Mierda. Mierda. Mierda. ¿Cómo era posible que tantas veces Isabelle repitiera esa palabra en su cabeza? ¿Once? ¿Veinte? No lo sabía. Simplemente había transcurrido medio segundo esperando alguna respuesta de Carlos, pero la palabra se repetía en su mente una y otra vez que ya la cuenta se había perdido, además de que no quería verlo a la cara porque conociéndolo podía venirse cualquier respuesta que la hiriera por parte de Carlos. —Madison lo considero, pero yo no quise ir—Carlos saco el corcho de la botella. Sinceramente la pregunta le había hecho pensar el pasado que había vivido. Era cierto. Madison, quien fue su impulso a no ver la vida como algo que se había jodido, se lo había propuesto a Elías y a él, pero ninguno quiso tomar la idea; el resultado de esto fue algo bastante duro

