaba a salir de sus poros, fruncí el ceño alejándose aún más de él.
— ¿La conociste? — Solté de repente, lo que hizo que me mirara con pánico durante una fracción de segundo, antes de que se levantara del sofá.
— ¿Es la madre de Dalton? — dijo al cabo de unos segundos.
Su pregunta tan específica se me hizo extraña.
— Si, ¿la conociste Dario? — volví a preguntar, esta vez temiendo su respuesta.
Pero el castaño guardaba silencio, volviendo a mirar la fotografía eso me hizo sentir algo extraño dentro de mi, me hizo formar miles de preguntas en mi cabeza, porque el destino sería muy cruel si Dario hubiera conocido a mi hermana, pensé en cientos de posibilidades, cuando Dani siempre nos ocultó al padre de Dalton, siempre repetía que había sido su decisión, nunca lo mencionó, nunca dijo su nombre, nunca supimos quien era, solo sabíamos que la había abandonado cuando ella decidió que seguiría con su embarazo, pero, ¿será posible?.
— Dario — volví a repetir esta vez con más cautela — ¿Conociste a Daniela?.