. La hermosa vista desde el acantilado, grandes montañas, grandes árboles, la brisa golpea mi rostro, los cálidos rayos del sol al amanecer golpea mi rostro, sonrió. Esto me da tanta paz, me da tanta libertad, abro mis brazos, dejo que la brisa fría y el cálido sol abracen mi cuerpo. – ¿Samantha? –esa voz femenina detrás de mí, volteando la encuentro, vestida de pie a cabeza de n***o, su rostro cubierto por una fina tela, solo su ojo derecho me observa. – ¿Qué? ¿Qué quieres? –A ti Samantha... – ¿¡POR QUE NO ME DEJAS EN PAZ!? –la mujer se encoge de hombros y una risita comienza a entrar por mis oídos. –Por qué te mereces lo peor, Samantha, mereces sufrir, mereces llorar, mereces todo el sufrimiento, no mereces nada bueno, nada que te haga feliz… ¡NADA! –tapo mis oídos, la risa, la b

