Diez días luego del sepelio de la señora Ruiz, me ocupé en nuevos asuntos laborales que me mantenían ocupada, pero no impedían que ayudara a mi hijo con sus labores escolares. Cada vez que Josué pedía mi ayuda, mi hijo se frustraba por no poder hablar conmigo directamente y siempre lo escuchaba decir que odiaba a su padre por no dejar que yo lo visitara. Entendía su frustración, me sentía igual que él, pero confiaba que en el tribunal se solucionaría todo de la mejor manera. Lucas me había informado que quien llevaría el caso sería una jueza, un poco dura pero justa. Tendríamos una entrevista con ella antes del primer encuentro en su sala, así que debía viajar a la ciudad natal de mi momentáneo esposo. Cuando llegó el día, la jueza quiso entrevistar primero Fernando. Luego de cuarenta

