Isabelle tenía algo en mente; los besos de Carlos eran lo mejor que pudo haber probado. La manera de hacerlo era tan lenta, su lengua invadir la boca de Isabelle, poder morder sus labios carnosos que tanto le gustaban de ella, para ambos estar juntos se había vuelto una perdición. Quien podría imaginarlo, en menos de medio año ambos sentían una atracción que con nadie más habían encontrado y no solo eso, Carlos había descubierto que el que alguien le gustara no fuera tan malo. Poder sentir sensaciones nuevas, abrir su mundo a el de Isabelle, experimentar lo que era estar con alguien que, hacía sentir cómodo, poder sonreír sin necesidad de forzarse frente a alguien más. Era buen sentirse de esa manera, y solo eso lo lograba a lado de Isabelle. Carlos apretó el cuerpo de la morena, había

