Veía los últimos días de invierno irse para dar paso a la primavera, los pequeños retoños florales surgen a pesar de la nieve. Navidad corría de un lado a otro comiéndose las pequeñas flores para molestia de los jardineros que espantaban al enorme perro, en sus tres meses con nosotros ya había prácticamente llegado a su estatura ideal, por lo que solía ser más difícil controlarlo pero Dalton había aprendido a hacerse responsable de él, aunque ahora que había entrado a clases, Navidad parecía realmente inquieto y el único que sufría las consecuencias era el jardín de mi madre. Me termine el jugo respondiendo el último mensaje de Nikolas, le había deseado un buen día y esperaba vernos pronto, por azares del destino el día que fuimos a la jaula de beisbol resulto ser el ultimo que nos veriamos, él había salido apresuradamente al día siguiente de viaje, su madre había sufrido un aparatoso accidente segun me conto despues y había aprovechado que la temporada aún no iniciaba para quedarse con ella a cuidarla, habían pasado tres meses desde entonces y aunque de vez en cuando solía mandar mensajes, desconozco qué hacía realmente, además la prensa había posteado varias fotografías a lo largo de ese tiempo con la misma chica, supuse que se había convertido en su novia, pero él no mencionaba nada y yo tampoco, procuré llevar una amistad aunque en un inicio me sintiera incómoda, me acostumbre al sentimiento. Por otro lado me alegraba que el alto que le puse a Alexander hubiera funcionado, ya que las únicas veces que ingresaba a su oficina era para me explicara algunos asuntos que no entendía, o bien para la firma de documentos, además se habían ido a su nueva casa quince días después de aquel suceso en la oficina y aunque fuéramos vecinos, nuestro convivio era prácticamente nulo.
— Odio a ese perro.
Me giré hacia mi madre que parecía bastante molesta, se dejó caer haciéndole señas a la empleada para que le sirviera el desayuno.
— Mamá no deberías expresarte así de Navidad, si Dalton te escuchara no te perdonaría.
— A buena hora se le ha ocurrido a tu padre, podría haber traído uno más pequeño.
— Supongo — dije sonriendo al ver a Navidad dejarse caer sobre la poca nieve que aún quedaba en el jardín — Por cierto ¿dónde está papá?.
— Se ha ido temprano, dijo que tenía que resolver algo sobre la temporada que está por comenzar.
— ¿Temporada? — dije frunciendo el ceño.
— Si, ya sabes del jodido equipo que ha comprado.
Levanté la vista de mi teléfono, ¿la temporada de béisbol estaba por comenzar? ¿Por qué Nikolas no había mencionado nada? ¿Será que este año no participará?.
— En la tarde iré yo por Dalton — le dije a mi madre que me miró confundida.
— ¿Tiene entrenamiento?.
— Si, por eso iré.
Mi madre sonrió cómplice pero no dijo nada más, me mordí el labio nerviosamente antes de mandar un texto con la frase “te veo en la tarde”.
Dalton iba platicando lo que había hecho en la escuela ese día mientras íbamos rumbo a su entrenamiento, pero mi mente estaba demasiado lejos de ahi, se que no debería de darle tanta importancia después de todo, solo éramos amigos, él tenía una relación y yo, bueno yo intentaba algo con alguien. Suspire estacionando el vehículo y viendo a la persona con la que había estado saliendo en el último mes, aún no habíamos hecho oficial nada solo eran unas cuantas citas, con unos cuantos besos, me divertía a su lado, era caballeroso, amable, lo que te pudieras imaginar en una pareja, aunque claro, no se sentía suficiente para lograr que mis sentimientos crecieran por él o por lo menos no mientras el rubio rondaba mi cabeza. Dalton corrió junto al grupo de pequeños niños que se alistaban para comenzar su práctica.
— Hola — dije acercándome también a donde estaban todos.
— Preciosa, no sabes como le alegras el día al verte por aquí.
— No digas esas cosas.
Dario me sonrió antes de acercarse y besar mi mejilla.
— ¿Te quedarás al entrenamiento? — dijo tomando lentamente mi cintura.
Asentí acariciando su mejilla.
— Mi padre me ha dicho que la temporada está por comenzar.
— ¡Es verdad! — dijo alegre — El primer partido es en unos días, podremos ir y llevar a Dalton.
— No sé si llevar a Dalton sea lo correcto por ahora — dije alejándome de su agarre, sabía que en cuanto comenzamos a salir los tres juntos mi relación con Dario tendría que cambiar, por ahora me gustaba lo que teníamos, habíamos ido lento y eso me gustaba, además Dalton lo veía como su entrenador y siento que aun no estaba preparado para decirle que teníamos una relación informal.
Dario asintió con una vaga sonrisa, si se molesto no parece demostrarlo, se alejó dando las instrucciones para comenzar el entrenamiento, en cuanto a mi me pase el resto de la tarde sentada sobre las bancas viendo como Dalton cada día se volvía más bueno en el juego. Mi madre y yo habíamos optado por no mencionar nada a mi padre por ahora, Dalton era el primer m*****o de la familia Crowell que practicaba un deporte, estoy segura que a Dani le hubiera gustado ver a su hijo de esta manera, se veía como un niño feliz como siempre debió ser.
Los intensos rayos de sol estaban quemando mi cabeza llevábamos un buen rato desde que había iniciado el partido, el estadio estaba completamente lleno lo cual me había sorprendido, Dario me explicaba cada vez que realizaban una jugada y la gente se emocionaba, ya que claramente mis conocimientos sobre béisbol eran casi nulos. Ese día en la mañana el castaño me había avisado del partido, no se si fueron mis ganas de saber si Nikolas estaría presente pero acepte sin rechistar, ahora me arrepentía, efectivamente había visto al rubio entrar al juego pero él desconocía que me encontraba ahí, mi corazón había dado un vuelco cuando lo vi entrar con su uniforme, riendo y bromeando con sus compañeros, me alegraba saber que estaba bien, pero también me había decepcionado el hecho de que nunca mencionara su regreso a la ciudad, se supone eramos amigos y habíamos estado hablando por texto así que tenía las oportunidades para hablarme, mi mente no deja de pensar en él porque no lo hizo, quizá nunca me ha considerado de verdad su amiga, quizá solo sea amable porque soy la hija del dueño de su equipo. Hice una mueca al pensar en esa posibilidad, mi corazón se entristeció.
— Hey, no tienes buena cara.
La voz de Dario me hizo desviar mi vista del hombre rubio que estaba en segunda base.
— Lo siento, el sol está terrible.
El castaño sonrió quitándose la gorra para colocarla en mi cabeza.
— Ahora estás mejor — dijo colocando un brazo sobre mis hombros, atrayéndome un poco hacia él.
— Gracias, debí hacerte caso y traer un sombrero.
— Para la próxima ya sabes.
Hice una mueca, dudaba que hubiera próxima vez, definitivamente los deportes no eran para mi, no había entendido prácticamente nada, además seguía siendo una perdida de tiempo.
— Quizá — dije sin más, volviendo a clavar mi vista en el rubio que estaba terminando la carrera, los vítores de la gente se escucharon al ver a Nikolas quitarse el casco sonriendo de felicidad.
Minutos después los jugadores se retiraron del campo mientras una voz por los altavoces anunciaba la mitad del partido.
— Pediré algo de beber — escuche a Diario mientras alzaba la mano hacia uno de los chicos que llevaban las bebidas frías en las hieleras.
Escuche la voz del altavoz anunciando el resumen del juego, mientras en las pantallas instaladas en los laterales del estadio pasaban las mejores jugadas de Nikolas, de repente me sorprendió como en la pantalla aparecía Dario comprando bebidas, en ese momento la voz hizo un anuncio.
— …Nos enorgullece tener de nueva cuenta a uno de los mejores jugadores que pudo tener los Blue Jays, Dario Blanchard — el castaño al escuchar su nombre enfoco su vista en las pantallas, sonrió saludando y los vítores de la gente se escucharon — Bienvenido a tu casa Blanchard, siempre apoyando a tu equipo.
Dario alzó la cerveza que traía en la mano, antes de volverse a sentar entregandome mi propia bebida, colocó su mano libre por encima de mi hombro, sentí alivio al ver que la imagen en la pantalla había cambiado y no había captado mi presencia ahí.
— Vaya, aún te recuerdan — dije sonriendo.
— Los Blue fueron mi casa muchos años, hasta que sufrí el accidente — dijo dando un sorbo a la cerveza — Nikolas y yo éramos la mancuerna perfecta, pero bueno puedo ver que él ha logrado superarse.
Asentí, no quería voltear a ver si el rubio nos miraba o no, prefería evitarlo. Pero parece que el mundo no estaba de mi lado ese día, la voz anunció un juego que solían pasar en los medios tiempos de los partidos “Kiss Cam”, entre en pánico al ver la imagen en la pantalla de una pareja dentro del estadio, mi corazón palpitaba a cien, cada vez que la imagen cambiaba, soltaba un suspiro cuando no aparecía en ella.
— ¿Estás bien? — dijo Dario llamando mi atención, me miraba preocupado por lo que traté de forzar una sonrisa.
— Estoy bien — dije, pero en ese momento la pantalla cambió, miré con terror mi propia imagen con Dario a mi lado que también se percató de la situación pero él en cambio sonreía.
— ¿Me besarás? — dijo acercandose a mi, pase saliva viendo esos ojos castaños que esperaban ansiosos, sentía que los segundos eran eternos.
Fije mi vista en la pantalla mi rostro contrariado me regresaba la vista, me giré hacia Dario tomando su mejilla en mi mano antes de acercarme cerrando el espacio entre los dos, no era la primera vez que lo besaba, pero sería la primera vez que lo hacíamos en público. Sabía que él estaría viendo y quizá por eso lo hice, se que no era justo para Dario, pero mi cuerpo actuaba sin pensar en las consecuencias.
Me aleje de él sonriendo, la cámara había dejado de grabarnos para continuar con otras parejas, Dario me acomodó la gorra sonriente. El resto del partido no dijimos nada más solo nos dedicamos a observar, solo una cosa había cambiado después de ese beso y era la forma de jugar de Nikolas Necker, se había vuelto errática y agresiva, en ningún momento el rubio se giró hacia nosotros, pero como bien dije debió haberme visto besar a su amigo a través de la pantalla, pero vamos él puede estar con otra y yo con otros, no nos debemos explicaciones.
Cuando el partido terminó, Dario me insistió en ir a saludar a su viejo equipo, al principio me negué eso significaba que tenía que enfrentar a Nikolas, pero después pensé ¿porque tendría que ocultarme? No hice nada malo. Así que ahora estaba esperando a que el equipo terminara de festejar y hablar con la prensa, estaba dentro de lo que parecía ser la sala de trofeos de los Blue Jays, imágenes que contaban la larga historia, hasta la última foto que era la misma que mi padre me había mostrado aquel día, me hundí en los ojos zafiros de Nikolas, en ese instante recuerdo que pensé que era bastante atractivo, pero jamás creí que conocerlo en realidad me llevaría a esta situación.
— Creí que dijiste que nunca vendrías a un partido.
Me giré hacia la voz con una sonrisa.
— Y tú dijiste que me traerías a uno, para enamorarme.
— Solo que te enamoraste de la persona equivocada.
Suspiré para caminar hacia la salida no quería discutir, pero él fue más rápido tomando mi brazo, atreyendome hacia él, su rostro quedó tan cerca, auquel mar zafiro estaba errático, parecía una tormenta, una tormenta la cual yo deseaba calmar, sin pensar toque su rostro con las yemas de mis dedos.
— ¿Interrumpo?.