La camioneta se detuvo en la puerta que ya Isabelle conocía. Había podido recordar el interior de la casa, el lugar donde Carlos la había hecho suya; podía conocer la casa por completo, pero de verdad que sus recuerdos volvían a flote y los nervios la consumida en esos momentos. Ambos entraron a la casa, esta estaba igual de sola, ni un ruido se escuchaba, dejando un ambiente tranquilo. —Te extrañe—Carlos la tomo de su pequeña cintura, pero Isabelle de inmediato se soltó. —¿Por qué me trajiste aquí? —Porque quiero hablar contigo, ya te lo había dicho. —Sinceramente no lo parece. Me abrazas, ¿Crees que todo esto que paso se me quitara en un dos por tres de la cabeza? Lo mejor será que me vaya. —¡No! Te lo dijo Isabelle, no dejas esta casa hasta que lo nuestro se arregle— y si lo habí

