Lo dejé solo y me encerré en mi oficina a trabajar un buen rato, me ocupé con el almuerzo y luego salí a buscar a mi hijo para la hora de comer. No hablamos en ningún momento, lavé todo y me encargué de bañar a mi hijo para que durmiera la siesta. Al salir de la habitación, me topé con Goyi, me mostró la pantalla de su teléfono donde se mostraba una llamada entrante de Javier. Le hice un gesto para que saliera al patio y poder escuchar su conversación. —Dime Javier —Dijo Gregorio con fastidio. —Dime tú —Sin dudas, esa era su voz— ¿Qué sucedió con Ana? —Tu idea resultó un fracaso —Goyi me guiñó un ojo— Ana está ahora en el hospital con desgarro anal gracias a tu maravillosa idea. —¡Eres un idiota! —Exclamó furioso— ¿Cómo se te ocurre desgarrarle…? —Se escuchó el sonido de un golpe— ¿

